Empatía

Hermosa palabra. Empatía, tantas veces repetida y, muchas de ellas, no entendida. Cuando decimos que empatizamos con alguien entendemos que somos capaces de pensar y, sobre todo, de sentir lo mismo que siente esa otra persona. Empatizar significa ser capaces de ponernos en el lugar de la otra persona pero no con nuestra mente, principios, prejuicios y educación, sino con la mente y la emoción de la otra persona.

Ejercer la empatía, tanto individual como social, es muy difícil. Que se lo digan a las representaciones teatrales de nuestros actuales políticos cuando debaten entre ellos. Cuando realmente consigues empatizar con otra persona se produce como una chispa que ilumina la oscuridad de nuestra comprensión del otro. De repente entendemos lo que nos está diciendo, cómo se siente y hasta podemos experimentar en nuestra mente la alegría o el sufrimiento de quien nos hace su relato. Para poder empatizar es imprescindible prescindir de nuestro propio “registro” y olvidarnos de nosotros mismos para ser capaces de ver con los ojos del otro. En ese ejercicio debemos dejarnos impregnar por las mismas sensaciones que ha experimentado o que experimenta esa otra persona.

Uno de los más grandes beneficios que podemos conseguir cuando realmente nos ponemos en el lugar del otro es la capacidad de sugerir o recomendar el comportamiento que la otra persona debiera tener, si es que nos está pidiendo nuestro parecer. En ese momento es como si nos colocáramos unas gafas de realidad virtual (mucho más conseguida que la actual) y fuésemos capaces de aportar nuestras sugerencias sin tener que ser nosotros los que las ejecutemos. El beneficio, en este caso, es que podemos recomendar actuaciones sin la presión, las limitaciones o los miedos que sufre nuestro interlocutor y que le impiden ver con nitidez lo que nosotros somos capaces de ver.

En el otro extremo de la empatía están los psicópatas, aquellas personas que carecen de un buen número de neuronas espejo (absolutamente necesarias para empatizar) y que son capaces de ver la vida desprovista del sufrimiento, el dolor o el disfrute ajeno. El psicópata no siente dolor cuando ataca, daña o agrede a otros; sus impulsos carecen del freno del efecto que pueden deparar sus actos en otros.

La empatía es una de las bases de la inteligencia emocional, la que nos permite relacionarnos mejor con otros. Es la madre de lo que personalmente intento conseguir cuando expreso, en estas líneas, mis ideas o pensamientos. Digo lo que siento que debo de decir pero tratando de pensar lo que usted va a pensar. Difícil, ¿verdad?

 

lamadriddiario@gmail.com

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s