Mejor mal acompañado

Soledad 4

Siempre he sentido que hay dos tipos de soledades, muy diferentes entre sí: la soledad voluntaria, la de quien decide que el buey solo bien se lame, y la soledad obligada, la que no te queda más remedio que asumir por rechazo de otros o por no haber sabido ganar la confianza de otros para estar a su lado. Quizá haya una tercera más amarga que las anteriores y es la de quien rechazó la compañía de otros en los momentos álgidos y expansivos de su vida y cuando ésta se contrae, como las arrugas de la piel, nadie quiere compartir las duras cuando se le privó de las maduras.

Quizás usted haya conocido esta noticia: cuatro millones de españoles se sienten solos, tal y como concluye el estudio “La Soledad en España” elaborado por un equipo de investigadores de ASEP (Análisis Sociológicos, Económicos y Políticos) bajo la dirección del profesor Juan Díez Nicolás, promovido por Fundación AXA y Fundación Once. El estudio destaca que más de la mitad de los españoles han experimentado sensación de soledad en el último año y uno de cada diez con mucha frecuencia. Las mujeres solteras y desempleadas son las que más sufren la falta de compañía. Uno de cada cinco españoles vive solo. Según el estudio “Las formas de convivencia” del INE, de los algo más de 18 millones de hogares que hay en España, cerca de 4,5 millones son unipersonales y de ellos más del 40% son de mayores de 65 años. Desde luego estamos creando una nueva sociedad, un nuevo modo de entender la vida en sociedad (hace 30 años los hogares unipersonales en España no superaban el 5% del total) que si no tuviera consecuencias tan desagradables como la soledad obligada, el avance y el progreso serían indudables.

Hace ya muchos años alguien me dijo: “el infierno es la soledad obligada”. Como seres sociales que somos, por definición, creo con firmeza en esa afirmación. Sentirse solo, sin nadie a quien acudir, sin poder compartir los momentos íntimos, la tristeza, la alegría, el amor, los miedos, las frustraciones y tantos y tantos sentimientos que no aparecen reflejados en la cuenta corriente de un banco, debe de ser muy duro de sobrellevar. Dice un proverbio árabe: ”Si quieres ir rápido, vete solo; si quieres ir lejos, ve con otros”. ¿Hay algún viaje más largo que el de la propia vida? El estudio referido destaca que el 8% del total están “realmente aislados”. Viven sin compañía porque no tienen más remedio.

Cuando terminé de leer las conclusiones del estudio me di cuenta de que hay una cuarta modalidad de soledad: la de las personas que viven en familia y tienen tasas de sentimiento de soledad incluso más elevadas que aquellos que viven sin compañía por opción personal. La llamaré la “soledad acompañada”: sentir que estás con otros más a disgusto que si estuvieras sólo contigo mismo pues quien te acompaña no te brinda la compañía que para ti sería satisfactoria.

El saber popular dice “Vale más vivir sólo que mal acompañado”, pero yo lo cambiaría por “Vale más vivir acompañado que mal sólo”. Y ello respetando con plenitud a los que prefieren la esencia de su soledad, la de no tener que dar explicaciones a nadie, la de quien prefiere la compañía cuando siente que la necesita y también el acompañante. Soy de los que piensa que, ya de por sí, la vida nos pone en muchos momentos, como a Gary Cooper, solos ante el peligro. Es cierto que el aprendizaje experiencial es exclusivo de nosotros mismos, pero qué bello es compartir con otros, sobre todo las cosas buenas que nos depara la vida.

lamadriddiario@gmail.com

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