Los mediadores

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Hay un colectivo que tiene mucho valor en nuestra sociedad y que creo está muy poco reconocido. Es el de todas aquellas personas que median, que intervienen para conseguir que partes supuestamente enfrentadas o no alineadas puedan llegar a un acuerdo, a un fin común. En el fondo se trata de resolver un conflicto: de intereses, de visiones, de lastres personales, emocionales, empresariales o de cualquier otro tipo. Conflictos que si llega el agua al río judicial, siempre van a acabar haciendo sangre y perjudicándose todas las partes.

La mediación que más se nos viene a la cabeza es la judicial: la de abogados, procuradores, gestores de patrimonios, notarios incluso. Todos aquellos que, de buena fe, quieren el fin del conflicto (cosa que no siempre es así, lamentablemente). El mediador siempre debe ser imparcial, de otro modo se convierte en juez y parte. Desde el punto de vista judicial la mediación es toda una actividad profesional que lo que trata es de evitar que se tenga que llegar a juicio, con los costes y costas que ello comporta.

Hay otro colectivo, bien importante, y es el de los administradores de fincas. ¿Mediadores? Sí, pues además de su labor de administrar para otros, tienen una labor, no reconocida, de tener que mediar en los conflictos, eternos conflictos, que se viven en una comunidad de propietarios. Hay un conjunto de comportamientos asociados a los propietarios de una comunidad que se repiten en todo tiempo y lugar y todos actuamos en algún momento de alguno de estos modos. El catálogo conflictivo, en el que debo suprimir determinadas palabras poco edificantes, se podría ordenar del siguiente modo: perfeccionistas, pejigueros, tacaños, “yo tengo siempre la razón”, continuistas, dañinos, presidencialistas, “te pillo por la palabra”, “tiquismiquis”, ahorradores compulsivos, tradicionalistas, incongruentes, mentirosos, “especiales”, protestones, siempre en la oposición, amigos de lo ajeno y manipuladores de opinión, entre otros muchos. El administrador tiene que torear todo este ramillete de comportamientos y prejuicios intentando que el conjunto avance y no se quede estancado ante oportunidades (ayudas y subvenciones) o ante requerimientos de cumplimiento legal. Tiene que ser capaz de sumar sus conocimientos en la materia a las grandes ignorancias comunitarias revestidas de “expertise”. Esta profesión tiene un coste, como cualquier otra, y a veces importante; pero lo que no se suele reconocer es su acción de mediación, que no va en el cargo. Mediación que, además, siempre se pretende manipular para que esté más cerca de mi criterio que del de mi vecino.

¿Qué entiendo yo por mediación? Un acto mediante el cual el mediador arbitra o propone soluciones y alternativas para que quienes están en conflicto puedan llegar a algún tipo de acuerdo que deje satisfechos, en mayor o menor medida, a todos. Bajo esa condición de árbitro, quien media no puede implicarse con ninguna de las partes en litigio. Su objetividad debe estar por encima del bien y el mal que él sea capaz de percibir. El mediador debe ser capaz de ver un horizonte, un objetivo final de logro, un paraíso en donde puedan convivir los opuestos. Es una tarea muy complicada pues los orgullos, la historia confundida que precede al conflicto, las medias verdades, las verdades ignoradas, las vanidades y las emociones dañadas suelen hacer mella en el camino hacia el acuerdo y la chispa más pequeña puede hacer estallar el polvorín en el momento menos pensado.

A todos los que median, los que mediáis en cualquier ámbito, mi reconocimiento pues el acto humano más difícil es el de reconocer que en el medio está la virtud.

lamadriddiario@gmail.com

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4 Respuestas a “Los mediadores

  1. Ciertamente es una actividad aún poco reconocida, y que sin embargo hace mucho bien a la sociedad. Elimina por un lado lo que sería un atasco judicial por absurdas contiendas que se originan por un quítame allá estos polvos.. que al final se convierten en lodos. Y sobre todo, bien llevado permite convertir una resolución óptima y win2win para todos, lo que podría convertirse en una sangría en salud física, mental y económica, donde solo suelen ganar los profesionales del laberinto legal.. Buen Domingo!

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