Discurso político

discurso político

Qué bien hablan, ¿verdad? EI político cuando está de campaña puede decir lo que le venga en gana sea coherente o no, sustentable o no, económicamente admisible o no. ¿Por qué no van a seguir haciéndolo igual que siempre? No hay penalización por las promesas no cumplidas. “Puedo prometer y prometo”, decía mi admirado Adolfo Suárez. Hoy podemos prometer y luego ya veremos si lo cumplimos.

Ellos saben que muchos de nosotros, por el hecho de escuchar lo que queremos oír, aunque en el fondo no podamos darle cuerpo de verdad, nos alegramos. Y defendemos al que lleva el estandarte con pasión y una increíble supuesta objetividad. En cualquier caso soy el menos indicado para hablar de política. No comulgo con el modo de proceder de la política en España. Básicamente, se trata de salir uno bien parado descalificando al oponente, y que cuando el que gobierna propone algo la oposición se le eche a la yugular justificando que el caballo blanco de Santiago es negro, si llegara a ser necesario y conveniente.

Algunos dicen que quieren un cambio político y nos lo tratan de vender con la bondad generalizada cuando, de producirse, los únicos beneficiados serán sus acólitos, en el ámbito del poder, y sus fieles seguidores en la satisfacción de haber derrotado al “enemigo”.

Es muy fácil hacer un buen discurso político; tan sólo hay que hacer un par de encuestas y saber qué es lo que quieren oír los ciudadanos, de qué modo quieren oírlo (con vehemencia, con ironía, con supuesta seguridad, etc.) y ponerse lengua a la obra a proponer aquello que los potenciales votantes quieren oír. Y si además empleamos palabras con una cierta dosis de intelectualidad y otras de rancio abolengo en lo político, ya tenemos una buena parte del electorado comiendo en nuestras manos. Otra cosa es que nuestras políticas puedan dar de comer a los ciudadanos, a todos, a los que nos votan y a los que no nos votan. Una cosa es predicar y otra dar trigo: el trigo hay que sembrarlo, esperar a que germine y crezca, recolectarlo, almacenarlo adecuadamente y esperar a venderlo en el mejor momento. Las palabras son mucho más fáciles de elaborar; por ejemplo: “Queremos un cambio por y para el ciudadano…; todas las bases de nuestro partido están trabajando para que las urnas den la razón a los nuevos tiempos que todos necesitamos…; no nos sentiremos satisfechos hasta conseguir que el pueblo vuelva a recuperar la palabra y los derechos perdidos…; nosotros abogamos por una nueva sociedad en la que todos se sientan representados…; el país se merece un gobierno que piense en su pueblo y no en el sillón que ocupa…; vamos a romper todas las viejas estructuras que han despreciado los derechos de cada uno de nosotros…; bajaremos los impuestos para generar riqueza…; subiremos las prestaciones para que nadie carezca de los derechos elementales…” No hay problema en que digan cuanto se les venga a la imaginación electoral. Si luego se cumple, San Antón; y si no, la Purísima Concepción. Al final de todo iremos a reclamar al maestro armero y en las siguientes elecciones defenderemos lo indefendible. Será culpa de los elementos; sí, los de los otros partidos, los de la UE, o la troika.

Lo mejor de todo es que hoy disponemos de un catálogo de expresiones muy valioso para identificar a los políticos: chorizos, parroquia, casta, coletas, tránsfugas, corruptos, centro, derecha, izquierda, renovadores, progresistas, carcas, etc. Qué maravilla de arco político con tantas flechas, una para cada color del iris. Qué bueno sería este otro, bueno y breve: gestores, honrados y coherentes. Haberlos haylos. La cuestión es: ¿Votamos a estos o a los del país de las maravillas? ¿Sabemos distinguirlos?

 

lamadriddiario@gmail.com

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2 Respuestas a “Discurso político

  1. Es una reflexión que me hago con frecuencia por ser un ciudadano “metido” en política. Creo profundamente en la necesidad de participar en la vida pública, cada cual desde su lugar, con sus ideas y proyectos. El mundo no será lo que queremos si lo dejamos en manos de los intereses de algunos pocos. Gracias Antonio por tus reflexiones y permíteme que las comparta.

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