Modistas

Coolhunting

No me estoy refiriendo a las modistas de tiza y tijera, mayoritariamente eran mujeres, que abundaban en los tiempos en que Zara no existía. Aunque no hay que olvidarse de ellas pues la crisis, que nos pone a todos en su sitio, ha desatado nuevos impulsos para el coser y cantar, y atado cabos e hilos donde antes se resolvía con la cartera.

Hoy las modistas son las It girls, las chicas que, por sí solas, son capaces de llenar con su personalidad, estilo y moda el espacio, la habitación en la que se presentan. De algún modo son cazadoras de tendencias, Cool Hunters, que, a su vez, por ellas mismas crean tendencias. En ese reciclado de la moda con tendencias, estilos, proyecciones, lo in y lo out, captan el interés de los futuros seguidores, los followers, los “me gusta” de la moda y la industria se pone en marcha, también cosiendo y cantando, a hacer “realidad aumentada” una primera combinación de colores, formatos, telas, cueros o tecnología.

Pero sobre todo son modistas los seguidores de las modas de todo tipo, de las que se adhieren a la personalidad y de las que son totalmente despersonalizadas. Las modas se diseñan para quedarse poco tiempo; la moda es efímera, dura lo que ella misma dura, ni más ni menos. La moda es el concepto Kleenex, de usar y tirar, la falla que se construye para en el cenit de su hermosura quemarla, destrozarla y con los planos de la nueva, ya en las manos, empezar a construir la siguiente.

Los modistas de hoy son personas que en cualquier ámbito de la vida, sobre todo los que tienen proyección social, quieren estar a la última para sentir que no pierden el tren de los nuevos tiempos. Lo cierto es que si no sigues las tendencias te alejas de ellas, y llega un punto de inflexión en el que ya no eres capaz de adaptarte a los nuevos tiempos y quedas, definitivamente, fuera del lugar del momento presente. Además, cuando ese momento llega, quien se ha quedado atrás se suele aferrar al pasado con más determinación que nunca y se convierte en su propia moda la de ir en contra de las modas. No sólo me estoy refiriendo a la moda en el vestir, sino también en el modo de pensar, en el uso de las nuevas tecnologías, en el cuidado del cuerpo en todas sus manifestaciones (gimnasios, deportes de moda, complementos del deporte, cuidados estéticos, etc.), en las lecturas, en los viajes, etc.

Mi visión personal es que en la moda, en las tendencias (que algunas sigo) me rijo por lo que me aporta y lo que no me aporta valor. No reniego de nada de lo nuevo; al contrario, si veo en ello una oportunidad de mejora, me adhiero a ello. Si lo novedoso tiene utilidad, me aporta valor concreto, por encima del concepto de imagen, de que me juzguen por lo que parece que soy, por supuesto que, en la medida de mis posibilidades (económicas, de tiempo y de esfuerzo) hago por sumarme al beneficio de lo nuevo con valor añadido. Mi experiencia es que este tipo de modas, en muchos casos, vienen para quedarse. Tienen un sentido menos efímero pues además de una imagen, el beneficio que aportan sustenta su durabilidad.

Finalmente en cada momento de la vida hay diferentes modas; en la infancia, en los hijos, suelen imperar las modas de los padres; en la adolescencia la del ser como los demás; en la madurez la moda útil y/o la de prestigio y estatus; en la “alta madurez” la moda que más prima es la de contar nuestros males y enfermedades a los demás queriendo vivir más, mucho más.

lamadriddiario@gmail.com

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