¿Cómo sería…?

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Todos tenemos un círculo de personas que son influyentes en nuestras vidas: pareja, hijos, familia, amigos, compañeros de trabajo, jefes, clientes, vecinos y conocidos. Si lo pensamos bien, conforman un grupo de personas de verdadera importancia y que tejen una red, en muchos casos, rica, compleja. Debemos saber gestionarla por nuestra propia estabilidad emocional, económica, social o intelectual.

Pensando en ese conjunto de personas, las que hubo, hay y habrá en nuestras vidas, me puse a imaginar y me dije: ¿Qué pasaría si tomando esas mismas personas se trastocara su relación con cada uno de nosotros? ¿Cómo sería cada uno de ellos si cumpliera un rol diferente en nuestras vidas? ¿Los percibiríamos del mismo modo? En el teatro de nuestra propia existencia, ¿el personaje tendría los mismos atributos o sería completamente distinto?

Imaginemos: piense en todas esas personas relevantes en su vida. A cada uno de ellos le colgamos un cartel bien grande en el pecho con lo que ahora representan. Y como la imaginación puede con todo, vamos a dar la vuelta al cartel e imaginar cómo sería cada de uno de ellos con un papel diferente. Por ejemplo imagine que su pareja, de repente, pasa a ser su jefe. ¿Cómo sería? O esa persona, próxima a nosotros, pero que no soportamos o no nos soporta, ¿cómo sería si fuera nuestro padre, hijo o nuestro mejor amigo? ¿Cómo sería nuestro jefe si fuera nuestra pareja, o nuestro hijo? ¿Y si nuestro mejor cliente fuera, de repente, nuestra pareja o uno de nuestros padres? ¿Los comportamientos serían los mismos? Olvidemos por un momento la genética. ¿Cómo sería nuestro hijo si fuera nuestro padre o nuestro jefe? ¿Somos capaces de visualizar a ese vecino de toda la vida dentro de nuestra casa siendo nuestro hermano? ¿O al compañero “trepa” del trabajo convertido en nuestro adorable hijo? Las combinaciones son casi infinitas y es más que probable que no seamos capaces de llegar a imaginar con verosimilitud cómo serían esas personas si las ubicáramos en otros escenarios de nuestra vida y, por supuesto, cómo seríamos nosotros mismos en relación a ellas. Las cualidades de las personas más queridas por nosotros ¿serían las mismas si ocuparan otro rol diferente en nuestras vidas? Nuestro jefe, cliente o compañero ¿sería una persona diferente si fuéramos realmente valiosos en sus vidas?

Lo cierto es que a todos nos han asignado un papel inicial (como los billetes que nos reparten en el Monopoly antes de jugar) con una familia que nos ha sido dada y que por el hecho de tener los mismos apellidos que nosotros ya condicionan, de arranque, en buena medida, el curso de nuestra existencia. El resto de la partida la tenemos que jugar por nuestra cuenta con la suerte (los dados) y las cartas que nos vayan saliendo. Eso sí, la estrategia del juego, la perseverancia, el optimismo, la actitud en suma que despleguemos en el juego, en la mayor parte de los casos van a estar por encima del azar. Incluso, hay muchos que con buenos dados consiguen ser infelices, desgraciados o poco “afortunados”. Aunque la suerte sonría, si el saco en el que cae no tiene fondo, se pierde. Muchas veces somos nosotros mismos los que impedimos que la buena suerte aliñe bien nuestras vidas. En esa ensalada de personas y condicionantes que nos rodean, si le hemos puesto mucho vinagre, por muy buenos ingredientes que tengamos, o va a resultar incomible o va a resultar indigesta, una de dos.

Y puestos a imaginar más aún, ¿cómo habría sido nuestra vida si la esencia de nosotros mismos hubiera nacido en la actual Siria, como hijos de Amancio Ortega, en el Nepal de la miseria y los terremotos, en una favela o siendo la pareja de Barak Obama? Nuestra esencia personal ¿cómo sería…?

 

lamadriddiario@gmail.com

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12 Respuestas a “¿Cómo sería…?

  1. Buenos días Antonio. En todos los casos que planteas nuestra vida sería muy diferente a como es ahora. Somos lo que somos por la suma de todo lo vivido y eso incluye tanto experiencias como personas que nos acompañaron. Me gusta el ejercicio que planteas, pues él nos ayudaria a meternos por un ratito en la piel del otro. Un saludo y buena semana llena de imaginación y empatia.

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    • Me alegro de que hayas percibido la idea que pretendía transmitir: Imaginar situaciones diferentes a las actuales y cómo hubieran sido nuestras percepciones de personas que, para ellos mismos, también hubieran sido diferentes.
      Gracias Marijose.
      Que tengamos una muy buena semana.

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  2. ¡¡¡Felicitaciones Antonio por ponerte a imaginar ¿Cómo sería…?. !!!

    Me ha encantado ponerse en el otro lado, una buena manera de relativizar y cuestionarnos las relaciones humanas y a nosotros mismos, máxime en una época de tanta incomunicación real, de tanto miedo “impuesto al diferente a uno mismo”, gobernada por la inseguridad, en la que parece que todos somos culpables hasta que se demuestre lo contrario.
    Y una emoción mayor, hasta la congoja, al pensar que nosotros mismos somos nuestros mayores detractores. ¿Cómo hacer para revertirlo?
    Un abrazo.

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    • Creo que un buen ejercicio de imaginación, como bien dices, para revertirlo, sería el de pensar que cualquier persona con la que nos encontremos, por la vida, podría haber sido nuestro padre, madre, hijo, amigo, jefe o compañero; cualquiera. ¿Cómo valoramos a esa persona al pensar así…?

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  3. Hola amigo: Echándole mucha imaginación y poniéndome en el lugar del hijo de Amancio Ortega, trataría de hablar y utilizar las riquezas para convencer a los culpables del conflicto.
    In extremis, no tendría escrúpulos para acabar con todo el que actúa con tanta maldad y de forma tan despreciable hacia el ser humano.
    Y respecto a ser pareja de Obama, pues convencerle para que encuentre el motivo de tal desastre y trabaje para acabar con ello.
    Pero es muy complicado cambiar nada a no ser que tengas poder y más complicado encontrar alguien con poder y moral alta.
    Da igual ponerse en cualquier situación. Lo que es…es y no puede ser de otra forma.
    Sólo nos queda, agradecer y conformarnos con lo que nos ha pasado y disfrutar de lo que quede.
    Un abrazo Antonio

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  4. Un muy necesario ejercicio de empatía, tan escaso en estos tiempos del “Yo” por encima de los demás .Por experiencia, realizar este ejercicio te aleja de rencores y te da una libertad muy preciada para ir por la vida sin mochilas pesadas. El otro tiene sus razones, y el hecho de siquiera intentar ponerte en su lugar, aunque no las compartas, hace que cosas inexplicables en un primer momento, no lo sean tanto.
    Un saludo Antonio.

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    • Yo no lo hubiera sabido expresar mejor, Elena. Sí, hay que ir por la vida sin mochilas, sin basura mental como yo digo, de otro modo tu percepción de la vida y de los demás será tan, tan limitada.
      Muchas gracias por tu comentario; muy valioso.

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  5. Antonio, evidentemente todo cambiaria, ni lo malo de los no tan proximos seria tan malo, ni lo bueno de los nuestros actuales seria tan bueno. Es cierto que ademas, dependiendo del rol que juguemos con cada persona y en los diferentes escenarios, hace que nosotros mismos actuemos de maneras muy diversas.
    Un abrazo

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    • Ahí está la esencia, Piru, en que nosotros tomamos una representación u otra en función de nuestras percepciones, del entorno, de la vinculación, de los compromisos, del parentesco, etc. Esa es la madre del cordero :-):-)

      Muchísimas gracias por tus comentarios. Buena semana.

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  6. Yo creo que, como dijo Ortega, “yo soy yo y mis circunstancias” cada uno somos lo que somos en función de circunstancias y entorno. Lo que todos tenemos en nuestra mano es cambiar la mayoría de nuestras circunstancias y nuestro entorno. Otra cosa es que queramos.

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    • Claro, así es, todos somos en función de nuestras circunstancias y si queremos podremos conseguir cualquier cosa, empezando por estar más abiertos a la realidad de los demás :-):-)

      Muchas gracias Mercedes por tu rico comentario.

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