Golpe a golpe; verso a verso

Estas palabras como usted sabrá se deben a Antonio Machado; versos que pertenecen a la sección “Proverbios y cantares” del poemario “Campos de Castilla”. Me han venido a la mente cuando pienso en las repercusiones de nuestros actos cuando somos progenitores de esos seres (nuestros hijos) que a su vez inculcarán en los suyos la herencia recibida. La genética no es la única herencia que dejamos a nuestros hijos, y seguramente tampoco sea la más importante. Lo es mucho más la conducta que con ellos tenemos: el resultado de nuestros actos y comportamientos no se limita a las consecuencias directas de los mismos, sino que también tienen efectos colaterales que no somos capaces de valorar en el momento.

Leo con espanto la historia de Genie, nacida en 1957. Su padre Clark Wiley había sido criado en orfanatos y familias de adopción, luchó en la Segunda Guerra Mundial y careció de lo más elemental que necesita un ser humano: amor.

Genie, quien ni siquiera tuvo nombre, fue atada por su padre con una camisa de fuerza en su habitación con tan sólo 22 meses, y amarrada con cuerdas a una silla con orinal. Permanecía encerrada en una casa blindada al exterior; tenía prohibido emitir cualquier tipo de sonido y si lo incumplía era golpeada hasta callar. Para dormir la acostaba en una jaula de alambre. Así vivió Genie durante once años junto con su madre y su hermano. Asustados, presos en su propio “hogar” y amenazados por el padre, que se paseaba por la casa con una pistola en mano. Cuando, como casi siempre por azar, se descubrió toda la trama, el maldito cobarde se suicidó sin que existiera posibilidad de castigar su conducta.

Por supuesto que la inmensa mayoría de los padres no somos como Clark Wiley. Pero sí debemos pensar en que nuestros actos tendrán repercusión en nuestros hijos mucho más allá de la que provocamos el día en que sencillamente les engendramos.

Las generaciones anteriores a las nuestras tuvieron mucho de golpe y poco de verso. La letra entraba con sangre, los hombres no lloraban, las mujeres eran débiles, la vida un valle de lágrimas, el buen sexo era pecado, el respeto a los padres era verdadero miedo, la religión un modo de someter voluntades y el dinero el medio para comprarlas.

Hoy, lamentablemente, aún hay muchas personas que carecen de lo más elemental: haber sido amadas y queridas. Lo sustituyen por dinero, poder, ansiolíticos o antidepresivos. No dejemos nunca de amar y de querer a quienes lo merecen; es la mejor herencia genética que podemos dejar.

lamadriddiario@gmail.com

 

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2 respuestas a “Golpe a golpe; verso a verso

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