¡Voto a bríos!

Voto a bríos 2

Puede parecer un tópico, pero hoy es el día grande de la democracia. Hoy es el día en el que tenemos la oportunidad de que todo el brío y el empuje que ponemos en nuestros comentarios de mesa, de alcoba, de barra de bar, de café en el trabajo o en el whatsapp de los amigos, lo traslademos a una urna cargada con todos nuestros derechos. Todos nuestros desahogos durante cuatro años –que sólo contribuyen a hacer una buena terapia con nuestras frustraciones como gobernados- tenemos la oportunidad de saldarlos con lo único verdaderamente efectivo que podemos hacer hasta el año redondo del 2020, cuyo precursor político es este 20D. El gobierno que salga elegido en los próximos días seamos descreídos, agnósticos totales de la democracia, contrarios a la misma o fanáticos de ella, para todos tendrá la misma repercusión.

Me he acordado de la expresión coloquial “¡voto a bríos!”, interjección equivalente a “¡voto a Dios!” y que expresa enojo y ánimo, valor y arrojo en una tarea a emprender. Zorrilla, Jovellanos o Bretón de los Herreros utilizaron esta expresión en muchas de sus obras; también apareció en el cómic más longevo de la historia en España, Roberto Alcázar y Pedrín. Por su significado de enaltecimiento mezclado con cierta indignación y dispuesto a la acción creo que es una expresión que nos ha de servir en un día como hoy para animarnos a votar con brío, con decisión por aquello que creemos que es mejor para nosotros y para nuestros conciudadanos.

En el voto que emitamos hay una mezcla de conveniencia propia, de sentido de Estado, de nuestro juicio por lo que es mejor para todos; hay también frustración por lo prometido y no cumplido, y cierta esperanza de que se cumpla lo deseado mediante nuestro candidato. En algunos casos habrá rabia, incluso deseo de venganza por los perjuicios o agravios recibidos por tal o cual partido. Legalmente el voto es un derecho que adquirimos al cumplir 18 años, no es de obligado cumplimiento, no está adscrito a edades –a partir de la edad legal– ni a clases sociales, religiones, orientación sexual o raza. Es cierto que hay tendencias que sociológicamente tienen sentido como que el voto conservador tiene más votantes entre las clases pudientes y los de más edad o que el voto progresista está más vinculado con los jóvenes o con los que han sido menos favorecidos en riquezas materiales. (Como dijera Gila en su célebre monólogo: “¿es el Partido Comunista? ¿Si? Que me quiero borrar; me acaban de tocar 500 millones de pesetas a la lotería.”) Es cierto, son tópicos, pero no muy alejados de la realidad. Quien ha conseguido un cierto patrimonio lo quiere conservar, y quien nada tiene y todo necesita se rebela contra los poderes establecidos y quiere representantes que obliguen a repartir esas riquezas con ellos, con los más desfavorecidos.

En las elecciones que hoy celebramos seguimos siendo dos Españas (en otros momentos somos 17) con las mismas dos opciones políticas de siempre, la derecha de siempre y la derecha reformulada; la izquierda de siempre y la izquierda reformulada, más el resto de opciones políticas, por supuesto.

Hoy con mi voto a bríos, en el fondo “voto a tal” como se lee en La Celestina, al “tal” que más me convence y con el convencimiento de que el resultado no será el esperado, tanto si gana mi opción como la contraria. Pero al menos tendré la razón de mi parte, aunque sea íntimamente, para justificar, criticar, aplaudir o vituperar lo que haga el tal con mi voto en tales o cuales circunstancias: es un derecho añadido que tiene votar.

lamadriddiario@gmail.com

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