Un cuento de Navidad

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Uno de los cuentos de tema navideño más conocidos, tanto en texto, en imagen animada o en película, es “Un cuento de Navidad” de Charles Dickens. En él se narra lo sucedido al miserable y tacaño Ebenezer Scrooge al que se le aparece el fantasma de su antiguo socio, Jacob Marley, y le obliga a vivir las Navidades pasadas, presentes y futuras. El cuento tiene su propia pedagogía al mostrar diferentes escenarios en los que se pueden ver las consecuencias de su actitud; en el fondo lo que Dickens le ofrece al avaro es una segunda oportunidad.

¿Imagina usted cómo podría ser su propio cuento de Navidad? ¿Qué acciones o actitudes cambiaría de usted si estuviera en sus manos? ¿Volvería a vivir, a hacer lo mismo, o cambiaría alguna parte en su vida? Como se suele decir, ¿ha dejado muchos “cadáveres” en el transcurso de su existencia o, por el contrario, vaya a donde vaya será bien recordado y recibido? ¿Hay asuntos de su vida que si pudiera los cambiaría o cree que todo lo que ha vivido ha merecido la pena y se siente satisfecho por ello? Vaya preguntas que le hago… precisamente en estos días… Lo cierto es que no creo que la Navidad nos haga mejores (no creo en el buenismo de la Navidad), como tampoco pienso que otras épocas del año nos hagan peores. Y no creo que tenga que ser una época del año en la que uno se lo tenga que pasar bien por obligación. Hace una semana, en un programa de radio, me preguntaban: “¿Cómo vas a pasar la Navidad? ¿Vas a salir fuera?” La pregunta me permitió contestar algo que siempre he pensado. Dije: “frente al tópico de ‘¿cómo vas a pasar la Navidad, bien o en familia?’, yo prefiero decir: ‘la voy a pasar muy bien en familia’”.

Pensándolo bien, quizá la Navidad sí que sea una excelente época para encontrar una buena excusa para deshacer entuertos, arreglar malos entendidos, tener un ataque desenfrenado de humildad y reconocer lo que nos hizo poco dignos de lo que hoy somos frente a personas del pasado. Si yo pudiera, pediría perdón a muchas personas. Lo haría por todos aquellos momentos en los que he ignorado o ninguneado a otros; por las situaciones en las que no he sabido estar a la altura de las expectativas que sobre mí se tenían; me disculparía ante aquellos de los que no he hablado precisamente bien o he permitido que otros lo hagan en ausencia del vilipendiado. Ahora que veo –como dijera Miguel Ríos– “mi vida como en Technicolor” soy consciente de que por acción o por omisión seguro que he dejado más “cadáveres” que los que imaginaba antes de ponerme a escribir estas líneas.

Siempre he pensado que nunca es tarde si la dicha es buena. Y claro que sería dichoso poder disculparse ante tantas personas con las que uno no ha hecho lo correcto en su vida, sobre todo si había plena consciencia de ello. En definitiva, hay unas cuantas personas con las que querría tener esa segunda oportunidad y no tanto por descargar la conciencia sino por el simple hecho de dar a cada uno lo suyo. En la vida hay unos compañeros de viaje como el orgullo, el pundonor, la soberbia, el desprecio, el rechazo y la maledicencia, que cuando se desplazan con nosotros al final, en muchos casos, nos obligan a desandar el camino para soltar los nudos que se han atado en nuestras conciencias. Yo prefiero ser el que cuente la Navidad, y no el protagonista de un cuento de Navidad. Le deseo que tenga una muy Feliz Navidad.

lamadriddiario@gmail.com

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