SuperTrump

Me permito este título como un juego de palabras aludiendo no a la banda de rock inglesa creada por Rick Davis en 1969, sino al Superman que a día de hoy gobierna el mundo galáctico del imperio contra todo y contra todos. Por cierto, qué gran banda Supertramp con canciones que hoy forman parte de la música clásica de los años setenta del siglo pasado y con una musicalidad que nunca llega a cansar.

Me atrevo a hablar, tras un tiempo prudencial, de Trump, del presidente de los Estados Unidos de América y al que no interesan, por cierto, los estados unidos de Europa. Su actual reinado demuestra que en Estados Unidos cualquiera puede llegar a ser Presidente, más aún si quien trata de conseguirlo tiene de su lado medios de comunicación y mucho dinero para conseguir lo único que le falta a quien ya lo tiene casi todo: el poder a ese nivel. Aunque ese poder, desde los primeros hasta los actuales compases se ha demostrado que no es tan omnímodo ni poderoso, pues hay muchas kriptonitas que le impiden coronar lo que en su mente y en sus palabras ha acariciado llegar a conseguir.

Donald Trump no es ni bueno ni malo, simplemente hace honor a la trayectoria que siempre ha seguido en su vida personal. Por tanto, no engaña a nadie; está haciendo lo que siempre dijo que quería hacer: Sus “trampas” sólo hacen honor a su nombre.

¿Qué pienso que pretende Trump? Él ha apelado al orgullo de ser “americano”, lo cual es muy loable. Pero lo ha hecho y lo sigue haciendo, Twitter en mano, con métodos y procedimientos que se alejan mucho de lo que se espera de un personaje de tan alto nivel. Sobre todo si lo comparamos con el Sr. Obama, quien para mí ha sido el mejor Presidente que ha tenido Estados Unidos desde que tengo uso de razón. Trump ha sabido decir lo que muchos americanos piensan de la inmigración, de la sanidad, de los impuestos, de la riqueza, etc. Está pretendiendo devolver a sus ciudadanos el orgullo de pertenencia a su país con esa visión retro que lo hizo ser el país más poderoso del mundo a comienzos del siglo pasado. Es lícito que así lo haga. Lo que sucede es que los tiempos actuales con un mundo globalizado, con el poder mucho más repartido entre las naciones, con internet campando por sus respetos y con un sentido mucho más civilizado por lo que somos los seres humanos como personas cargadas de derechos, creo que sus políticas no van a cuajar. Sobre todo porque no son económicamente rentables, porque interesa seguir explotando a los que con pocos dólares hacen el trabajo que los que tienen muchos no quieren hacer y porque hay una gran industria de consumo que quiere que todos, ricos y pobres, sigan consumiendo.

Trump ante todo es empresario, con sus luces y sus sombras. Lo que tratará de conseguir detentando el poder es que la gran empresa que es Estados Unidos gane más, sea más imprescindible para el resto del mundo, que domine en monopolio todo cuanto genere buenos ingresos. Y que el que parte y bien reparte nunca se quede fuera del reparto. Cuando deje de ser Presidente sus empresas deberán seguir funcionando, mejor que antes si fuera posible. Por eso con una mano tiene que firmar para el pueblo y con la otra para sus propios intereses, aunque no sea su mano la que firme. En cualquier caso tiene al alcance de la mano ejercer la ambición del poder dejando un buen sabor de boca a sus votantes (el resto del mundo le da igual) o frustrándoles por no haber conseguido todo aquello que les había prometido. En el fondo, en el fondo, Trump es un representante de todos aquellos que le han votado, ni más ni menos.

 

lamadriddiario@gmail.com

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