Donde tenemos lo negro

dinero negro

Una persona muy querida, hace años, me contaba la anécdota que relataba un médico sobre un paciente suyo, el cual le decía a este médico que le dolía en el pie “donde tenemos lo negro”. Parece que el agua, que todo lo limpia, hacía tiempo que no había pasado por esa parte del cuerpo del dolorido paciente.

Nosotros, hoy, como sociedad, también somos un paciente con el cuerpo fiscal dolorido por todo lo negro que tenemos.

Estos días he reflexionado, como usted, seguro, sobre todo lo que está sucediendo con los famosos papeles de Bárcenas, con el afloramiento de dineros negros de abultada cifra y con la clase política presuntamente enfangada en todo ello. Mi conclusión es que culturalmente, como sociedad, tenemos un grave problema: nuestra reducida y limitada conciencia ciudadana y la repercusión que nuestros actos económicos no aflorados producen en el conjunto de esta misma sociedad. A esta idea aporto un dato: se estima que la economía sumergida (en negro) se calcula que representa entre el 26 y el 30% de la actividad económica total. ¿Qué potente significado tienen estas cifras? Pues que, como mínimo, más del 50% de los ciudadanos de este país incumplen o incumplimos la norma esencial de declarar todas las operaciones económicas que realizamos: una reparación en el hogar, la compra de una casa, la prestación de un servicio, el pago a un profesional, etc., sin hablar de pequeños fraudes en el ámbito laboral, “regalos” por favores debidos y pequeñas apropiaciones indebidas “que no van a ningún lado”. Es posible que haya muchas personas que se rasguen las vestiduras ante estos datos, pero la realidad es la que es y pocos, muy pocos habrá que puedan tirar la primera piedra. Lo que sucede es que desde las épocas del estraperlo de postguerra, pasando por los millones de pisos y casas que se registraban por una parte menor importante de su valor real, y hasta la primera implantación efectiva de la declaración de la renta, en la que el más hábil, el más listo, era el más capaz de eludir su responsabilidad fiscal (de la cual presumía y muchos alababan y admiraban); desde esos tiempos la costumbre, que hace ley, ha permitido y admitido estas prácticas en las que predominaba el enorme beneficio particular frente al “pequeño” perjuicio general.

Y este modo de proceder ¿tiene solución? Sólo existe una y que pasa por la concienciación, por parte de todos, de que si ese 30% de economía aflorara, usted y yo, seguramente, tendríamos que pagar por encima de un 30% menos de los impuestos que ahora pagamos porque no nos queda más remedio, no porque realmente queramos contribuir a las arcas comunes. Para defender este proceder no hay nada peor que las noticias de defraudadores vinculados con los que gobiernan y establecen las leyes por las que tenemos que pagar. Además el hecho de las grandes ineficiencias que hemos padecido en los últimos años (despilfarros en el gobierno central, los autonómicos y los locales) “justifica” el argumento del que esgrime que sus impuestos no sirven para lo que debieran. Creo que estamos en un punto en el que gobernantes, políticos y ciudadanos tenemos que ponernos de acuerdo en que o jugamos todos o rompemos la baraja; en que tenemos que ser todos iguales ante la ley; en que no vale eso de que el que parte y reparte se queda con la mejor parte y que para poder exigir prestaciones públicas de calidad no podemos seguir pidiendo al fontanero, al asesor, al abogado o al albañil que nos haga el trabajo “sin factura” pues, la factura, o viene por un lado o viene por otro, pero siempre viene.

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2 Respuestas a “Donde tenemos lo negro

  1. El problema es que el nivel impositivo de las compras respecto al salario mínimo unido al nivel de paro existente hacen que persista esta economia sumergida. Si rebajamos el número de funcionarios y clase política, reducimos la burocracia y creamos puestos de trabajo que aporten valor añadido a nuestra economia posiblemente esto desaparezca. Mientras tanto es la pescadilla que se muerde la cola, la gente busca supervivencia.

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    • El problema es que la supervivencia de hoy nos puede perjudicar la pervivencia de mañana.
      Hay tantas cosas que afrontar; son tan ingentes la tareas y todas a la vez, la verdad, no creo que sea posible abordarlas.
      Tenemos que trabajar por ello, eso desde luego.

      gracias y buenas noches.

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