Asertividad

asertividad

No es extraño que haya tanto comportamiento tan poco asertivo en nuestra sociedad si ya en el propio Diccionario de la Real Academia no aparece este término: asertividad. Tenemos que irnos a la Wikipedia para encontrar una definición adecuada a su significado: “Comportamiento comunicacional en el cual la persona no agrede ni se somete a la voluntad de otras personas, sino que manifiesta sus convicciones y defiende sus derechos”. La asertividad está a medio camino entre dos actitudes contrapuestas, la agresividad y la pasividad.

Conozco a una excelente persona a la que le cuesta aplicar esta noción de asertividad. Es consciente de ello y sabe que limita, en cierto sentido, su relación con los demás. A esta persona le cuesta mucho negar las pretensiones, discordes con ella misma, que hacen otras personas. Bajo esa circunstancia y dependiendo de su estado de ánimo, acepta con sumisión determinados planteamientos en unos momentos, y se rebela con agresividad verbal en otros cuando siente que ha sido vituperada. Al final le cuesta tremendamente tomar ese punto intermedio en el que poder manifestar lo que uno no admite sin agredir la posición del contrario, tan sólo rechazando lo que considera que no merece.

La cuestión que quisiera acercar aquí no es otra que la necesidad que tenemos hoy en día de aprender a comportarnos todo lo asertivamente que seamos capaces. Hay varios factores que limitan este comportamiento hoy en día: la falta de relación personal con otros (nos telecomunicamos demasiado, a distancia), las prisas que nos hacen perder la paciencia y rechazar lo que nos proponen con cierta agresividad y, sobre todo, el que cuando juzgamos o damos nuestro parecer sobre algo lo hacemos más bien sobre alguien. Emitimos juicios de valor sobre las personas y no sobre las acciones o tareas que debiéramos valorar; no juzgamos los actos sino a los “culpables” de los mismos y por tanto nos sentimos agredidos. Dependiendo del momento en que nos encuentren atacaremos activamente o nos defenderemos pasivamente, pero siempre con confrontación.

La esencia de la asertividad es el máximo respeto por el otro, poder decir lo que uno quiere decir en cualquier momento y circunstancia pero bien dicho, sin agredir al otro, sin juzgar a las personas. Sólo valorando las situaciones. Las cosas, los objetos, éstos no se ofenden ni se sienten agredidos, y quien se responsabiliza de ellos tiene la libertad de actuar cambiando lo que no ha sido del agrado de los demás, pero sin sentirse ofendido.

Pero lamentablemente estamos “maleducados” para ser leones agresivos unos, y tímidas liebrecillas otros. Desde la familia (insultos, gritos, descalificaciones “mira que eres tonto”, “eres malo”, etc.) pasando por el colegio (con la mala educación de valorar el resultado y no el esfuerzo), la religión (que nos culpabiliza desde el momento del original pecado), la política (con perros ladradores y mordedores siempre enfrentados, siempre aguerridos y agresivos), hasta la empresa (“quién ha hecho esto”, “quién es el culpable”), todos los ejemplos que nos impactan día tras día generan que nuestros resortes agresivos o pasivos se refuercen sin que veamos nunca el fiel de la balanza en su equilibrio necesario.

Padres, educadores, jefes (preferiría decir líderes), políticos y personas influyentes de toda índole, tratemos de ser asertivos, digamos lo que consideremos que debemos manifestar pero sin herir a nadie. La realidad es que cuando no ejercemos la asertividad estamos sembrando los truenos de la próxima tormenta que, de un modo u otro, algún día podrá llegar a salpicarnos. Al final el “no juzguéis y no seréis juzgados” se refería a las personas. Los problemas, los proyectos, las cosas, los resultados, podemos y debemos valorarlos en la medida en la que sea nuestra responsabilidad la de nuestro hijo, empresa, empleado, votante o feligrés.

Dicho lo dicho, espero no haberle ofendido. Gracias. 

lamadriddiario@gmail.com

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2 Respuestas a “Asertividad

  1. Defender nuestras convicciones educadamente. ¡Cuánto nos queda por recorrer! Empecemos por aplicarlo en nosotros mismos y servirá de valor añadido a la educación hacia nosotros y nuestros hijos. Practiquemos durante al menos un día ser asertivos y después analicemos la respuesta obtenida de los demás. Es posible que nos sorprendamos de lo positiva que puede ser.
    Gracias Antonio por estos artículos que nos piden asertivamente que meditemos.
    Rosario Camacho

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    • Muchas gracias Rosario. Es todo un arte el saber decir lo que se debe decir sin que nadie se sienta ofendido y sin perder nuestro criterio o la defensa de lo que es valioso o en lo que creemos…

      Gracias por tu comentario. Nos vemos.

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