Violencia justificada

Siempre he sido consciente de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra; ahí no hay duda. También de que la supuesta evolución tecnológica que hoy nos invade no es más que un cambio en las herramientas que utilizamos y que, en el fondo, seguimos siendo muy parecidos a nuestros antepasados miles de años atrás. Pero también me he negado a creer que las principales lacras de nuestra sociedad pasada, en unos tiempos en los que el conocimiento está más generalizado que nunca antes en la historia de la humanidad, correspondían a unos tiempos que nunca más iban a repetirse. La tozuda realidad me obliga a reconocer mi error. Uno de cada cuatro jóvenes ve “normal” la violencia de género en la pareja. Más del 20% de españoles entre 15 y 29 años considera que la violencia machista es un tema “politizado que se exagera mucho”, según el Barómetro 2017 “Proyecto Scopio” elaborado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la FAD (Fundación de Ayuda contra la Drogadicción). Es más, uno de cada cuatro (27,4%) señala que es una conducta “normal” dentro de la pareja. “Normal”: casi el 30% de los jóvenes ven normal el control sobre la pareja, la anulación de su personalidad e incluso el uso de la violencia justificada para corregir comportamientos que no son adecuados al “gusto” de quien ejerce la tiranía de someter al otro (generalmente a la otra).

Muchas chicas de ese rango de edad admiten como “normal” que su chico les controle el móvil, que les pida explicaciones de las conversaciones con determinadas personas, que controle en dónde y con quién están en cada momento o que se muestre celoso y desconfiado, con actitudes represoras e incluso agresivas. Todo esto ellas lo justifican como una muestra de amor, de cariño. ¡Santo Dios! Nada más cerca del “quien bien te quiere te hará llorar” que siempre me pareció absurdo, paternalista y un abuso de poder.

Cómo decirle a una chica de esta edad y situación que ese comportamiento lejos de ser admirable es pernicioso, destructivo, egoísta y cobarde. Le diría: “Aunque no me entiendas, aunque pienses que soy un carca antediluviano, por favor debes comprender que lo más importante es que te quieras a ti misma, que te admires, que te gustes, que te sientas, por qué no, deseada, pretendida. Quien ama de verdad primero se debe querer a sí mismo para luego poder dar a los demás, querer a los demás. Si tu pareja te controla, supervisa tu vida, se enfada contigo cuando sospecha, entonces estás con la persona inadecuada, estás con alguien que no se quiere a sí mismo y que sólo te ve como una posesión, como un objeto del que quiere sentir que es suyo, sólo suyo y de nadie más; estás con alguien que se tiene en tan baja estima que siempre ve en los otros posibles rivales que le “quiten” su objeto más preciado, que eres tú misma. Chica, no permitas que nadie controle y supervise tu vida en nombre del amor; siéntete plena por ti misma sin necesidad de que otro absorba tu mundo en beneficio de sus carencias. Al primer gesto de enfado o de pretendido control, ponte en tu lugar, rechaza categóricamente la relación si esa actitud persiste y, lo más importante, no pienses que esa persona va a cambiar por tus encantos o tu divinidad. No, las personas no cambian y las actitudes que no mejoran, empeoran. Quien hoy controla tu móvil, tu presencia en redes sociales o a qué dedicas tu tiempo, mañana te someterá con la fuerza de su brazo y ese día el amor será lo menos importante en tu vida”.

lamadriddiario@gmail.com

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4 respuestas a “Violencia justificada

  1. ¿Qué hacemos mal, qué hace que nuestros hijos piensen y actúen de esta manera?.
    En la parte que nos corresponde sólo podemos poner nuestro granito de arena intentando hacer una sociedad mejor a base de la educación que creemos “correcta”: que consiste, en lo que nos ocupa, en la educación y el respeto al prójimo, como a uno mismo.
    Pero, ¿todos tienen el mismo concepto del la palabra “correcta”? unos pueden opinar que lo correcto es no dejarse avasallar, pelear, competir, ser el ser supremo entre el resto.
    ¿Cuál es la raíz de la comprensión tan distinta de la palabra “correcto” entre unos y otros?
    Un saludo

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