Clase política o política con clase

clase politica

Según el CIS, tras el desempleo y la situación económica, los políticos son considerados el principal problema de los españoles en estos momentos, con la valoración más baja de los mismos desde que estamos en democracia.

Muchas personas me comentan: ¿cómo es posible que para desempeñar un puesto de funcionario, para aspirar a incorporarse en determinada empresa o para poder circular con un coche se necesite superar un examen, unas pruebas previas, y para ser político no se requiera ningún tipo de condición? Más aún cuando el político llega a gobernar y a decidir los destinos de miles y de millones de personas. No se entiende, la verdad.

En estos días se habla y mucho de la clase política. Es más, se apela a esa expresión por los políticos de orientación contraria a los otros. Se habla de la clase política con cierto desprecio o desdén para designar al que ejerce una actividad clasista, no transparente, poco profesional, o delictiva en algunos casos. Dicen que cada país tiene los políticos que se merece para justificar determinados perfiles o tropelías y, la verdad, preferiría tener una política con clase (con acreditación y validación) que no una clase política.

Considero que la gran mayoría de los políticos son honestos e implicados con su gestión pública, cuando así tienen esa representación. Ahora bien, al igual que un licenciado en derecho no puede ejercer como abogado sin demostrar determinada experiencia acreditada, o que un profesor de matemáticas tiene que tener además conocimientos de pedagogía y didáctica para poder impartir sus clases, también los políticos debieran de superar determinadas pruebas o requisitos para poder ejercer una de las profesiones más relevantes y con más incidencia de las que existen en nuestro país. En este sentido sí que hay buenos y malos políticos, buenos y malos gestores, como los hay en la empresa privada. Y por tanto sería deseable que existiera algún modo de valorar la capacitación, las habilidades y las destrezas de los candidatos a candidatos de gobierno que validaran o no, de algún modo, esa potencial representatividad de lo público.

¿Qué acredita a un político o a un gobernante como tal? ¿De qué modo se puede medir su capacitación para desempeñar su representatividad pública? Y, sobre todo, ¿cómo se puede saber que tiene capacidades sobradas para gestionar los dineros públicos y a las personas que prestan su servicio a los ciudadanos?

Muchos políticos defienden sus ideas y me merecen el mayor de los respetos (el primero y fundamental es porque creo que yo no valdría para ese desempeño ni tengo convicciones tan arraigadas como para defenderlas hasta ese punto). Ahora bien, me encantaría que hubiera algún tipo de prueba o proceso de selección (como el que pasa el candidato a integrarse en una empresa) que no dependiera sólo de sus aptitudes de liderazgo o de convencimiento a los suyos, a los de su partido, sino que fuera independiente de todo color y que valorara el rigor y la capacidad para ejercer el gobierno que puede llegar a obtener. Y si me permite, dado mi extracto del ámbito de la empresa privada, sería excelente que quien vaya a gestionar la mayor empresa que existe en un país, una comunidad autónoma o un ayuntamiento (presidente de gobierno, de comunidad o alcalde) tenga o demuestre una experiencia mínima previa de éxito en la gestión privada, para mí esa sería una política de auténtica clase.

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4 Respuestas a “Clase política o política con clase

  1. Tendríamos que añadir a esta tesis que comparto, algo tan importante como lo expuesto. Listas abiertas, que nadie pueda refugiarse en el grupo, y que brille y luzca por sus méritos o que ocupe el último escalafón, por su deméritos. Sería más justo.

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    • Totalmente de acuerdo Rodolfo. Estamos muy sometidos al poder omnímodo de los partidos políticos que no dejan que entre ningún aire fresco en sus estructuras más básicas para seguir perpetuando privilegios de casta, en muchos casos. Yo también quisiera poder votar a las personas y no a las estructuras; sin duda.

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  2. Totalmente de acuerdo, Antonio. Y en relación a las “aptitudes de liderazgo”, añadir algo que creo te sonará: “Un líder que no es reconocido como líder, no es líder de nadie.” Este es el presente. Mucho jefe, poco líder.

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    • Sin duda, en España tenemos exceso de jefes y déficit de líderes y el líder, como bien dices, es el que tiene que ser reconocido como tal, no es algo que uno pueda pretender o valorar, es algo que depende del juicio y de la percepción de los demás.
      Muchas gracias por tu reflexión, que comparto.

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