Ataraxia

Ataraxia

Menudo palabro, ¿verdad? Procede del griego y se define como la ausencia de turbación. Disposición de ánimo que tiende a disminuir la intensidad de las pasiones, los deseos; se fortalece ante la adversidad, alcanza el equilibrio, y finalmente la felicidad. En definitiva es un estado de serenidad, tranquilidad e imperturbabilidad entre la razón y los sentimientos, entre nuestro cerebro racional y el emocional. La ataraxia fue propuesta por epicúreos, estoicos y escépticos; estaba en la esencia de muchas de sus manifestaciones para lograr un estilo de vida satisfactorio.

A la vista de su significado podemos concluir que la ataraxia no es precisamente la mejor definición del estado de nuestra sociedad. Seguramente en la antigua Grecia (en nada parecida a la de la actualidad) los estoicos disponían de tiempo, recursos y ociosidad como para poder llegar a definir el nirvana en vida que ellos disfrutaban.

Jornadas de trabajo intensas, algunas de más de doce horas para los que tenemos la fortuna de estar en activo. Jornadas de inactividad obligada para muchos cientos de miles de nosotros con el cuerpo parado y la mente cansada de pensar en qué y como poder ponerlo en funcionamiento. Frenéticas jornadas de “vete y ven y de paso me cuidas” para abuelos que creían que ya les había llegado el tiempo de la inactividad. Frenesí, también, para sus exiguas carteras que deben dedicar a complementar a los suyos. La crispación de todos los que odiamos la corrupción, más aún cuando se trata de dineros de todos; la crispación de todos los que detestan el modelo social que les está tocando vivir y con la tentación de salir por peteneras para ver si esto cambia de una puñetera vez (evolución o revolución, he ahí el dilema. Personalmente apuesto por la evolución.) Jornadas de alejamiento social y familiar de los que se han visto obligados a emigrar para poder vivir y para poder sentirse realizados como personas. Jornadas de dolor de todos los que sufren vejaciones sexuales, laborales, psicológicas, por agresión o por su condición de raza o de edad. Personas que deciden olvidarse de su pasado y de su historia y que se adscriben a movimientos religiosos o sociológicos de naturaleza agresiva e invasiva. La vida de todos los que padecen cualquier tipo de discriminación, la vida de los que carecen hasta de un techo bajo el que acogerse.

En nuestro actual estilo de vida es difícil que la ataraxia llegue a ser algo más que una ficción para la mayoría de los ciudadanos de nuestro país. Quizá a lo más que podemos aspirar es a que unos pocos liberados ya por la edad de sus obligaciones y pasiones, puedan disfrutar de ese estado de felicidad y equilibrio y a que el resto de los mortales tratemos de compartir determinados momentos de gozo y felicidad junto con nuestras obligaciones, pasiones, crispaciones, anhelos y deseos.

Todos tenemos nuestros gozos y nuestras sombras y para todos la vida es una ensalada física y mental en la que nos vemos obligados a comer todo tipo de alimentos, sean o no de nuestro agrado, las más de las veces sin saber que todos son necesarios para nuestro propio progreso como seres humanos. Una herida puede hacernos más fuertes, de hecho en la ley de la evolución así suele ser; pero cuando ésta se produce el dolor puede más que sus previsibles consecuencias. Al final, seamos o no ataráxicos, el fin último de nuestra existencia es conseguir el mayor número y cantidad de momentos felices, de satisfacción por lo que somos y por lo que hemos sido, y por el rastro que nuestra existencia pueda llegar a dejar en los que queremos y nos quieren. Este es nuestro máximo objetivo vital.

lamadriddiario@gmail.com

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Una respuesta a “Ataraxia

  1. Buen post Antonio, lamentablemente como indicas, en la educación tradicional nos enseñan mucho sobre la razón (matemáticas, física, humanidades..) , y poco sobre las emociones. Cuando crecemos y maduramos resulta que la mayor parte del tiempo la dedicamos sin saberlo a gestionar las emociones, algo que es prioritario para vivir y del que dependen la mayor parte de las decisiones y efectos que contruyen nuestra vida. Mientras tanto los conocimientos de la razón son aplicados de forma casi anecdótica. Quizás si en las escuelas enseñaran a meditar y a tratar las emociones viviríamos en un mundo mas feliz. O por lo menos, mas equilibrado.

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