¡Quiérete!

Nuestra educación y cultura están soportadas por claras influencias judeocristianas, lo cual en sí mismo no es bueno ni malo; simplemente es. Si sabemos destilar lo bueno de lo menos bueno seremos mejores personas y, sobre todo, más felices. Uno de los principales “mandamientos” de la religión cristiana dice “ama a tu prójimo como a ti mismo”, idea de comportamiento que comparto, pero que implica necesariamente que nos amemos a nosotros mismos, que nos queramos. Hay una máxima que se convierte en axioma en el género humano: si no te quieres a ti mismo, es imposible que puedas querer a otros; si no estás lleno de ti mismo, es imposible que puedas dar a los demás. Es así de sencillo y de contundente.

En nuestra cultura parece que no es políticamente correcto pensar en uno mismo, en lo que nos beneficia o satisface. Parece que siempre tenemos que estar pensando en los demás para poder calificarnos como de “buenas personas”. No es así la cosa. Alguien clave en mi vida dice que la felicidad tiene que ver con el equilibrio. Y así lo creo: es sentirse bien con uno mismo, para poder sentirse uno bien con los demás.

A muchas personas les pregunto: ¿Cuánto te quieres? Sé la respuesta: poco, muy poco, o casi nada. Y les digo: ¡Quiérete! Desprecia toda esa basura de unos malos hábitos sociales ancestrales, la basura de los chantajes emocionales de los demás, la de nuestra propia falta de autoestima, la de las personas que dicen querernos y en el fondo nos desprecian para sentirse ellos bien consigo mismos, la de los “jefecillos” que por suerte o tiranía han llegado a ser algo y no permiten que nadie les coma “su tostada”, la de los hijos tiranos que hemos permitido que esclavicen nuestras vidas, la de las parejas tóxicas que minan nuestro amor propio no dejándonos ser nosotros mismos. Toda esa basura tiene que estar en el basurero pero no en nuestra alma. Creo que por el mero hecho de ser personas con un mínimo de inteligencia y de buena fe tenemos todo el derecho del mundo a querernos y a sabernos importantes en el mundo en el que vivimos y con quienes convivimos.

Quererse a uno mismo es un acto de generosidad con los demás, tal cual. Por supuesto sin engreimiento; con mucha, con toda la humildad de la que seamos capaces, pues ésta no está reñida con ese amor hacia nosotros. Más bien todo lo contrario. Además si te quieres es muy seguro que los demás te quieran en la misma proporción en un bucle que constantemente, y a pesar del empedrado de la vida, se realimenta, como una batería que siempre está enchufada y aportando energía a un dispositivo. Tanto monta, monta tanto.

No es fácil limpiar toda esa basura mental. Pero cuando se consigue es tal cual como si lleváramos años viendo la vida con unas gafas empañadas y de repente algo o alguien nos las limpia y alcanzamos a ver una realidad para la que estábamos ciegos. Quiérete, por ti y por los demás.

 

lamadriddiario@gmail.com

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