Lujuria

Lujuria 2

Siempre me han parecido atractivos los asuntos de las clasificaciones, los listados, etc. Llevaba un tiempo pensando en hacer un ejercicio de reflexión actualizado sobre los 7 Pecados Capitales que la religión cristiana se encargó de propagar bajo la intención de moralizar a sus fieles. Sin entrar en más razones, justificaciones o antecedentes históricos empezaré por el primero que se menciona en dicha lista: la lujuria.

Los pecados son excesos, por definición. Es decir, actitudes excesivas frente a una normalidad que en circunstancias puede darse pero no en todo momento ni con demasiada intensidad. Por tanto a lo que se nos invita es a la moderación, a la virtud de la medianía. En este marco, el primero de los pecados a poner en la picota no podía ser otro que el exceso de apetito sexual, más aún si partimos de que en aquellos tiempos y de acuerdo a la doctrina de la Iglesia, las relaciones de pareja tenían exclusivamente el objetivo de procrear. El placer era poco menos que pecaminoso, sobre todo en las féminas.

En su origen luxuria estaba más relacionado con la abundancia (los excesos) y la extravagancia. Es un término latino que procede de luxus (dislocado) y que a su vez proviene de luctari (luchar). La lujuria es prima hermana de la lascivia, considerada ésta como la imposibilidad de controlar la libido. Y tiene cierta relación de parentesco con el lujo, con lo que es excesivo por no ser necesario o preciso.

Curiosamente antes de la aparición del cristianismo la lujuria, en vez de vicio, era un beneficio: el que tenían las clases acomodadas, la aristocracia, tanto en Grecia como en Roma. Como ejemplo visual y descriptivo no hay como viajar a las ruinas de Pompeya para comprobarlo. Esos excesos o lujos sólo se los podían permitir determinados ciudadanos, la élite. ¿Qué diferencia hay de aquellos tiempos a los nuestros? Las clases poderosas, las élites de todo tipo, las “celebrities” de hoy, ¿no hacen uso y abuso de todo cuanto pueden, sobre todo en el terreno de lo sensorial? Siempre se ha hecho así, en mínimos cuando la Administración o la Iglesia eran absolutistas en lo coercitivo o también con la doble moral con la que muchas sociedades avanzadas se rigen: que la mano derecha no sepa lo que hace la izquierda, o que el vecino de mi derecha no sepa lo que hago yo que estoy a su izquierda.

No es preciso rasgarse ninguna vestidura para reconocer que el disfrute del sexo es esencial a la naturaleza humana, pues de otro modo no estaría a nuestro alcance. Es cierto que cuando su manifestación es explícita puede pasar a ser obsceno o desagradable, pero nacemos con ello entre las piernas y es de bien nacido el ser agradecido. Diferente es cuando el exceso es enfermizo, cuando las pulsiones sexuales son incontrolables, cuando pueden llevar a destruir emocionalmente al otro o aún peor, al delito o al crimen.

La sensualidad en todos sus diferentes grados está presente en nuestras vidas, en los anuncios de TV, en el erotismo, en el culto al cuerpo como templo de disfrute y por supuesto en los miles de millones de páginas leídas del Sr. Grey, con más luces que sombras y que a nadie le ha dado reparo reconocer que las ha devorado con avidez. La lujuria, cristianamente tipificada, es un pecado. Sin dejar de ser cierto también que el otro extremo, como es el celibato y la abstención, en idéntico marco, se hacen virtud, lo cual no deja de ser curioso. Mi pensamiento: mientras no se perjudique a nadie (menores sobre todo, y la confianza de la pareja) ni se atente a la voluntad del otro, quien quiera y pueda darse un lujo, que lo disfrute sin pecado alguno.

lamadriddiario@gmail.com

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4 Respuestas a “Lujuria

  1. No hay nada como crear tabúes religiosos para hacer obedecer a las masas y tenerlas controladas. Las distintas religiones (y sectas) a lo largo de la historia del hombre, siempre han ejercido un férreo control sobre parte de la población, o por lo menos lo han intentado, con mayor o menor éxito. Como bien dices Antonio, “mientras no se perjudique a nadie (menores sobre todo, y la confianza de la pareja) ni se atente a la voluntad del otro, quien quiera y pueda darse un lujo, que lo disfrute sin pecado alguno”. Ante todo debe primar el bienestar físico y psíquico de todos, el nuestro y el de la gente que nos rodea. Disfrutar del lujo (luxuria) en su vertiente más benéfica 😉
    Saludos.

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    • Así es, no hay nada mejor, para controlar al “pueblo llano” que crear el miedo, el concepto del pecado, la penitencia y la represión. Así, en la foto, no se mueve nadie.
      Me alegro de que coincidamos.
      Muchas gracias por tu comentario.
      Buen domingo.

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  2. El cristianismo no busca dominar a nadie, ni oprimir, ni crear tabúes, sino la felicidad del ser humano. El Deporte es bueno, pero no vale todo, si no se practica correctamente aparecerán traumatismos y afecciones. Lo mismo sucede con la alimentación, que es buena, es necesaria y también es un placer, pero no hacerlo correctamente lleva a perder la salud con un montón de enfermedades que van desde la obesidad hasta el infarto de miocardio. La lujuria, como cualquier otro exceso o incorrección no es beneficiosa en absoluto. Quien más sabe de la felicidad del ser humano es su Creador, por tanto, si quieres ser feliz en cualquier ámbito, incluido el sexual, escucha lo que Él quiere aconsejarte. La Iglesia expone la Verdad, lamentablemente las personas que la formamos, podemos equivocarnos, y lo hacemos a menudo. Quien piense que Dios, y en consecuencia su Iglesia, no aprueba o reprime la sexualidad se equivoca, lo que hace es indicar su fin verdadero, podéis comprobarlo en el libro del Génesis, en el libro El Cantar de los Cantares, o en las cartas de Pablo, todos ellos contenidos en la Biblia, o recientemente en la Teología del Cuerpo expuesta por Juan Pablo II. Quien entienda mal la libertad y viva de espaldas a Dios cambiará la felicidad plena por el mundo de los esguinces e infartos, tanto físicos como emocionales, psicológicos y espirituales, pues el hombre no es sólo cuerpo; ni sólo espíritu, sino ambas cosas inseparablemente. El egoísmo sin freno, el libertinaje, la búsqueda del placer en si mismo a costa de lo que sea nos está llevando a este mundo en el que vivimos, decadente, corrupto, con elevados índices de suicidios, depresiones, enfermedades psicológicas, fracasos personales, rupturas matrimoniales, insatisfacciones personales, pérdida de sentido, y un largo etc. Pero el sabio no es tanto quien no se equivoca nunca, como el que rectifica tiempo …. y a tiempo estamos!

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