Los Reyes de la casa

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Hoy es el día después de la noche más especial del año, la más deseada por todos los locos bajitos de esta tierra. Ha transcurrido una noche mágica, soñadora, ilusionante y tan real como la vida misma. Noche de Reyes, noche de sueños, de nervios infantiles (y no tanto), noche iluminada por el deseo de que llegue el día de hoy y abramos los ojos y  los regalos y podamos ver cumplido lo que el sueño soñó.

Para un niño y para los que queremos seguir viendo estos días desde ese prisma infantil, no hay época más dorada que la de los magos del oro, el incienso y la mirra, aunque no sepa para qué vale el primero ni qué son los otros dos. Sabe de la magia, del misterio de unos seres fantásticos que conocen sus mejores deseos y sabe que son generosos, que no les cuesta nada (en todos los sentidos) traer a su casa un pedazo de la ilusión que comparte con el resto de los niños del mundo. Ese niño, los suyos, los míos, esos son los verdaderos reyes de estas Navidades, son los reyes de su casa y de la mía, son los que gobernarán nuestras mejores sonrisas en un día que abre corazones y regalos al mismo tiempo.

Recuerdo una noche, en mi Reinosa natal, que estando ya dormido mi madre me despertó y me dijo que los Reyes estaban en la tienda (en la cafetería del negocio familiar) y que querían darme sus regalos personalmente. Eran los Reyes de la cabalgata campurriana que antes de iniciar su reparto por las casas de todos los niños pararon a tomar un pequeño refrigerio para coger fuerzas, antes de desgastarlas subiendo y bajando paredes y chimeneas. Imagínese usted la sorpresa, el nervio nervioso y la admiración de ese niño que fui recibiendo de sus majestades una bici, un cuaderno para pintar y un tren eléctrico. Aquella noche debí de ser de los pocos niños en esta región que vio a los Reyes y que recibió de sus manos sus deseados regalos. Puede creer que no lo olvidaré nunca.

Lo más mágico de este día es que en las mentes de estos reyes de la casa no hay egoísmo, no hay desmesura, no hay ambición, sus corazones son tan generosos como los regalos que reciben. La magia está en sus inocentes pensamientos, en las sonrisas que alumbran el cumplimiento de sus deseos. Después vendrá lo prosaico de los salones repletos de trozos de papel, de lazos y etiquetas arrancadas y de los restos de unas copas vacías en las que sus majestades bebieron. Siempre he sido un gran favorecido por las noches de Reyes.

En esta época de mi vida me considero afortunado, entre otras cosas, por poder disfrutar de días como el de hoy con mis hijos, sobre todo el pequeño que aún está en edad de merecer… Reyes. Este día todos lo entendemos como el final de unas fiestas que se nos han pasado en poco más que un suspiro y el comienzo de lo más crudo del crudo invierno en el que todos recuperaremos los quehaceres habituales.

Quiero dar las gracias a los Reyes, a los mágicos y a los de nuestras casas, por todas las cosas buenas que nos traen todos los años y por tantas que nos quedan por recibir y le doy las gracias a usted por seguir creyendo que Oriente, además de juguetes (y de fabricarlos), nos regala sonrisas en nuestros corazones, esperanza por todo lo que nos pueda deparar el futuro y ganas por seguir viviendo una vida llena de sorpresas.

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