La verdad

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Vivimos un mundo poblado de muchas (demasiadas) personas que manipulan ideas y realidades: desde un medio de comunicación, desde el estrado de la política o del juzgado, desde una red social que nunca presenta la cara oculta de la luna de cada cual, desde la barra de un bar, en la mesa del despacho del jefe o de nuestro socio. Un mundo en el que la corrupción, el cohecho, el engaño intencionado, el disimulo, lo políticamente correcto, el fraude (fiscal y humano), los mitos deportivos dopados y las falsas declaraciones, juradas o no, hacen que una buena parte de nuestra sociedad sea cada vez más desconfiada, recelosa y descreída de todo y de todos. Esto no es bueno ni conveniente ni para las personas ni para el conjunto de la sociedad.

Nacemos inmaculados, con las verdades por delante, y con la única expectativa de que todos, sin excepción, nos mancharemos más o menos a lo largo de nuestras vidas. La santidad sólo está reservada a los santos; el común de los mortales manchamos y hasta embarramos nuestra existencia con hitos poco ejemplarizantes o vergonzantes. Los superamos cuando los hemos vivido, y tratamos de que el resto de nuestra existencia sea todo lo auténtica que las condiciones de vida y el entorno nos permitan. Todos nacemos con un número de DNI y con el pecado original; el resto de los pecados son voluntarios y la mentira encubre todos los que no somos capaces de soportar como nuestros.

Paul Ekman, científico e investigador de la mentira, nos dice que estadísticamente el ser humano miente unas 17 veces al día. Personalmente creo que dentro de esta cantidad hay mentirijillas, mentiras piadosas, mentiras, grandes mentiras y mentiras industriales, incluso aquellas que son tan convincentes que se exportan. También hay mentiras que se dicen para tratar de encontrar verdades.

La VERDAD hoy es más necesaria que nunca. La mentira nos debilita, la verdad nos hace fuertes, pero ¿qué es la verdad? ¿Mi verdad? ¿Tu verdad? ¿Las verdades empañadas, las medias verdades cubiertas de lienzos de verosimilitud? Considero que la VERDAD es la realidad que ha acontecido, desprovista de emociones, de intenciones o de visiones particulares. Esa VERDAD es el hecho que un juez, desprovisto de expectativas y de condicionamientos, busca en cada averiguación, en cada indicio o asomo de verdad. En política, con un amigo, con tu pareja, tu hijo, tu socio o tu compañero de trabajo, cuando se miente intencionadamente se trata de manipular la realidad, de falsearla en beneficio propio. El beneficio que se va a conseguir o la pérdida que se va a evitar dan lo mismo; lo que se pretende es huir de una realidad que, aún siendo perjudicial para quien recibe la mentira, salva el escollo del mentiroso.

No es cuestión de ir por la vida con la verdad por delante cuando se agrede verbalmente a otro con la expresión: ¿te puedo ser sincero?, ni para decir verdades que o a nadie interesan o ya no es el momento de ponerlas en boca. La verdad, la verdadera VERDAD es la que se dice a la primera con la única intención de no engañar, de no generar falsas expectativas a quien se las pueda crear y de afrontar la realidad tal cual ha sido, sin ambages, sin embustes que perjudiquen a quien presta oído.

 

Una madre puede llegar a mentir por un hijo, hasta la justicia lo admite; uno puede mentir para no herir gratuitamente, piadosamente. Pero cuando la VERDAD debe esclarecer, debe hacer asumir responsabilidades y debe servir para que otro u otros sepan a qué atenerse, la mentira es cobarde, agrede y altera nuestra realidad torticeramente. 

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