Cuando todo va mal

Hay una realidad puñetera y empeñada que siempre vuela sobre nuestras cabezas cuando las cosas van mal. Me explico.

Usted recuerda los años gloriosos del decenio pasado, ¿verdad? De 2000 a 2007, incluso hasta 2008, todo valía; cualquier negocio, vivienda, empresa u oposición salía adelante y digo cualquiera porque daba casi igual que fuera adecuada o inadecuada la iniciativa. España iba bien, no podía salir nada mal. Es cierto, en épocas de bonanza todo suma, casi todo es posible, socialmente todos estamos dispuestos a tirar p’adelante y la sensación es la de que todo vale y cualquier proyecto personal o empresarial es viable. En esos tiempos, que un encofrador ganara 7.000 u 8.000 € al mes se consideraba casi normal; que un electricista venido a más tuviera cuarenta empleados y un Cayenne en el garaje era normal; que un consultor moviera centenares de miles de euros con la administración en proyectos y trabajos de dudosa necesidad, era normal; que a un ninja le dieran un crédito del 115% del valor de la casa para pagar un coche y un buen viaje de vacaciones, entraba dentro de lo admisible. ¿Por qué no? ¿Sería por dinero? Que un inversor comprara en planos un par de viviendas y un mes antes de la entrega las vendiera por el doble del precio nominal de cuando él lo compró, eso era tener ojo, ser listo y saber aprovechar las oportunidades; o que unas tierras para plantar patatas de la noche al día fueran los terrenos de una futura urbanización de chalets y su precio se multiplicara por 50, eso, también era normal.

Ante aquellas circunstancias la gestión política, con ayuntamientos muy bien lubricados con los ingresos directos, indirectos e invisibles de sus gestiones recalificatorias e “IBIcas”, era fácil, regalada, con muchas regalías y prebendas y basada en que como todos somos millonarios, para qué vamos a andar en la miseria, ¿no?

De aquellos tiempos hemos pasado a los que usted conoce y sufre, en donde los que antes disfrutábamos ahora nos quejamos, donde antes trabajábamos holgadamente, ahora nos manifestamos y en donde antes se robaba a manos llenas ahora no hay de dónde sacar ni para el consistorio ni para los inconsistentes. Sucede que ahora que todo va mal, que hasta las buenas noticias económicas se ponen en solfa. Las medidas incorrectas ahondan en el desfiladero pero, lo peor, todas las medidas correctas no consiguen sacarnos del atolladero con la inmediatez que sería deseable y muchos sufren en el intento y otros muchos desesperan ante la no llegada de tiempos mejores.

Cuando todo va mal, todo lo bueno que hagamos parecerá caer en saco roto. No nos engañemos, por favor. Tratemos de persistir, los frutos llegarán. ¿Cuándo? Cuando menos lo esperemos, cuando venzamos la inercia en la que estamos sumidos, cuando la confianza impere en nuestro mercado, antes que la de “los mercados”. La gestión pública será la que sea (quien esto escribe es, seguro, quien menos puede hacer por cambiarla en lo cambiable), pero en la privada, en la que está en nuestras manos, debemos de seguir haciendo bien los deberes, ahorrando lo superfluo, invirtiendo en lo necesario para crecer y para competir, promoviendo la investigación y el desarrollo de nuevos productos (que nos hagan más fácil una vida tan difícil), formándonos y capacitándonos para nuevos retos, para el tiempo que está por venir y que debemos construir entre todos.

Cuando todo va mal, es cuando más excelentes debemos ser en nuestros desempeños los que tenemos la suerte de trabajar, y más creativos y rompedores deben ser los que trabajan por conseguir un buen trabajo. Como decía una vieja canción de Quilapayun: “peleemos por lo que es nuestro, de nadie más ha de ser”. Trabajemos y esforcémonos por tratar de conseguir un mundo mejor que el tenemos, tengamos o no arte y parte en lo que ahora tenemos.

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5 respuestas a “Cuando todo va mal

  1. Me parece un articulo de lo mas acertado y ademas hubiera incluido que las administraciones y los privados no pierdan el norte, para remar bien todos a una
    un placer gracias

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