Mejor que…

Comparaciones 1

La última vez que tuve la suerte de poder compartir calor de hogar y café con Lines Vejo, desde su gran sabiduría, me dijo algo que me dio mucho que pensar y que ahora quiero compartir con usted. Lines, refiriéndose a las comparaciones que hacemos entre dos o más personas, dijo: “la expresión ‘mejor que’ debería estar prohibida en el diccionario”. Y, en la mayor parte de los contextos, no puedo estar más de acuerdo con ella.

Desde que nacemos, aunque sólo sea a nivel de parecidos, ya nos están comparando con nuestros progenitores: es más guapo que su padre, es como su madre, el parto ha sido mejor que el del hermano… Según vamos avanzando en la vida la comparación aparece con recurrencia. Las más de las veces en sentido negativo y en una muy equivocada pretensión de estimular la mejora en nosotros. Nos comparan con hermanos, primos, hijos de amigos o vecinos. Somos objeto de comparación constante: “Tu prima saca mejores notas que tú; mira el espabilado de tu hermano lo bien que está haciendo el trabajo; al lado de tu primo te estás quedando hecho un esmirriado…” Ya desde la más tierna infancia se nos obligaba a comparar, aunque solo fuese con el torpe ejercicio de “qué pesa más: un kilo de paja o un kilo de hierro”. Muchos contestaban “el hierro”, siempre en la eterna disyuntiva que tenía que dar valor a lo fuerte y resistente frente a lo débil y pasajero. Creo que la evolución social ha conseguido algo muy positivo en los últimos años: zafarse de ese estigma comparativo, al menos, en las edades escolares. Ahora, en el ámbito de las relaciones personales y mucho más en las profesionales, siguen saliendo a relucir las odiosas comparaciones.

Estoy convencido de que quienes han vivido con diferentes parejas instintivamente han comparado aspectos de unas con otras: él era más cariñoso; ella se preocupaba más por mí… En esencia los otros son los otros y a las personas debemos tomarlas en su totalidad. Si elegimos alguna de sus partes, más aún si la comparamos, estamos perdidos y perdemos a la persona; lo que importa es si el resultado de vida es satisfactorio con esa persona y entender que debemos valorar el lote completo. En el ámbito profesional sucede lo mismo. Nos comparan con el jefe, con la persona que ocupó antes nuestro puesto, con otros responsables de nuestro mismo nivel profesional. Y somos tan torpes los humanos que somos capaces de prescindir de la labor de un excelente profesional por cualquier aspecto subjetivo que hace que de una pequeña parte no valiosa despreciemos el conjunto y su aporte positivo a los resultados de la empresa. Más aún, muchos directivos son ciegos al conjunto y descapitalizan sus empresas por este motivo, e impiden el cambio del profesional en su área de mejora.

Es imposible comparar a dos personas por el simple hecho de que sus circunstancias han sido distintas y por tanto sus competencias y capacidades también lo son. Hoy que sabemos, gracias entre otros a Gardner, que las inteligencias son múltiples, no se nos puede ocurrir comparar globalmente a dos personas. No tiene sentido. (Cuando de chicos nos decían que éramos más tontos que nuestra prima porque sacábamos peores notas en matemáticas, qué bien nos habría venido Gardner para haber respondido: “sí, pero yo tengo un índice de inteligencia emocional superior al de ella.”)

Cada persona somos un mundo compuesto de infinitas competencias (hay tantas como colores, diferente es que no seamos aún capaces de describirlas todas). No hay nadie ‘mejor que’, por el simple hecho de que siempre habrá alguien que nos gane en una en concreto. Muchas son las competencias que componen nuestra personalidad y nuestra capacitación para vivir razonablemente felices en el mundo en que vivimos.

lamadriddiario@gmail.com

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2 Respuestas a “Mejor que…

  1. Hace muchos años hablando con una gran persona que además de catedrático de Ciencias Farmacologia pertenecía al Opus Dei, llegamos a una interesante reflexión. Todos sumamos 100. Solo que hay personas que en sus sumandos destacan más en un área que en otra. Simplificamos de esa forma la esencia de ser humano y de no intentar comparar a unas personas con otras pues es imposible que la ponderación de todos los sumandos coincidan.. y nos acabamos la cerveza (con alcohol obviamente)😀 Feliz agosto Antonio

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