Efecto autocinético

efecto autocinético

En psicología, derivado de un efecto plenamente físico (la percepción de movimiento de una luz estacionaria en un cuarto oscuro), se habla del efecto autocinético como la influencia que “la mayoría” puede tener sobre las opiniones o los criterios individuales. De acuerdo con este efecto a una persona se le pide que identifique la posición de la luz en un espacio y así procede, pero cuando lo hace junto a otras personas la opinión predominante de uno de los otros asistentes condiciona la creencia de la posición de la luz, sin que esta haya cambiado. Es más, cuando de nuevo en soledad al observador se le vuelve a preguntar por la posición de la luz, la que asigna es la que se decidió en conjunto y bajo la “manipulación” de la percepción de otra u otras personas.

Y usted se preguntará a qué cuento viene todo esto. Me he acordado de ello cuando veo las manipulaciones a las que determinados colectivos nos intentan someter o nos acaban sometiendo, quién sabe. En un campo de fútbol podemos llegar a ver penalti, gol, falta grave, tarjeta roja o arbitraje interesado en función de lo que la mayoría a la que nos sumamos nos hace ver. Pero esto que sucede en un campo de fútbol y que suele ser inocuo, también sucede en el ámbito de la política, de la economía, de la religión o de la justicia. El ser humano necesita sentirse integrado en un grupo y el grupo condiciona la visión de la vida y de las cosas de cada uno de los individuos. Pero siempre, siempre, detrás de la intencionalidad de ese grupo, hay una o varias mentes que, con toda intencionalidad, pretenden que la visión del grupo sea la que a ellos más les interesa. Este colectivismo siempre fue muy valioso para todos los grandes manipuladores de la historia (son tantos que no hay lugar para citarlos a todos).

El efecto autocinético hoy está presente en los campos de fútbol, en las visiones parciales de la realidad de una Comunidad Autónoma sobre otra, está en la base del nacionalismo, en cualquier tipo de secta, en determinados colectivos profesionales, en el sindicalismo y en cualquier visión reduccionista de la realidad en base al foco con el que se pretende que se mire esa realidad que es la que es y no otra. Está en las guerras para determinar la maldad del enemigo y la bondad de los que luchamos contra él; está en la base del sentimiento tribal de grupo, antropológicamente asentado desde que el hombre es hombre y vive en sociedad.

Los nacionalismos, en cualquier versión, lo único que tienen que hacer ver es que sus pertenecientes son mejores que otros si ya son independientes, o que están desfavorecidos y perjudicados si es que aún dependen de una supranación. Esto con nuestros nacionalismos en España no morirá nunca. Es más, si determinados territorios del actual Estado se desgajan, intentarán hacerlo con el mayor beneficio económico posible y si, como consecuencia de su escisión, se vieran perjudicados o no supieran gestionar su independencia ya se encargarían de echarnos la culpa a los demás de sus males hasta que fueran capaces de reconducirlo. Durante ese tiempo serían nuestros más acérrimos enemigos, con razón o sin ella, eso es lo de menos.

Lo más triste de todo es que, siglo XXI o XXV, seguiremos, seguirán, siendo manipulados muchos seres humanos necesitados del grupo, del colectivo para sentirse reconocidos y tribalmente admitidos. Este es el gran poder que tienen los “gurús” de cualquier tendencia que con el teórico beneficio de la mayoría, benefician a la minoría de sus propias individualidades.    lamadriddiario@gmail.com

 

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