Asertividad

Se trata de un modo de hacer de las personas necesario para reforzar un estilo de comunicación del que adolecemos bastante. La asertividad consiste en poder decirle a otra persona o personas lo que sentimos que debemos decir, sin cortapisas y sin ambages, pero sin ofender o molestar al otro cuando así nos manifestemos.

La asertividad es un comportamiento intermedio entre dos conductas polares o extremas. De un lado está la actitud pasiva de quien no dice lo que quiere decir por temor a ofender o por temor real a la represalia verbal o fáctica del otro. Quien así actúa se “corta” de expresar sus opiniones o sentimientos y estos quedan recluidos en la mente hasta que salen por la vía menos adecuada posible. (Descargamos con otras personas a las que consideramos más débiles que nosotros o simplemente lo somatizamos y puede llegar a generar en nosotros enfermedades.) El otro comportamiento extremo, tan extendido como el primero pero mucho más visible, es el de la agresividad, verbal siempre, física a veces. De tal modo que no sólo decimos lo que queremos decir sino que lo exageramos, lo cargamos de toxicidad, de agresividad y de salidas de tono para defender nuestros intereses o ideas.

En la fauna humana, como en botica, hay de todo. Además de gente honesta, humilde y buena persona, hay toda una colección de frustrados, prepotentes, resentidos, amargados, acomplejados, celosos y recelosos que disparan con bala cuando se sienten atacados (no necesariamente un ataque real, basta que ellos así lo sientan). Los peores de todos estos son los que además de tener esas maravillosas características son cobardes por naturaleza y se someten a los más poderosos que ellos. Y machacan vilmente a los que consideran inferiores, limitados, tímidos o que trabajan para ellos. Este catálogo de especímenes inhumanos conforma un mosaico, en organizaciones o familias, de personas que trasladan toda su miseria a quienes consideran que son o pueden ser más felices que ellos. Son despreciables.

Cuanto más asertivos seamos más seguridad tomaremos en nuestras expresiones, en la defensa –sin ataque- de lo que consideramos que es justo y, por supuesto, sin renunciar a reconocer que nos hemos equivocado. La asertividad es un ingrediente esencial para la buena convivencia y además permite que conozcamos los límites que cada uno de nosotros tenemos para que así sean respetados pues todos tenemos derecho al mismo respeto con independencia de nuestro extracto social, intelectual o económico.

lamadriddiario@gmail.com

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