Si no crece… decrece

crecer-espiral

Y si decrece, después desaparece. ¿De qué estoy hablando? De todo, todo cuanto existe, se siente o se configura en esta vida. El ser de la vida es nacer, crecer, envejecer y desaparecer. Es el ciclo de vida y lo mismo afecta a una persona, una empresa o a una marca, pero también incide de pleno en el optimismo, en la amistad o en el conocimiento. Todo ello sin dejar de tener en cuenta una de las primeras leyes de la física: que la energía ni se crea ni se destruye, se transforma… en el recibo de la luz.

Bromas aparte, quisiera compartir con usted esta idea que es de aplicación universal a todo lo que somos, con lo que interactuamos y lo que nos rodea. Los dos ejemplos más palpables que siempre he podido comprobar son los de la amistad (o la familiaridad en su versión de consanguinidad) y los de la empresa. Dicen que la amistad crece con el roce y es muy cierto; si no estás cerca es que estás alejado; si no tienes cierto hábito de continuidad, la distancia enfría los sentimientos. Hubo un pasado, hay afinidad en el presente, pero el futuro es incierto, si se va a apagando como el calor de una estrella a la que se le ha agotado la energía que la sostiene. Las personas a las que apreciamos y valoramos tienen que sentir que estamos ahí y esa es una tarea recíproca, no puede desempeñarla siempre la misma persona… se llega a cansar y entonces empieza a decrecer y en el declive muere.

En el ámbito empresarial sucede exactamente lo mismo. Dos o tres emprendedores arrancan en un proyecto empresarial cargado de ilusión y de grandes esperanzas de éxito y de consecución de todos los logros que se desean conseguir. La empresa, con buen hacer y mucho trabajo, empieza a prosperar y como un imán comienza a atraer cada vez a más personas que son oportunas para el proyecto y el proyecto lo es para ellas. La micropyme se convierte en pyme y a partir de ahí se ramifica en diferentes actividades o se concentra como un tronco en una causa única. Y crece y crece y tiene que seguir creciendo (superando crisis, condicionantes y limitantes) aprovechando todas las oportunidades que su buen hacer genera, aportando valor a la sociedad, y ésta reconociéndolo: adquiriendo sus productos o disfrutando de sus servicios. La empresa tiene que seguir creciendo, siendo más fuerte, más grande, más sólida, pero sin perder los principios de la esencia del momento en que se inició como tal. Si eso se pierde, se desvirtúa su esencia y corre el inmenso riesgo de desaparecer. Y si en el mercado en que creció ya no tiene más campo de desarrollo, con esa misma esencia, deberá buscar nuevos mercados, nuevas oportunidades. Hay muchos ejemplos conocidos: Google, Apple, Amazon, Indra, Acciona… (y por conocer).

Hay otros muchos ámbitos en los que sucede lo mismo, en los que hay que seguir alimentando la llama para que dure y dure. Hablo del optimismo, de la felicidad, de la sabiduría, del conocimiento, de las ganas de vivir, de la ambición de superación, de la capacidad de amar a otros. Todo, si no crece, decrece, salvo que se transforme. La amistad se puede transformar en amor (por qué no), el amor (químicamente hablando) en cariño, ternura y afecto; la cuestión es que, en este ejemplo, nuestra riqueza emocional siga creciendo con el único límite del fin de nuestros días, pero pensando siempre que si no hubiera límite fisiológico tampoco debiera haberlo en los sentimientos.

El pelo y las uñas siempre crecen; lo malo es cuando dejan de hacerlo. Feliz semana. 

lamadriddiario@gmail.com

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s