El camino

El camino

Desde que nacemos a la vida nos marcamos objetivos a cumplir. Ya con el primer llanto pretendemos satisfacer hambre, frío y desolación por dejar el seno materno, el estrés que sentimos. El arrope, el alimento o el contacto con la piel de la madre nos satisfacen. Callamos y sentimos haber cumplido el objetivo que el llanto nos permitió.

Más adelante, en la infancia y adolescencia, cuanto más jóvenes, más inmediatos e impulsivos son nuestros objetivos. Lo que sentimos lo queremos y ya, en el momento; la espera se nos hace eterna y estamos poco preparados para la frustración. La propia vida y los procesos mentales que se van asentando en nuestro cerebro nos van educando y cada vez más vamos programando nuestros objetivos aderezados de estrategia, artimaña, planificación y tiempo de espera, el necesario para conseguir el logro. En muchos casos lo que seamos el resto de nuestras vidas dependerá de la cantidad de paciencia que tengamos en estos primeros compases y de la necesaria persistencia para que, a pesar de los obvios contratiempos y limitaciones, seamos capaces de perseverar para conseguir cumplir el objetivo que nos hemos marcado. Con todo ello vamos conformando el camino de lo que puede ser nuestra vida futura.

En la madurez, si el aprendizaje ha sido positivo, es cuando estamos más capacitados para planificar y diseñar estrategias que nos permitan conseguir unos objetivos que suelen ser más ambiciosos y logrables en función de las circunstancias del entorno y de las fuerzas que despleguemos para conseguirlos. En esencia es eso: es una cuestión de fuerzas que parten de un equilibrio inicial que se transformará en función de la energía y de la cantidad de fuerza que seamos capaces de aportar para vencer la resistencia de la inercia inicial. A mayores dosis de fuerza y persistencia, mayores probabilidades de conseguir el objetivo. Si pudiéramos se lo preguntaríamos a Steve Jobs, a Miguel Ángel o a Einstein. Sus logros no fueron mágicos, tan sólo el resultado de unas importantes capacidades iniciales y de toda la energía que pusieron para vencer las resistencias de un entorno estable, con anterioridad a sus esfuerzos. En este camino uno de los ingredientes más relevante es tener hambre de resultados; el otro es creer en uno mismo y en sus propias fuerzas.

Como humanos imperfectos que somos (cargados de deseos de los que algunos se harán realidad y la gran mayoría quedarán insatisfechos) en cada momento de la vida nos marcamos objetivos y ello conforma un camino, una línea que vamos trazando en el recorrido que nuestra vida va significando. La idea esencial que trato de transmitir con esta torpe reflexión es que lo más relevante una vez que tenemos un objetivo, que nos hemos trazado el camino, es la de no salirse de él. Seguir hacia delante, pues salirse del camino es perder la perspectiva y la inercia que nos iba empujando hacia donde nos habíamos determinado. A veces, incluso, como en el juego de la oca, si hemos ido demasiado deprisa podemos volver al punto de partida.

Y en el final de la vida, en sus últimos compases, como cuando fuimos niños, con los años, muchos, nos vamos marcando cada vez objetivos más primarios y a más corto plazo: la salud de hoy y la de mañana, la visita de un hijo la semana que viene, el cobro de la pensión el mes que también viene y el año que viene poder seguir contándola.

Lo más hermoso de seguir un camino es cuando haces un pequeño alto en él para descansar y recuperar energías, vuelves la vista atrás y compruebas todo el trecho que has recorrido y sientes que ya queda menos para llegar al final.

 

lamadriddiario@gmail.com

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Una respuesta a “El camino

  1. Ayer hablaba con alguien sobre esto mismo, y una pregunta nos generaba cierta incertidumbre.. ¿Cuando comienza el final de la vida? ¿Cuanto nos queda de vida útil para la sociedad? A partir de que edad mentalmente ya nos damos cuenta que estamos mas de vuelta que de ida.. Conozco a personas que con 73 años están aún con proyectos en mente.. y a otros que con 45 comienzan a sentirse que ya están fuera de la carrera por el premio 🙂 A partir de que edad hay que comenzar a prepararse para lo inevitable.

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