Disfrutar trabajando

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Vivimos en un país ambivalente, casi podría decirse que somos bipolares. Los Episodios Nacionales decimonónicos de Don Benito Pérez Galdós se repitieron en el siglo XX, lo siguen haciendo en el XXI y se repetirá en los siglos venideros. Como ahora se dice, forma parte de nuestro ADN como nación. Nuestra bipolaridad se pone de manifiesto en lo político, lo social, lo personal y, cómo no, en lo laboral: en el trabajo que unos disfrutamos y del que otros carecen. En particular ahora me refiero al hecho indiscutible de que a muchos de los que tenemos un trabajo nos lleva buena parte de nuestra jornada diaria. Y para muchos de los que no lo tienen (a ojos de Montoro) lamentablemente el tiempo juega en contra de ellos justamente por el exceso del tiempo del que disponen. A día de hoy se calcula que un 30% de la población activa española es pobre en tiempo (y muchos “milenials” lo son en tiempo y en dinero, que es peor).

Hoy quiero hablar de aquellos a los que, cuando trabajamos, nos dicen: “Se nota que te gusta lo que haces”. Yo siempre respondo: “Claro, no podría hacerlo de otro modo”. ¿Pero cómo se puede disfrutar con la maldición del “ganarás el pan con el sudor de tu frente”? En mi opinión, haciendo aquello para lo que estás más capacitado o has conseguido capacitarte. El buen entrenador de un equipo deportivo, como buen líder que es, le dice a su equipo “salid al campo y disfrutad jugando”. El juego es su trabajo y su trabajo es un juego; serio y responsable, pero en un juego a fin de cuentas. Al final lo que se consigue es disfrutar del momento, del partido. Y si luego se gana, miel sobre hojuelas.

Uno puede ver su trabajo como una maldición, con resignación, o como una gran oportunidad de ser él mismo que la vida le brinda. Lo que no podemos permitirnos es el lujo de pensar que a todos los que tienen o han tenido éxito profesional en sus vidas les ha venido regalado del cielo. Ese artista, empresario, profesional o deportista de fama y reconocimiento en mayor o menor medida se lo ha tenido que trabajar. Su éxito reluce ante nosotros, muchas veces, tras años de esfuerzo, privación o dedicación exclusiva y lo peor que podemos hacer cuando destellan es pensar “¡qué suerte ha tenido!”. Piense más bien “¡cómo se lo ha currado!”: estará más cerca de la realidad.

Malcolm Gladwell es el sociólogo y periodista que ha desarrollado la teoría de que hay que invertir al menos 10.000 horas en la vida a una dedicación en exclusiva para llegar a ser un profesional de éxito en esa actividad. Personalmente, no sé si la cifra es esa o puede ser otra, pero lo que tengo claro es que además de la cantidad de horas ese éxito (siempre a juicio de los demás, más que de uno mismo) depende de la calidad, del grado de disfrute que se haya sentido en esa dedicación. De verdad que no es ninguna paranoia el disfrutar de lo que uno hace, de su trabajo, de las sensaciones de logro cuando se superan retos y dificultades, de conseguir un hito más y de hacerlo con ilusión, con la satisfacción del trabajo bien hecho. Trabajar apasionadamente no significa más que disfrutas con lo que haces, con cómo te sientes y con el resultado de tu trabajo que es útil y valioso para otros. Para ello hay que capacitarse y formarse y sobre todo, como dijera Steve Jobs, “stay hungry, stay foolish” (mantente hambriento, mantente insensato). Es decir, sé inconformista, quiere más de lo que consigues, aspira a más y hazlo con originalidad, con tu personalidad, siendo diferente.

lamadriddiario@gmail.com

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