Europa bien vale un voto

Europa

Hace pocos años leía, en un estudio de FUNCAS (Fundación de las Cajas de Ahorro Españolas), que el 48% de los españoles nunca habían viajado fuera de España. (Papeles de Economía Española, nº 128, julio de 2011). ¿Parece sorprendente? Quizá este dato esté en la base de lo lejos que nos parece que está Europa, Bruselas. Todo lo que sucede en las instituciones europeas lo vemos como algo poco relevante en nuestras vidas y que nos toca muy de lejos; parece que nos afecta en poco o en nada. Ahora bien, como ciudadanos que somos, dependemos en buena medida de las decisiones que los diferentes organismos públicos tomen en materia de sanidad, justicia, impuestos, economía y todos los derechos que afectan a las personas físicas o jurídicas (empresas).

Pues bien, en el orden de influencia y determinación de esas decisiones es mucho mayor la que ejercen las instituciones de la Unión Europea que la que marcan nuestros ayuntamientos o Gobiernos regionales. En este caso lo más importante no son las distancias cortas.

Apelando a esa misma ciudadanía y al valor que tenemos cada uno de nosotros como individuos que formamos determinados colectivos, yo le invito a que, de acuerdo con sus creencias, ideología o al estilo de vida que quiere defender y en el que cree, a que vea la relevancia y la importancia de su voto, del mío, de los de todos para las próximas elecciones. Le invito a que se imagine como parte de esa Europa, aunque solamente sea por la paz que hemos conseguido y de la que carecimos durante cientos de años. Seamos conscientes de que nuestro voto (como grano de arena que hace playa) influirá en todo el marco legislativo que afecta, sin darnos cuenta, al día a día de nuestras vidas.

Desde cualquier opción política democrática que usted o yo tengamos, todos queremos que la sociedad cambie, evolucione, avance y que lo haga bajo nuestros principios, creencias o pareceres. Este es el momento.

Imagine que el 25 de mayo es la primera vez que puede votar en libertad, después de “cien años de soledad” dictatorial; imagine que de ese voto, sumado con muchos otros, va a depender el estilo de vida de los próximos años o décadas; imagine que de lo que ahí resulte decida el futuro de sus hijos o de sus nietos. Bajo esas circunstancias ¿iría a votar? ¿Consideraría importante su participación y sumarse a una decisión colectiva?

Es en lo que creo. Si no tenemos cultura democrática, si no somos conscientes del peso de nuestra individualidad en el colectivo, no podremos luego quejarnos de que las decisiones de los políticos van en contra de nuestros intereses ¿Hicimos algo, en su momento, para que así no fuera? No podemos exigir resultados de aquello en lo que no hemos sido partícipes; si en su comunidad de propietarios usted decide no votar tendrá que asumir lo que otros han decidido por usted. Del mismo modo, nuestra Europa se construye con los votos de cada persona, de cada ciudadano que a ella pertenecemos. Si será importante Europa, que para todos los nacionalismos que pretenden escindirse de alguno de los países miembros (todos conocemos alguno) lo único que les interesa es que, de conseguir la independencia, deben poder seguir perteneciendo a la Unión Europea. Son conscientes de lo importante que es la pertenencia a Europa. (Otro tema es la propaganda o las ruedas de molino con las que nos quieran hacer comulgar).

El próximo domingo votaré como si fuera la primera vez; votaré como si fuera ciudadano de Kiev.

 

lamadriddiario@gmail.com

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