Aprender a aprender

Aprender 1

Han pasado ya cincuenta años desde que entré por primera vez en un aula. La esencia de la enseñanza, del fomento del aprendizaje (salvando las formas) sigue siendo prácticamente idéntica. Este supuesto axioma no tendría que ser, en sí mismo, negativo; cuando algo funciona y funciona bien, no lo cambies. El problema es que la enseñanza, la mal llamada educación, sigue siendo deficitaria en nuestro país y alejada de la realidad del mundo laboral/productivo con el que luego deben enfrentarse los formados. De todo ello somos responsables padres, enseñantes y sobre todo los gobernantes con sus leyes basadas en procedimientos que ya debieran estar superados. Cuanto más tardemos en “meter mano” a un cambio profundo en la enseñanza más nos costará cambiar la inercia en el momento en que no quede más remedio.

Salvo excepciones (como los nuevos métodos educativos en Finlandia -el país con la mejor calidad de enseñanza del mundo- o el proyecto Horizonte 2020 de los jesuitas en Barcelona), toda la enseñanza sigue los mismos patrones de la memorización, el aprendizaje esencialmente individual, los exámenes teóricos en donde comprobar lo aprendido, etc. Hace más de cien años Unamuno definía la memoria como “la inteligencia de los tontos”. El aprendizaje de conceptos, ideas o procesos no debe ser un fin en si mismo, sino la base para experimentar, desarrollar, crear o inventar. Y esto preferentemente junto con otros, siendo todos igualmente partícipes del éxito obtenido y sin la picaresca, tan nuestra, de “uno hace y el resto se beneficia del ‘tonto útil’ que trabaja para el resto del equipo”.

Creo que debemos ser conscientes de que la robótica, los humanoides con memorias virtuales tan potentes como toda la información que existe en internet, están empezando a llegar a nuestro mundo y lo hacen para quedarse. Quiero decir que si las máquinas “pensantes” que nos van a facilitar la vida en muy pocos años (muchos menos de lo que tarden en ser productivos los niños que están ahora naciendo) cuentan con memorias miles de veces más potentes que las nuestras ¿de qué nos va a servir memorizar? Debemos facilitar el aprendizaje, tenemos que aprender a aprender para ser capaces de potenciar la creatividad, la resolución de viejos y nuevos problemas para seguir avanzando como sociedad. Pensemos que todo lo que compramos, todo lo que adquirimos, son instrumentos, ingenios para hacernos la vida más cómoda, rápida o eficaz. Todos ellos nacen de las mentes creativas, no de las memorísticas. La memoria debe ser, en esencia, experiencial; debe forjarse en base al aprendizaje del funcionamiento, por el placer del aprendizaje (la lectura y los nuevos conocimientos) y nunca ser valorada como un hecho finalista. No es lo mismo saber que memorizar; es muy diferente. Saber es el paso previo a ser capaz de llegar a diseñar y a crear nuevas soluciones. En este sentido la Formación Profesional, tantos años denostada, está mucho más cerca de la realidad que la enseñanza escolar o la universitaria que es exclusivamente teórica y carente de la más mínima práctica.

Lo cierto es que no estamos formando a las actuales generaciones en conocimientos y experiencias que les sean de verdadera utilidad en el mundo real. Nuestros estudiantes carecen de competencias esenciales para el trabajo en las organizaciones y en las empresas, tales como capacidad de trabajo en equipo, estilos de liderazgo, creatividad, potenciación de la imaginación, conocimientos de economía doméstica básica, oratoria en público, presentación de proyectos a otros, inteligencia emocional y social, asertividad y, sobre todo, la gestión de las habilidades de comunicación que les permita hacerse entender en cualquier contexto verbal y no verbal y también entender a los demás. Estas son nuestras grandes carencias: ¿les ponemos solución?

 

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Muchas gracias por leerme, es todo un lujo que así sea.

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2 Respuestas a “Aprender a aprender

  1. Antonio, completamente de acuerdo. Además mientras la educación siga dependiendo del gobierno de turno, que sin duda cambiará de nuevo la ley de educación que impulsó el anterior (así tenemos 4 o 5 leyes diferentes desde que nosotros inauguramos aquel famoso BUP), en lugar de ser un gran pacto de estado que no pueda modificarse si no es por consenso, aún se hará más dificil pensar en el bien de los educandos a la hora de construir esas leyes.
    Un fuerte abrazo y felices vacaciones (al que las tenga!!!)

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