La Iglesia no es de ricos

La Iglesia no es de ricos

Habemus Iglesia, al menos eso parece querer decirnos el flamante Papa Francisco cuando nos dice que quiere una Iglesia de los pobres. Entiendo que su mensaje es que no quiere una Iglesia elitista, alejada de la realidad del mundo, una Iglesia de ricos. Entendiendo que ser rico no es algo deleznable, sino que la Iglesia como casa común de todos tiene que ser lugar de acogimiento para la gran mayoría, la gran mayoría de personas normales, sin privilegios, sin bulas y con pocas gulas que llevarse a la boca.

En el convencimiento de que hablo con la voz de muchos, creo poder decir que a la Iglesia le hace falta una nueva versión 2.0 que cambie no sólo la imagen, eso es lo de menos, sino el fondo de la esencia con que fue creada. No pretendo, ni mucho menos, entrar en la discusión de los dogmas (no soy quien para ello) pero sí creo que hay muchas situaciones que se deben cambiar y que debe haber un mayor acercamiento a la realidad de la sociedad. La Iglesia debe ser un abanderado, el líder que ilumine el camino, el sendero de gloria de los demás ciudadanos, mortales por necesidad. No puede ser el furgón de cola que se ajuste siempre a la realidad a la fuerza, por la mala imagen de sus marginales miembros o por mensajes que sólo sirven a una minoría. La Iglesia debe ser casa común para todos y debe cautivar las devociones de quienes piensen o pensemos que el mundo debe contener algo más que materia o ambición de poder.

El Papa Francisco, nada más verlo me transmitió inteligencia, sencillez (desnudez de intenciones distintas de las de su cometido y representación), cercanía, pero sobre todo, humildad, dirigiéndose a los fieles sin la superioridad de quien reza por otros, sino pidiéndoles que rezaran por él. Grande, me parece un ser humano que puede llegar a hacer algo divino, la verdad. Su mirada es limpia, tiene el carisma de quien es cercano sin pretenderlo, sus gestos no son acomodaticios, son los que son; es consciente de que ha asumido el compromiso de prestar un servicio. Creo que tiene la sensación de que acaba de empezar, no la de quien ha llegado ya a lo más alto. Es una persona humilde y predica con el ejemplo y el mejor ejemplo es que quienes le han elegido lo han hecho por todo lo que este hombre puede representar en pro de la Iglesia, no de su Iglesia.

El nuevo Papa, viniendo de la tierra de la plata, rechaza el oro, el boato y sus primeras medidas y palabras van en esta dirección. Confío que le permitan hacer todo lo que en mente parece querer hacer. Me da la sensación de que vamos a ver una Iglesia distinta, venida de sus manos, una Iglesia más transparente, más cercana a la realidad de las necesidades terrenas y divinas de sus fieles. Una Iglesia que comunique renovación, nuevos tiempos, menos doctrina y entendimiento con todos, confiesen o no con ella;  creo que somos muchos los que esperamos algo así.

Otro de los rasgos que mejor definen la naturaleza humana de Francisco es el sentido del humor del que hace gala; es una persona cercana que puede acercar mucho más la Iglesia a nuestro mundo de cada día, con nuestro pan y nuestras carencias. Ojalá este Papa sea capaz de librarnos del mal que nos aqueja: el descreimiento, no tanto el divino, sino sobre todo el humano. Que Dios le bendiga, sin duda.

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