Parejas LAT

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Hace poco que he conocido este nombre para un tipo de relación de pareja que me parece singular. Me refiero a las parejas LAT (Living Apart Together); vamos, lo de toda la vida de vivir juntos pero separados. Las LAT son aquellas parejas que deciden amarse, ser tales, pero sin tener que vivir bajo el mismo techo. Para ellas no vale lo de cada oveja con su pareja, sino que aquí las ovejas pacen juntas pero duermen en establos diferentes. Este nuevo modo de convivencia nace en los países anglosajones (dónde si no) y va tomando cada vez más fuerza en el mundo occidental. En Estados Unidos son cerca de dos millones los matrimonios que no viven juntos, en torno al 7% del total de las parejas que viven en el país. En Inglaterra esa cifra supera el millón cien mil parejas tal y como constata The Economic and Social Research Council. Una encuesta encargada por el Instituto de Estudios Demográficos francés revela que en Francia un 10% de las parejas son LAT. En España, alrededor del 8%, según los datos que facilita Luis Ayuso, profesor de Sociología de la Universidad de Málaga. Y yo sin saberlo… Será porque el 61% de esas parejas que viven separadas son menores de 35 años…

Con el matraz y la pipeta pudiera parecer que es una buena opción, tú en tu casa, yo en la mía y cuando nos apetezca estamos juntos y cuando no, separados. Desde un punto de vista de ordenación de la vida parece que pueda tener todo el sentido. Pero para quien esto escribe, bien por genética o bien por educación, cuando te enamoras de alguien el primero de los anhelos es poder vivir junto a la persona que amas. En ese punto no hay nada más importante ni más determinante que lo que refleja aquella expresión tan tradicional que dice que el casado, casa quiere. Es cierto que la convivencia puede ser difícil, que las manías de cada cual pueden rozar con las del otro, que lo que para unos es normal para otros es molesto o incómodo (seguro que está pensando en este momento en todo lo que le incomoda de su pareja y a ella de usted). Por no hablar de temas escatológicos, de los ronquidos, de las manías en el aseo personal, de la falta de agua en la ducha o del uso de enseres o aparatos que sean únicos y que ambos quieran utilizar al tiempo. Y todo ello sin olvidar que la relación íntima se puede acabar convirtiendo en poco más que un intercambio de fluidos. ¿Dónde queda el amor y el contigo pan y cebolla?

También es cierto que muchas de las parejas que son LAT, sobre todo en España, lo son por mera necesidad, por no disponer de recursos económicos para vivir en una vivienda de pareja y tienen que seguir viviendo con su familia de origen. Ello también puede estar en la base de que en 2015 celebráramos 166.000 bodas, 50.000 menos que en el año 2000, según el último informe del INE. De hecho de las investigaciones citadas se desprende que sólo en el 30% de los casos se trata de una decisión personal. Para el resto no ha habido otra alternativa. Su insolvencia económica les impide emanciparse.

Dicho todo lo anterior me parece de lo más respetable la decisión de ser una pareja LAT. Lo que no veo a día de hoy es su conveniencia cuando hay hijos por medio. Si se trata de una familia con dos progenitores, en el hogar familiar el referente de ambos es esencial para el aprendizaje, para la educación y para la estabilidad emocional de los hijos. Si se asume la responsabilidad de tenerlos todo indica que ha de ser una labor conjunta y bajo un mismo techo y el LAT tendrá que esperar a mejores tiempos.

 

lamadriddiario@gmail.com

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