Don Emilio

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Frente al impulso de escribir con rapidez sobre la persona de Don Emilio Botín, he querido esperar un tiempo para dejar posar todo lo que ha sucedido desde su ausencia.

Este humilde “opinador” no se cansa ni se cansará de agradecer y engrandecer lo que este hombre hizo por esta nuestra Comunidad y en particular por la ciudad de Santander. Entre otras consideraciones, es un orgullo viajar por muchas partes del mundo y ver el nombre de tu ciudad escrito en calles lejanas que hacen que tu tierra siga siendo cercana.

Con todo mi respeto y admiración creo que Don Emilio, y en este orden, fue un hombre trabajador, inteligente, listo, disciplinado y, en conjunto, muy, muy atento a todo lo que sucedía a su alrededor. Muy sensible al cambio social que se experimentaba en cada momento y de ahí los productos que le permitieron liderar el mercado bancario (el libretón, las hipotecas, el cero comisión, etc.) Pero por encima de todo y con independencia de la capitalización bursátil del Banco, que ha crecido exponencialmente en los últimos años, siempre sintió el Banco como suyo. En este sentido no olvido cuando en 1986, nada más tomar la Presidencia del Banco de Santander, el que era Presidente de Galletas Cuétara, Juan Gómez-Cuétara, me dijo: “es el banco más pequeño de los “siete grandes” pero llegará a ser el mayor, porque su dueño es doliente”. Le pedí a Juan, en su momento, que me explicara el significado de la palabra doliente y me dijo: “que es gestor y dueño y va a mirar por su negocio más que los demás”. (También Juan Gómez-Cuétara supo ser un adelantado en su tiempo y, afortunadamente, lo sigue siendo).

A Don Emilio, aparte de verle en dos o tres ocasiones por la ciudad, tuve la suerte de conocerle más de cerca, el pasado año, en un acto de la Fundación Botín. Me impresionó sobremanera el poder que rebosaba en su imagen, la seguridad, la firmeza, el control de todo en todo momento y su inquebrantable trabajo por ser la imagen de su Banco, con el rojo apasionado por bandera.

En estos días que han transcurrido desde su fallecimiento, muchas personas me han manifestado la pena por su ausencia y lo sorprendente que ha sido para todos, pues no disminuyó un ápice su frenética actividad. He oído muchas palabras de agradecimiento hacia su persona, pero también en las redes sociales y en los móviles se han dejado ver señales, de envidia o de ignorancia, hacia su persona; señales de humor negro o mejor dicho, quemado. Por ignorancia me refiero a quien no es capaz de entender que un empresario lo es para ganar dinero, como lo han hecho sus acciones, pero también es un generador de riqueza, incluso de acción social, con los cerca de doscientos mil puestos de trabajo que deja repartidos por todo el mundo. Un empresario tiene que ser generoso con su empresa, para que siga generando riqueza. 

Lo que más lamento de todo es que Don Emilio no pudiera disfrutar del regalo que nos va a dejar a todos en forma de Centro Botín, por los siglos de los siglos.

Esa llama eterna del logo del Santander ahora pasa a manos de su hija, Ana Patricia Botín, rejuveneciendo el Banco, pero estoy convencido de que sin perder un ápice del sentido que su padre supo transmitirle e inculcarle: trabajo, trabajo y trabajo. Tendrá el éxito que todos esperamos de ella; seguro.

Don Emilio, descanse en paz, en la paz y el progreso que ha dejado en nuestra tierra.

lamadriddiario@gmail.com

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