Cada oveja con su pareja

ovejas

Amén de todos los aspectos químicos y biológicos que propician la atracción entre dos personas (el deseo nace por conseguir aquello de lo que uno carece), la complementariedad nace de la diversidad, de las diferencias que unen. Pero si lo diferente, lo que nos atrae del otro, no se ve reforzado por un cierto paralelismo en los aspectos de estilos de vida, grado de madurez o en el propio proyecto de vida, el pegamento del inicio se puede romper y se desgaja la pareja. La conclusión sería: Sí, fuimos diferentes, con el motor de arranque a plena potencia, pero ahora sentimos que nada nos une. Quizá el propio proyecto de vida de cada uno es lo que mejor define lo que cada uno quiere ser junto con la otra persona, el futuro en conjunto: trabajos, familia, aficiones, valores, etc. ¿Y todo eso de dónde nace? Nace del seno de las familias de cada uno, de la educación, de los amigos, del entorno en el que se ha crecido. Siendo adolescentes nos fijamos en la vida adulta y la rechazamos, pero llegando a adultos y variando las formas, los estilos, las modas, por lo general, volvemos a aquella misma vida adulta.

¿A qué viene todo esto? Pues enlaza con el estudio realizado por Pablo Salvador Coderch, catedrático de Derecho Civil de la Universidad Pompeu Fabra con respecto al matrimonio en EEUU. El Sr. Coderch destaca que “el matrimonio es el mejor predictor de desigualdad social; quienes están mejor dotados por la naturaleza, la cultura, el dinero o la fama se casan con sus pares”.

Pongamos en una balanza todos los aspectos que antes he señalado como ingredientes de un proyecto de vida, en cada platillo los de cada miembro de la pareja. Si permanecen equilibrados habrá armonía. Si hay desnivel o mutan en uno de los dos lados, o en los dos, se producirán diferencias. Las visiones de la vida serán distintas, alguno deberá aguantar más peso que el otro y la balanza se romperá. Quizá en todo ello está esa tendencia al emparejamiento selectivo del estudio en EEUU y creo no equivocarme si digo que también es válido en nuestra sociedad y en cualquiera otra. Como yo solía escuchar decir de niño: cada oveja con su pareja. De hecho el mismo estudio constata que las personas felizmente emparejadas son más felices que las solteras o separadas, con toda la dificultad que encarna el concepto felicidad. Además, muchos otros estudios destacan que la esperanza de vida, para ambos, es mayor; la unión hace la fuerza, la de vivir y progresar con un mismo objetivo.

La vida en pareja tiene como fin un proyecto en común, en comunidad de intereses, deseos y expectativas sobre el futuro, la pareja, los hijos, la profesión y la familia. ¿Se puede romper? Sí, claro que se puede romper, de hecho las cifras son aplastantes pues ya son más las que se rompen que las que perviven. Pienso que si uno no se imagina de viejecito con su pareja, también viejecita y felices y contentos, mal asunto; los intereses no son los mismos. En cualquier caso, los que se rompen, si intuyen que van a encontrar otra oveja pareja, intentan encontrar a alguien con quien equilibrar la balanza de nuevo. Los que no lo hacen, al igual que el gato escaldado del agua fría huye, rechazan cualquier par posible para no sufrir o experimentar lo que en su día padecieron.

Es difícil imaginar (fuera del plano físico que siempre se deteriora, para ambos) a dos personas navegando en el mismo barco con brújulas que marcan direcciones distintas; así es imposible llegar a buen puerto. Buena semana.

lamadriddiario@gmail.com

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