Cerebro de obra

cerebro de obra

Marx pensaba que las máquinas iban en contra del trabajo, de la mano de obra e imaginaba un mundo en el que esas máquinas estaban “robando” la plusvalía (la generación de valor) al ser humano trabajador. Y muy equivocado no estaba, salvo en que quien iba a aportar valor a esas máquinas eran otro tipo de trabajadores, con otras cualificaciones, conocimientos y saberes. Su mayor error fue pensar siempre en mano de obra y no en cerebro de obra, que es lo que nuestro siglo va a reconocer como generador de plusvalías. También se confundió en pensar que las máquinas sólo eran las que eran movidas por vapor, fuel o energía eléctrica, cuando las máquinas hoy se mueven con ceros y unos y en breve, con la informática cuántica, con todos los números que existan entre un cero y un uno.

El otro error importante del padre del Socialismo fue no darse cuenta de que para que una máquina actual funcione hacen falta muchas manos pensantes detrás de ella y esas manos, esas cabezas han de moldearse con conocimientos, habilidades y competencias para las que se necesita tiempo, esfuerzo, capacitación e inversión. “El Capital” de Marx hoy se habría llamado “El Capital Humano”, que es el que realmente genera la plusvalía que nos hace más ricos por más capaces. Los países ricos, hoy y siempre, son los que cuentan con los mayores recursos humanos, con independencia de los recursos naturales con los que cuenten (Japón, Corea del Sur, Holanda…)

Que nadie se equivoque, tras esta “segunda gran crisis” el mundo ya ha cambiado. Lo hemos cambiado nosotros y todo lo que pueda hacer una máquina mecánica, será ella quien lo haga. Para los trabajos mecanizables nadie estará dispuesto a utilizar mano de obra (ni usted ni yo lo haríamos); es más, nos encargaremos entre todos de automatizar y mecanizar todo lo máximo posible: “lo que pueda hacer una máquina que no lo haga el hombre”. Esa será la máxima de esta sociedad, que por otro lado siempre ha sido así: obtener el máximo posible con el mínimo coste y si no que se lo digan a los especuladores, que son los que en gran parte nos han sumido en la crisis que hemos y aún estamos padeciendo. ¿Quién no aplica el hecho de obtener la mayor ganancia con el menor riesgo económico? No quiero hacer sangre aquí con todos los negocios multinivel y piramidales que han dañado tantas y tantas economías familiares en este país.

Ahora bien, las máquinas las tenemos que diseñar e ingeniar los hombres. No nacen por generación espontánea, ni podemos plantarlas en una finca para que crezcan. Las máquinas necesitan ingenieros con ingenio que sean capaces de diseñarlas de modo que pueda lucrarse y beneficiarse quien invierta en su creación, como en cualquier negocio lícito que se pueda emprender.

Desde finales de los ochenta del siglo pasado, hasta el inicio de la crisis en 2007 (de la que ahora se cumplen los siete años de las vacas flacas del sueño del faraón) la mano de obra fue sobrevalorada en la agricultura, en la construcción o en la hostelería. (¿Recuerda usted aquellos carteles en las puertas de las cafeterías de: “se necesita camarero”?). Y, ahora, en el nuevo modelo de Economía que estamos construyendo, el cerebro de obra se va a encargar (pues la productividad de los recursos expuestos así lo va a requerir) de que todas las actividades generadoras de valor que antes se hacían a mano, ahora, como con el detergente, se van a hacer a máquina. Y los desempeños que no puedan ser automatizados requerirán una formación profesional de verdadero valor con habilidades que ni siquiera las máquinas serán capaces, aún, de lograr. Por eso, quien sea capaz de conjugar mano y cerebro de obra, como el anuncio: eso, no tiene precio.

lamadriddiario@gmail.com

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3 Respuestas a “Cerebro de obra

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  2. Creo que habría que añadir en tu análisis el “corazón de obra”.
    La motivación, la actitud, el compromiso y la responsabilidad que tienen los trabajadores en el desarrollo de sus labores es fundamental.
    No puede haber calidad en el trabajo sin un personal que pone su corazón en lo que hace y sin un clima laboral adecuado que invite a los trabajadores a dar lo mejor de sí.
    Un abrazo

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  3. Totalmente de acuerdo Jose, lo que sucede es que 620 palabras dan para lo que dan. Me sumo de pleno a todo lo que dices. La motivación, la emoción, el corazón de cada uno, nuestros sentimientos, son la esencia de lo que somos y, casi siempre, de como somos.
    Gracias por tu aportación.

    Feliz Navidad.

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