Gula

Gula 2

No me refiero a la del norte, aunque también cabe, cómo no, cuando entra por la boca de modo desmesurado. La gula es el segundo pecado capital y de ellos, uno de los que más capital requiere para poder pecar. La gula sólo tiene un límite: el espacio que puede contener todo lo que ansiamos comer. Excepto en la época romana, claro, en la que los pudientes volvían a poner el contador a cero para seguir disfrutando de las bondades del paladar.

Yo me declaro guloso pecador. En sentido estricto, gula sería comer y beber más de lo que el cuerpo necesita. Así lo refleja nuestra religión mayoritaria, seguramente para culpar al que consumía en exceso frente a las carencias ajenas. Siempre se dice que uno de los males de nuestro país es “el comercio y el bebercio”. Si además de tener controles en la carretera por la ingesta de alcohol tuviéramos que soplar por la de cocidos, chuletones, grasas, pasteles y demás enjundias, no habría problemas de tráfico y bajaríamos muy bien la comida, caminando. Somos el segundo país en Europa con mayor índice de obesidad y el alcohol y las drogas son la causa del 50% de los fallecimientos en accidentes de tráfico en nuestro país. Todo indica que somos grandes pecadores y que en buena mesa nada nos pesa.

De todos modos la gula es mucho más pecaminosa cuando en el entorno social se pasa hambre o carestía o verdadera necesidad; cuando los comedores de Cáritas están repletos de bocas que llenar. No puedo evitar recordar una imagen que está grabada en mi mente: las primeras declaraciones de Somoza en Nicaragua tras el devastador terremoto de Managua. El citado estaba declarando ante una televisión, que simultáneamente estaba recogiendo imágenes de hambre y de desolación, comiendo un chuletón a dos carrillos y pidiendo la ayuda internacional para su país… que no para sí. Van a cumplirse ya 43 años de aquel desastre, comparable en magnitud a Hiroshima, y aún sigo viendo con nitidez la imagen de aquel hombre comiendo. Eso es pecar de gula y de poca humanidad.

Quizás sepa que en los primeros dos años de vida se desarrollan las células adiposas en nuestro cuerpo y que esas células no desaparecen en el resto de nuestra vida. Pertenezco a una gran generación de niños supuestamente sanos y rollizos. Pero este dato es tanto más cruel cuando analizamos la desnutrición infantil en el mundo. Según un informe de Unicef que acabo de leer hay países como Etiopía o Somalia en donde la desnutrición es crónica en un 50% de los niños. Esos dos años a los que hacía referencia más los 9 meses de gestación son lo que se conocen como “los 1.000 días críticos para la vida”, la etapa del desarrollo básico del niño, y definirá el resto de su vida. Lo cierto es que no es una regla universal, pero si cada bocado que unos comemos fuese la causa directa de otro que un niño pierde, estoy convencido de que a todos los que nos gusta el buen yantar se nos quitaría el hambre de por vida y pasaría a ser alimento para dar vida.

De todos los pecados el de la gula es el que más visibilidad tiene, nos sale al rostro y a la panza; está claro que somos tierra de quijotes pero también de quien le acompañaba en sus andanzas. Sin duda, de quijotes y sanchos están hechas nuestras “Españas”.

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Muchas gracias por leerme, es todo un lujo que así sea.

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