Vacaciones

Estar de vacaciones supone llevar una vida más o menos regalada, desarrollando actividades que habitualmente no hacemos y que son gratificantes; actividades que nos cuestan dinero y ahorros, que suelen implicar viajes o desplazamientos, y que nos permiten conocer nuevos lugares, gentes y costumbres. En España la conciliación escolar, laboral y en general familiar nos suele obligar a que una buena parte de las vacaciones las concentremos en los meses de verano. El que seamos país de playa, paseo y chiringuito no es sólo para los 80 millones que nos visitarán este año; también es costumbre ancestral nuestra. En verano se despiertan las chancletas, los helados, bañadores, terrazas y billetes de avión, además de la arena en los bolsillos como canta Manolo García.

Nuestros antepasados más recientes carecían de estos descansos pagados, que hoy los consideramos un derecho. Lo cierto es que ellos muy seguramente no tenían una vida laboral tan intensa, sobre todo en el trabajo que exigimos a nuestro cerebro para prestar servicios de calidad a otras personas. Entonces la agricultura y la industria suponían el 90% de la generación de riqueza y hoy no llegan al 25%. Por ello necesitamos desconectar, que nuestro cerebro rompa hábitos, tensiones y requerimientos.

Diversos estudios científicos consideran que el tiempo óptimo para disfrutar de unas merecidas vacaciones es de 8 días. Quizás esto implique necesariamente que debamos cambiar nuestros hábitos vacacionales, disfrutando de más períodos de descanso pero más cortos. Según los expertos al segundo día vacacional nuestro cuerpo ya refleja la bondad del descanso, del cambio de actividad; el beneficio es casi inmediato. A partir de los 8 días los rendimientos marginales, los días añadidos, dejan de ser tan valiosos como los primeros.

Las vacaciones, en el ámbito laboral, también son una mala excusa para postergar decisiones, trabajos, prestaciones, etc. ¿Por qué? Pues porque desde mediados de junio, aproximadamente, muchos profesionales comienzan a trasladar a sus interlocutores el conocido mantra de “mejor lo vemos en septiembre; en estas fechas ya es muy difícil”. Es como si el país entero se quedara fuera del juego de la generación de valor desde mediados de junio a mediados de septiembre. Tal cual parece como si tuviéramos tres meses de vacaciones en lo administrativo, político, profesional y empresarial; hasta los telediarios se las ven y se las desean para “rellenar” noticias. Nos queda, por tanto, la tarea de eliminar la excusa del verano. Quizás fragmentando las vacaciones en períodos más cortos y permitiendo que los trabajos y las tareas sigan, un poco más ralentizadas, pero sin detenerlas. Disfrutemos del ocio, pero no nos olvidemos del negocio. Felices vacaciones.

 

lamadriddiario@gmail.com

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