El mundo por montera

el mundo por montera

Una amiga acaba de irse a vivir a Mozambique. Una persona de mi familia viajará a América en breve. Profesionales de empresas con las que he tenido relación se acaban de instalar en México, en China y en Londres. Sé de personas que han tenido que dejar a su familia en España y marchar ellos (como antiguamente hacían tantos y tantos marinos) a trabajar en lejanos destinos.

Como estos ejemplos directos y conocidos que yo tengo, seguro que usted tiene otros tantos o incluso más de personas que han tenido que ponerse el mundo por montera y buscarse la vida, nunca mejor dicho, allí donde se la puedan ganar.

En los últimos cinco años y según los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística cerca de 500.000 españoles han emigrado fuera de España. En el año 2011 emigraron un total de 927.000 personas de las cuales 120.000 eran españoles. Otro dato significativo es que se estima que entre el 6 y el 10% de la población ha cambiado de residencia en España en este mismo periodo de tiempo. Recientemente me comentaban que sólo en Lima, la capital de Perú, se tiene constancia de que están residiendo más de 70.000 españoles. Esta, sin duda, es una de las consecuencias más duras de la crisis que estamos viviendo, el hecho de tener que desplazarse a cualquier otro destino en donde haya trabajo, en donde haya oportunidades para vivir dignamente.

La realidad es que estamos sufriendo consecuencias muy parecidas a las que se producen en una guerra. Sí, en una guerra. Cuando esta crisis se dé por terminada no andaremos lejos del millón de españoles que habrán tenido que viajar a otros países para poder vivir y subsistir dignamente. Hace casi 80 años, en nuestra guerra incivil esa fue la cifra de personas que fallecieron, casi los mismos que esta incruenta crisis se está llevando a otros lares. Claro, es mucho más preferible lo que ahora nos sucede que lo que entonces nos enfrentó, pero aún así, y salvando las diferencias, las consecuencias son un tanto similares: cuando hay conflictos o carencias los más atrevidos, los que más se exponen, se acaban yendo.

El modelo de sociedad productiva ha cambiado radicalmente, no ha sido de la noche a la mañana (en julio se cumplirán seis años desde el inicio de la debacle con las hipotecas basura de EEUU), pero para muchas personas acostumbradas en los últimos veinte o veinticinco años a un modelo productivo basado en un uso intensivo de mano de obra (construcción, determinados servicios, comercio, etc.) hemos pasado, estamos pasando, a otro en el que el valor se mide por otro tipo de destrezas que requieren más conocimiento y menos fuerza.

La sociedad cambia, el mundo se mueve constantemente (aunque no sepamos, en ocasiones, muy bien hacia dónde). Debemos ganarnos la vida donde buenamente podamos; el problema puede surgir cuando tantos “españoles por el mundo” nos presentan vidas idílicas, en islas paradisíacas, en destinos maravillosos, con sueldos astronómicos y casas estupendas y, no, no todos son así, no todos han tenido la misma fortuna. Los que vemos en la pantalla del televisor no son todos los que allí están; salen a la palestra los más favorecidos, que son, en definitiva, los que menos les importa que se vea su estilo de vida allende los mares.

Al final el problema mayor es la descapitalización humana que se está llevando, como siempre suele suceder, a los mejores, a los más valientes. Esperemos que vuelvan y sean ellos los que nos enriquezcan a nosotros.

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