Criticar

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Qué fácil es criticar, ¿verdad? Juzgar el comportamiento de los demás desde una posición, las más de las veces subjetiva, y sobre todo desconociendo toda la policromía de lo que se está juzgando. Decía mi madre que tiene que ser uno muy guapo para poder llamar feo a otro y la verdad es que todos, quien más quien menos, tenemos nuestras fealdades. Pero lo de la paja en el ojo ajeno al tiempo que la viga en el propio es un mal que nos empobrece como sociedad y como personas.

Uno de los mejores indicativos para conocer la personalidad de alguien es el juicio que esa persona hace de los demás; tal y como juzga a otros se suele juzgar a sí mismo y además el modo en que lo hace dice todo sobre sus intenciones, que cuando se trata de criticar, siempre son aviesas y con toda intencionalidad para conseguir un objetivo, el que sea.

Mi modo de proceder y que considero acertado si quiero opinar sobre un modo de actuar no adecuado de alguien, es siempre hacerlo de modo directo a esa persona y sin nadie más a mi alrededor. Considero, además, que criticar y juzgar por detrás es de cobardes pues quien así procede está juzgando actitudes, expresiones o comportamientos de alguien que no tiene la oportunidad de defenderse; es como el asesino que se hace valer de un sicario para ejecutar a otro; es la cobardía en estado puro.

Lo más pernicioso de la crítica es cuando se lleva a cabo por personas de supuesto reconocimiento y valor, con el dardo en la palabra, ambos envenenados, y en donde, aunque se llegara a demostrar que el hecho criticado no merecía ser tal, siempre, siempre quedará un velo de tenue duda y credibilidad. Y tengamos cuidado: la crítica, la más sutil puede y suele ser la más dañina, la que hace daño y vitupera sin parecer siquiera que lo pretende. Entre los que la ejercen suele haber quienes critican desde la supuesta superioridad del púlpito de su posición privilegiada, escondiendo siempre sus vulnerabilidades poniendo en evidencia las supuestas de los demás. Más aún, en muchos casos, suelen exigir comportamientos de valentía, honestidad o ejemplificadores que ellos nunca llegaron a tener.

Según la Academia de la Lengua criticar es “censurar, notar, vituperar las acciones o conducta de alguien”. Lo divertido del caso es que quien critica se siente que está por encima del bien y del mal y que su juicio es cierto e infalible de modo que el comportamiento juzgado es, a sus “luces”, evidente y digno de sus “certeras” palabras.

Hay otro tipo de crítica que es absolutamente repulsiva y es la que pretende conseguir réditos de la posición de quien critica frente a la persona criticada: “Soy yo mejor y más valioso que la persona a la que estoy juzgando” con la intención de que quien escuche su crítica le coloque en situación ventajosa con respecto al criticado. Por cobardía, intrusismo y ventajismo creo que es uno de los peores comportamientos del reino animal de dos patas.

La mayor grandeza, la que denota genio e inteligencia, se corresponde con quienes tienen la capacidad de reconocer y manifestar lo bien hecho por parte de otros; es una grandeza porque sabe reconocer lo valioso de los demás sin sentir que eso empequeñece o hace de menos. Y es un acto inteligente porque potencia a su alrededor todo lo positivo, estimulando que así lo siga siendo; es más, es un acto verdaderamente elegante y que distingue a quien lo practica.

Al final, me declaro crítico transparente con todos los que con nocturnidad y opacidad proceden en contra de los demás. Mala calaña.

 

lamadriddiario@gmail.com

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2 Respuestas a “Criticar

  1. Bastante de acuerdo Antonio,

    Hay un problema inherente a la crítica y es el ego. Cuando somos capaces de transcender a este, somos libres de nuestras miserias, que dependiendo del momento, en algún o todo grado, sucumbimos a él, ya que nada es más ambiguo que nuestra verdad, encaminada por el subjetivismo que nos hace creernos, más veces que menos, en posesión de ella.

    Cuanto más pequeño es el redil, mas envidiosa es la atmosfera. “- No es posible que fulanito haga esto mejor que yo, que consiguiera tal mérito o llegara donde ha llegado…” Pocos son profetas en su tierra y allí donde el ego no se vea acosado por el igual, ahí triunfará.

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  2. Ni más ni menos, Alfonso. La envidia es una percepción de inferioridad frente al contrario y ante ello el ego se ve afectado y sólo se satisface cuando, momentáneamente, estás por encima de la persona admirada y que te recuerda tus miserias.
    Somos humanos, bastante imperfectos.

    Muchas gracias por tu aportación.

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