Un nuevo día

Un-Nuevo-Dia

Buenos días, querido lector. Imagino que hoy, como todos los días, se habrá levantado y habrá dado comienzo su rutina matutina: aseo, desayuno, leer El Diario, vestirse, revisar las cosas necesarias antes de salir, coger el coche o la puerta de la calle, acudir al trabajo o a buscarlo, ir al banco o al supermercado, a llevar los niños al colegio, acudir a la sesión matinal de gimnasia o a tomar un café con croissant en su cafetería de siempre.

Todas estas acciones las realizamos todos, siendo más o menos variopintos en cuanto a las opciones posibles, pero todos con nuestras rutinas, hábitos y monjes que vamos construyendo cada día asentando con el precedente lo que vamos a hacer mañana. Es cierto que hay aspectos fisiológicos que siempre son iguales, incluso los ritualizamos para que nos cueste menos sobrellevarlos, pero el resto de nuestro nuevo día, ¿qué hacemos para que sea realmente nuevo? ¿Cómo podemos estimular a tantas neuronas inactivas, en paro, para que se pongan las pilas y creemos nuevas rutas, nuevas ideas?

Si cada día es nuevo, fresco y distinto, por definición también tendremos que tratar de alimentarle con novedades, con acciones o pensamientos que nos alejen de la rutina que nos puede llevar al hoyo de la mediocridad o de la inacción. ¿Qué podemos hacer?

¡Hay tantas opciones para dar a un día ese nuevo color! Se me ocurren algunas como estas: iniciar un nuevo libro, saludar de modo diferente a nuestra pareja o a nuestros hijos, sentarnos en un lado distinto de la mesa en el desayuno, comer algo diferente, detenernos en noticias del periódico que solemos pasar por alto, llamar a un familiar o a un amigo para interesarnos por él, tomar un medio de transporte distinto del habitual, hacer una ruta al trabajo diferente, permitirnos el lujo de tener una ocurrencia fuera de lo común, quedar con una persona que hace tiempo que no vemos, invitar a tu pareja a comer, regalarle flores, oír un programa de radio diferente, apuntarse a un curso para aprender algo distinto, interesarse por una actividad en la que nunca habías caído en la cuenta, escribir un poema o una idea que sea de tu agrado… Y tantas y tantas cosas diferentes que nos pueden dar sentido al hecho de estar vivos y ser genuinos.

El trabajo… este es un mundo cargado de hábitos, jerarquías y rutinas, donde lo haya. En el trabajo lo primero que debemos de hacer es tratar de que no sea un trabajo, y en los primeros momentos hacer una tarea distinta de la habitual (hay decenas de opciones): pensar en una idea posible de mejora para nosotros, para un compañero o para la empresa en su conjunto, decirle a alguien importante y valioso que lo es (que casi nunca lo hemos hecho), elaborar una carta o iniciar una máquina de un modo diferente, llamar a un cliente que siempre es él el que nos llama, presentar esa propuesta que siempre quisimos desarrollar, tomar un café con personas distintas, sonreír con más frecuencia si es que somos de natural serios, entrar por la puerta diciendo palabras amables a los que nos rodean todos los días, cambiar los textos que escribimos en el correo electrónico, ensamblar las piezas de una máquina de manera diferente y útil, proponerle a nuestro jefe (con palabras oportunas) poder hacer algún trabajo diferente para el que nos sentimos capacitados, ser proactivos antes que reactivos, y otro sinfín de opciones, de miles de opciones distintas.

Si nace un nuevo día y estamos aquí para disfrutarlo, no lo convirtamos en moribundo y esclavo de sus pasiones rutinarias desde nada más nacer. Que tenga un buen y novedoso día.

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