Santander S. XXI

Santander XXI

Estoy convencido de que estamos a las puertas de una nueva ciudad, de un nuevo Santander: remozado y preparado para ser ejemplo y virtud de un nuevo siglo de modernidad, cultura y distinción como nunca antes se había tenido o sentido. Y ello sin desmerecer en absoluto tiempos pasados que siempre son y serán los cimientos de lo que está por venir.

Santander nació como ciudad de pescadores pero construida de espaldas al mar, atrincherada en sus murallas protectoras de tasas e impuestos. Ciudad abierta de nuevo al mar cuando los mercantes encontraron en él una justificación nueva más allá de la provisión de alimento. Esa grúa de piedra abierta al mar es el símbolo de este cambio pasando de descargar peces a cargar mercancías. 

Gracias a las nuevas tecnologías de la información se nos dice que Santander es una smartcity. Yo pienso que siempre fue smart, inteligente, sobre todo después de haber resurgido por dos veces de sus fuegos, explosiones y cenizas. Santander bien pudo ser el Ave Fénix del siglo XX, siglo de transformaciones que culminarán en la nueva ciudad que se está construyendo en base a la cultura y al conocimiento compartido.

De esa ciudad de viñas y pescadores, pasando por la mercantil y naviera, coronamos el siglo XX con la Santander financiera y nos estamos abriendo al Santander del S. XXI en donde nuestro mejor “botín” será la capacidad de generar la atención y el interés del resto del mundo. En estos últimos tiempos de preparación el eje central de la ciudad, arrastrado recientemente por el efecto del Centro Botín, se ha ido transformando en una metamorfosis que ha retorcido los hierros de las vías del tren, el cemento del parking del Ferry, el asfalto y la gasolina (de lo que hoy amplía esos Jardines de Pereda) y las vallas, que como muralla, nos seguían separando del mar.

Personas, personajes y apellidos van a dar forma a nuestra nueva e inteligente ciudad. Nuestros antepasados que dejaron huella en el Museo de Prehistoria, en el de la Muralla o en el Marítimo, como fiel reflejo de lo que fuimos. Nuestro último ilustre, Don Emilio, que puso la primera piedra (salvando la que tiene forma de grúa) en el Edificio que llevará su apellido y el de toda su familia. El presente con el Banco de España de la Cultura que nace de Lafuente y va a nutrir de arte, conocimiento y registro de buena parte de lo que el pasado siglo fue en España y en el mundo. Sin olvidar la Magdalena rellena de la ciencia, el arte y la cultura que Menéndez Pelayo supo extraer de la savia de nuestra tierra. Este es el DNI y el ADN de esta ciudad que en muy poco tiempo le va a poder decir al mundo: “Ven, conóceme, disfruta de mis encantos, paséame, visita mis entrañas y empápate con un lluvia fina de cultura y sensaciones que transcurren desde la memoria del mar al Reina Sofía del arte, la historia y el conocimiento”.

Si somos capaces, con los mimbres que tenemos, de dignificarnos haciendo honor al marco en el que vivimos (dibujando los bisontes de un nuevo Altamira en el que nuestros sucesores sepan mirar y admirar lo que fuimos capaces de hacer), conseguiremos que el reciente siglo constituya ese renacer que todos esperamos y en donde conviviremos propios y foráneos. Podremos ser un panal de rica miel al que todos deseen acudir con el logro de superar sus propias expectativas; eso es la excelencia.

Nuestro destino se está escribiendo en esta transición complementaria del interés económico, pasando por el financiero y llegando al cultural; siempre hemos sido y seremos una ciudad de interés.

lamadriddiario@gmail.com

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