Ser optimista

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Le propongo un pequeño juego mental. Piense en algún hecho, circunstancia, acontecer; cualquier cosa que le haya sucedido en los últimos días. Ya lo ha hecho. Bien. En función de lo primero que le haya venido a su imaginación usted tendrá una tendencia a un determinado estado de ánimo. El recuerdo se corresponderá con un hecho de cierto impacto para usted o se encontrará en una situación transitoria que le haya inclinado a que sus neuronas se hayan activado concretamente de ese modo. Sea consciente de que ese pensamiento tiene muy poco que ver con el azar y mucho con todo el complejo entramado que en su mente entró en acción si mi propuesta fue sugerente para usted.

En cualquier caso ese pensamiento que ha arribado a su consciencia tiene un sesgo, un regusto (como un buen alimento después de haber sido degustado) y mayoritariamente será positivo o negativo en función de la óptica, de las gafas con las que usted haya querido verlo, sentirlo, experimentarlo o recordarlo. Ese sesgo, esa manera especial de valorar lo que nos sucede es lo que determina su particular modo de ver la vida, de afrontarla, de superar dificultades, de tener ganas de volver a empezar, de pensar que usted es el foco de todo lo desgraciado del universo o que simplemente forma parte de él y que quiere obtener el mejor partido emocional del mismo. Ese sesgo especial es el que, ante un mismo acontecimiento, impacto o suceso, unas personas lo enfocamos en positivo (una experiencia más, hacernos más sabios, permitir que otra puerta se abra o que nos lance a buscar nuevas oportunidades para ser feliz y confiar en el entorno y en los demás) y otras lo hacen en negativo (con resentimiento, autolimitación, desconfianza hacia los demás y que se acumula en la basura mental de nuestro cerebro/alma).

Ser pesimista es lo más fácil, cómodo y confortable. Es una actitud ante la vida que, como prevemos que va a dar un mal resultado a nosotros o a otros, nos convierte en inmovilistas, inactivos, pasivos y dolientes del mundo que está en contra de nosotros. Ser pesimista es desperdiciar claramente cualquier oportunidad propia o ajena. ¿Cuál es el mensaje de un pesimista?: “soy realista”. Ante eso lo único que hay que responder es: “No, la realidad en la mente de cada persona es, única y exclusivamente, como esa persona quiere verla; ni más ni menos”. La realidad es neutra, es un hecho desprovisto de juicio y opinión. La realidad no se contempla a sí misma, simplemente existe; nosotros somos los que damos entidad, valor y calificación a esa realidad.

Ser optimista es una actitud proactiva de visión positiva de uno mismo y de la vida. Según nacemos (hecho en absoluto meritorio por nuestra parte), todos recibimos inputs, nos vamos conformando –dando forma – según lo que nos va sucediendo y el modo en que nosotros estamos dispuestos a verlo. Evidentemente un entorno desfavorable, tóxico o abyecto no es la mejor cuna, pero incluso con esos mimbres se pueden construir cestos excepcionales, y se hace. Ser optimista es la capacidad, casi siempre constante, de separar el grano de la paja, de ver la botella medio llena, de pensar que lo mejor siempre está por suceder, de creer que con esa persona podremos conseguir algo bueno para ambos y de estar siempre dispuesto a reenfocar en positivo todo lo que, como a todos, nos va sucediendo en el devenir.

Como decía aquel anuncio televisivo de los años setenta: “¡Vaya alegre por la vida, hombre!” Y hágalo con optimismo; sucederá lo que tenga que suceder, la cuestión es cómo lo vamos a recordar…

lamadriddiario@gmail.com

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4 Respuestas a “Ser optimista

  1. Me encanta Antonio!! No es tanto lo que nos pasa en la vida como lo que nosotros hacemos con lo que nos pasa, somos constructores de emociones y estás se generan con nuestros pensamientos, de nosotros depende quienes somos. Madurar no sólo es hacerte cargo de tus acciones, sino también de tus pensamientos. Un saludo y que hagamos una semana llena de pensamientos positivos.

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  2. Aun sigo siendo un tremendo optimista y eso que estoy en el ocaso de mi vida. Pero…pienso demasiado. Sólo encuentro placer en casa, con los míos, con mis amigos, con la naturaleza, pero no sé qué hacer. Hacer me hace feliz, para intentar ayudar a los que se quedan aquí (por un poco más de tiempo). Y no puedo soportar no hacer nada. El problema es que a los que están aquí, no les interesa más que la ciencia para producir cosas que les haga ganar dinero. Consumir y tener para consumir. En cualquier caso, voy poco a poco encontrando cosas gratis, que alimentan este optimismo.

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    • Sigue siendo optimista Ignacio, no dejes nunca de serlo y también entiende que los que no podemos, aún, ser jubilosos tenemos que ganarnos el pan cada día y eso nos hace ser asquerosamente prácticos…
      Muchas gracias por ser como eres.

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