¡¡Cielos!! – Capítulo Cuatro –

CUATRO

 

-¿Se puede?

-Ya pensé que no venías. ¡Adelante, Pablo! Adelante.

-Hola, Paloma. ¿Qué tal estás?

-Ahí voy tirando, un rato durmiendo y otro mirando… mirando mi vida. ¿Has traído todo lo que convenimos?

-Claro, y vengo con lo más importante.

-¿Tú mismo?

-Tal cual, Paloma. Vengo con miedo, con temor de saber o de saber demasiado; eso sí, traigo mi fuerza y el valor que ese mismo temor me da.

-No temas. No tienes nada de qué temer. La vida es oscura y gris para quien tiene las manos sucias y con esa misma suciedad ve todo cuanto hay a su alrededor y, hasta lo que no hay. Hay otro tipo de miradas pero son inocentes en su ignorancia, ésas nunca podrán ver la verdad de las cosas y de ellos mismos, serían incapaces de entenderlo, de entenderse a sí mismos. Pero tú no, por eso estás aquí. Eres la única persona capaz de oír lo que mis labios irán pronunciando. Ni siquiera yo habría sido capaz de tener el entendimiento libre de limitaciones para comprender lo que ahora sé. Por cierto, ¿has podido hablar con Esther?

-Sí, sí, nada más salir del hospital le conté lo que hablamos y a pesar de que me remuerde la conciencia el objetivo quedó cumplido.

-Bueno, Pablo, ¿qué tal si comenzamos?

-Adelante, mis nervios te lo agradecerán.

-¿Tienes lista la grabadora?

-Acabo de conectarla en este preciso instante.

-Bien. ¿Recuerdas algo de lo que hablamos ayer?

-Todito lo recuerdo, otra cosa es que lo entienda…

-Entonces recordarás que te relataba que justo cuando íbamos a aterrizar se produjo ese chasquido que tú recordabas. Estamos ahí, ¿verdad?

-No me he movido.

-¡Qué tonto! Me refiero al relato de ayer.

-Que sí, que sí, mujer, sigue.

-Bueno, pues de repente, sin saber cómo ni por qué, todos nos empezamos a levantar de nuestros asientos. Yo no daba crédito a lo que estaba viendo. Pensaba que era imposible que la gente se adelantara a levantarse del asiento sin haberse posado el avión en la pista. Por un segundo te aseguro que pensé que nos habíamos estrellado y que estábamos todos muertos. Era algo inexplicable y además todo portaba un aroma de calidez y de ausencia de prisa, era como ver tus movimientos y los de los demás a cámara lenta. Con una extraña magia las paredes del avión se iban desmontando, pero todo esto que te estoy contando pasaba como una secuencia ordenada y coherente, no resultaba extraño pues a la vez iba notando que lo que me estaba ocurriendo era familiar, como si fuera una situación repetitiva, ocurrida antes en muchas ocasiones.

“Como te decía, las paredes del avión comenzaron a desvanecerse; veía a todos los pasajeros arremolinarse en el centro de un espacio indeterminado. De pronto pensé en ti y en Ricardo y al instante, como tras el chasquido de un mago, aparecisteis delante de mí, os pregunté por vuestra opinión acerca de lo que estaba ocurriendo y tú me dijiste que no lo entendías, que parecía algo normal y que estabas empezando a recordar el significado de lo que nos estaba ocurriendo.

“Era como un sueño, Pablo, pues después de terminar el intercambio de palabras contigo, me di cuenta de que no eran palabras, que no habíamos mantenido ningún tipo de conversación, que eran ideas lo que habíamos estado comunicándonos. Hablaba pero no necesitaba articular palabras. Luego vino la parte más impresionante… a ver cómo te lo explico. ¿Nunca has sentido la limitación de no saber cómo decir una palabra, un concepto, que sabes lo que quieres decir pero no puedes explicarlo? Es como explicar el amor, ¿no te ha pasado nunca?

-Sí, cómo no, muchas veces.

-Pues eso me está pasando ahora contigo. A ver si lo intento, tengo que conseguirlo. Verás, lo que trato de decirte es que en el círculo del espacio-tiempo en el que me encontraba notaba cómo todo se metamorfoseaba a mi alrededor y para todos los que estábamos en el avión iba ocurriendo lo mismo. Un ejemplo. Imagínate que ves a dos personas que están enmedio de una pista de esquí, una de ellas está perfectamente equipada con sus esquís, las botas, los bastones, los guantes, camisas, cazadora, pantalones, gafas, calcetines… Todo el material necesario está incorporado a su cuerpo y la otra persona está también en medio de la pista, pero está completamente desnuda. Desnuda sobre la nieve y alguien se coloca a su lado y le empieza a dar las diferentes piezas del equipo y poco a poco se lo va poniendo hasta que por fin está adaptada al medio y a partir de ahí puede esquiar y se incorpora a todo el mundo de las blancas alturas.

-Vale, vale, el ejemplo está captado y ahora vayamos a la realidad y a lo que me quieres explicar, que estoy en ascuas.

-Pues eso, que todos nosotros, los que estábamos en el avión, nos íbamos metamorfoseando, nos íbamos adaptando al medio que nos iba a acoger durante un tiempo, o más que un tiempo, durante nuestra existencia. Por ese cambio, por la adaptación al nuevo medio, que desconocíamos de qué se trataba, era por lo que nos sentíamos extraños. Entonces me fijé en ti y fue sorprendente, eras luz, eras energía, pero yo te veía como ahora, más que verte te sentía, porque tampoco veía. Los esquemas físicos que ahora son ley y norma de nuestra existencia se estaban destruyendo y en su lugar aparecían nuevas leyes de conducta y de desenvolvimiento. Sin embargo a Ricardo le veía igual que lo vi ayer, perdón, le sentía, mientras que tú eras luz y reflejabas un destello muy especial. Te pondré otro ejemplo, creo que es la única forma que tengo de poder expresarme para que me entiendas…

-No, si creo que te voy captando. Sigue, sigue

-Imagínate que la música, los sonidos procedentes de una canción, son los mismos vengan de un single, de un LP, de una cinta magnetofónica o de un disco compacto. ¿Estamos de acuerdo?

-¡Hombre! La fidelidad de la música no es la misma si proviene de una cassette a que si lo oyes desde un compacto…

-¡Sí señor! -Paloma se emocionaba cada vez que yo entendía sus pequeños juegos ejemplificadores.- Esa es la diferencia, ésa es entre tú y yo. Tú eras o eres un compacto y yo soy un LP. Tú relucías con brillo propio y eras persona y ser como yo, pero con más luz.

-Si tú lo dices…

-Pero termino, termino de explicarte esto. Verás, la cuestión importante que se iba poniendo de manifiesto en aquel devenir era que… vamos a ver… -La pobre mujer se esforzaba un montón para poder explicarme las cosas, tan difíciles de explicar y de entender eran.- En ese estado en el que nos encontrábamos, ni podíamos oler, ni comer, ni ver, ni saborear, ni tocar, ni nada que tuviera que ver con un cuerpo físico del que nos estábamos lentamente desprendiendo. Pero a la vez algunos, como era mi caso, seguíamos viéndonos con la misma imagen que la que represento ahora delante de ti; no podíamos o no éramos capaces de vernos de otra forma que no fuera con la que siempre nos hemos visto. Todo eso lo fui entendiendo después. Ah, bueno, tampoco había suelo, ni tierra, ni cielo, ni frío, ni calor, ni ropa, aunque no estábamos desnudos, cada cual se veía o nos veíamos como deseábamos o como estábamos capacitados para hacerlo. Andabas si querías, pero no necesitabas andar para estar en donde desearas estar, así de sencillo y así de complicado. Bueno, cuando…

-Espera, una cosa: por lo que me estás contando, cuando lo del chasquido en el avión se paró el tiempo o lo que debiera de pararse y fuimos… fuimos…

-¿Al cielo?

-Sí, eso quería decir.

-Sí, más o menos. Huuum, no puedo adelantar acontecimientos. Creo que quédate con la idea del cielo y luego irás viendo en lo que cambia según tu concepto o según nuestros conceptos terrenales. ¿Te parece que nos paremos? ¿Estás cansado?

-No, no, qué va. Por nada del mundo te detengas. Continúa.

-Me alegra que vayas recogiendo mis palabras. No esperaba menos de ti. Te decía que esa primera sensación de pérdida de las bases más humanas o más físicas fue algo que me costó ir asimilando. Durante un buen rato yo seguía viéndoos a vosotros, a ti, a Ricardo y a Esther. Era como si necesitara sentirme arropada por vosotros y vosotros en mí. De repente nos empezamos a dar cuenta, a tener consciencia de que se estaba produciendo el reciclaje en nosotros. Los cuatro íbamos descubriendo nuestra propia transformación y yo sentí miedo, pero tú, con una bondad y con un amor que me asustaron, no sé qué hiciste pero en mi ser sentí lo mismo que cuando eres una niña y estás desconsolada y acudes a tu padre, éste deja de leer su periódico o de atornillar una puerta estropeada, deja todo, se para y se acerca a ti, te toma entre sus brazos, te arropa y te sientes reconfortada. Tú le abrazas, le sientes como el dique que contiene la marejada de tus pensamientos, es el fuerte, el que te quiere. Ah, verás, verás qué curioso, de repente sentí que Esther y tú no erais matrimonio, era como si fuerais un equipo, dos colegas trabajando codo con codo pero no un matrimonio. Ya te hablaré más adelante de eso, es un aspecto muy importante.

-Me alegro -le dije- de haberte sido útil sin yo saberlo. Es bueno saber que uno hasta de forma no consciente mantiene su personalidad a flote y no a la deriva.

-No sabes cómo te agradecí tu atención y tu cariño. Pero te repito que ni siquiera me llegaste a tocar, sólo fue tu calor, la luz que irradiabas, el amor que me dirigiste con una fuerza que nunca, nunca había sentido antes. También Esther era portadora de un halo especial. Desde luego que sois el equipo perfecto y os quedan muchas, muchas cosas por resolver en este mundo.

“Poco a poco empezamos a distinguir un extraño fenómeno que se estaba produciendo en nosotros. ¡Dios mío! Empezábamos a recordar quiénes éramos en realidad y cuál era nuestra verdadera personalidad. El proceso era bastante lento y las cosas que recordábamos y que sentíamos dentro de nosotros no tienen nombres y tendré que írtelos describiendo con palabras semejantes o que simulen los conceptos o las ideas. El esquema principal del mundo que estábamos viviendo era el de las ideas, los conceptos; no hay palabras, no hay cosas, no hay nombres, no hay nada que permita definir el ambiente que lentamente nos iba envolviendo. Por eso te decía que puedes llamarlo cielo; puedes hablar de infierno, puedes hablar de ángeles. Pablo, tú y yo somos ángeles, somos seres angelicales y tú más que yo, y en cada partida de nuestra existencia tenemos que jugar papeles diferentes y, espero que comprendas lo que voy a decirte, somos energía, allá somos energía y entre muchos podemos constituir a seres superiores. Sobre esto que te digo ahora, no me preguntes; sólo quédate con la idea; piensa, nada más, que somos energía que, como decía el físico, ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Se transmuta, se convierte en otra cosa pero sigue siendo energía al fin y al cabo.

“Antes te decía que no hablábamos, pero sí que se piensa, se piensa en ideas, se imagina, se ven cosas mentalmente pero las puedes transmitir a otra persona sin necesidad de decirlas, sólo las tienes que pensar. No existe el tiempo…

-¿Cómo dices? -no entendía sus palabras-.

-Sí, que el tiempo no existe, pues no hay espacio. No lo hay pues no estábamos ubicados en ningún lugar. No hay pisos, ni casas, ni parques, ni camas. No se duerme, no hay necesidad de dormir, ni de comer, pues el cuerpo es el que duerme y el que come. Por ejemplo, ¿sabes por qué por la noche soñamos? ¿Por qué aunque nuestro cuerpo esté completamente inactivo nosotros soñamos?

-No, no lo sé. Dicen que es necesario dormir y que si no duermes no puedes vivir, pero desconozco por qué soñamos.

-El que necesita dormir es el cuerpo, no el espíritu. Por eso nuestro espíritu, aunque duerma el cuerpo, nunca para, nunca se detiene, no duerme, siempre está vigilante porque somos nosotros mismos. Cuando dormimos nuestro espíritu es el mismo que cuando estuvimos en el lugar del avión, en tu cielo. Al dormir… Ocurren tantas cosas… Pero, dejémoslo para otro momento. Quédate con la idea de que cualquier actividad biológica ligada a la propia existencia del cuerpo pierde sentido y desaparece en el momento en que viajamos… a nuestro mundo interior, al cielo que tenemos cada cual y hay uno para cada tipo de persona, para cada tipo de espíritu o sea que hay…

-¡¡Cielos!!

-Eso es, cielos. Cada cual tiene el suyo propio. En este momento es cuando tengo que explicarte algo que ya ha quedado dicho pero que tú te preguntarás y es: ¿en dónde estábamos? La respuesta es muy difícil pues no se está en ningún lugar y sin embargo, se está en todos y, claro, con nuestro mundano concepto del espacio-tiempo, del cosmos, de la distancia, de la extensión, es tan ambiguo describir el lugar en donde no hay lugar… ¿Entiendes?

-Sí, entiendo, pero no entiendo.

Los dos nos echamos a reír y, quizá por el esfuerzo de la risa, Paloma de nuevo se dolió de sus males. Sentí que se doliera por mí aunque ella, al ver mi cara, con rapidez me quitó ese pensamiento.

-Eh, no te preocupes. Sólo serán unos días y después de aquí, los dolores serán un difícil recuerdo de un cuerpo que ya no existirá. Es peor que te duela el alma, ¡créeme! Es mucho peor, y ese dolor sí que perdura. Fíjate, creo que es mucho mejor que no intente, a partir de este punto, darte ninguna referencia de espacio o de dimensión espacial en la que encuadrar todo lo que fue ocurriendo, excepto cuando tenga que hacer especial referencia a ejemplos de aquí. Mira, puede ser una buena idea.

“Retomando el tema. Hubo un grado en nuestra adaptación en el que tuvimos consciencia de que ya habíamos superado el proceso y que podíamos reintegrarnos en el mundo que ya sabíamos que era el nuestro. ¿Cuál? Simplemente habíamos recordado que nuestra vida en la tierra era un paréntesis en nuestra vida espiritual y que nuestro punto de partida y de destino era el mismo y era en el que nos encontrábamos en ese momento. De improviso sentimos que íbamos a poder saber qué era lo que nos había ocurrido, cuál era el motivo de la ruptura, aparente, con el mundo humano. Yo también sentía que deseaba estar a vuestro lado y estuvisteis conmigo durante mucho tiempo, el que los cuatro empleamos en saber dónde estábamos y qué era lo que se esperaba de nosotros. Al instante sentí que todos los pasajeros del avión estábamos juntos, no ocupábamos espacio pero permanecíamos agrupados.

“Fue alucinante; desde esa perspectiva pudimos contemplar, admirar, sentir, casi hasta oír con dulzura, amor y una paz inigualable, la presencia de tres seres de una luminosidad incomparable; su luz resplandecía como los focos de un coche en la carretera por la noche, pero sin molestar. A la vez los sentía y los veía y ante mí se representaban sus imágenes de forma corpórea… Es muy difícil… -En este punto Paloma se hizo un lío y acabó diciendo lo mismo.- Los veía pero no los veía, quizás creía verlos. Te pregunté quiénes eran y me lo dijiste, pero no con palabras. Así que para entendernos tú y yo diremos que eran seres superiores y no en altura corporal, precisamente. Estos seres superiores se dirigieron a nosotros. ¡Uy! No te puedes ni imaginar, Pablo, el sentimiento de admiración y de vergüenza que sentía, todo a la vez. Por ponerte un ejemplo es la misma sensación que tienes cuando miras a una persona tremendamente buena y notas que eres un ser ridículo a su lado y más por el motivo de que es todo lo contrario lo que ellos quieren que tú sientas. ¿Me entiendes?

-Creo que sí. Lo he sentido alguna vez, curiosamente en la India fue una de esas ocasiones.

-¿Cómo fue?

-Pues una mujer se acercó a nosotros; éramos un grupo de turistas y estábamos contemplando un palacio en Jaipur. La mujer vino hacia mí y me pidió una rupia y al mirarla a los ojos me sentí desnudo, corrupto por el mundo capitalista al que representaba y con mucha, mucha solidaridad hacia ella. La mujer no dejaba de hacer reverencias y a la vez decía: “Namastei, namastei”. Ahí sentí con mucha fuerza lo que acabas de decir.

-Pues estos tres seres nos pusieron al corriente de la situación. Insisto en que voy a traducirte en palabras algo que carecía de ellas pero que tenía significado.

-Tranquila, creo que te entiendo. Cada vez voy entendiendo más. Sigue, por favor.

-Bueno, pues nos dijeron que no tenían muy claro si debía o no estrellarse el avión. Que era cierto que no estaba previsto que eso ocurriera pero que el devenir de acontecimientos aparentemente inconexos había dado lugar a una paradoja para la que debían intentar obtener una solución. Nos dijeron que mientras eso se decidía y se veía cuál era la mejor solución, que como ya sabíamos cuál era nuestra misión pues que cada cual retomara lo que en condiciones normales era o se suponía que era su tarea. “Lógicamente cuando nos hacían partícipes de estas ideas ya habíamos llegado a la conclusión de quiénes éramos y en dónde estábamos, pero eso vamos a dejarlo para mañana pues sería demasiado desbordante para el primer día. Además, no es por nada, ya es tarde y en cuestión de minutos me traerán la cena y tendrás que irte. Pero antes deja que te cuente cuál era nuestra verdadera situación y el papel clave que tú representaste.

“Verás, cuando fuimos debidamente informados y al estar plenamente integrados ya no sentíamos miedo, ni temor de no saber qué hacer, pero lo que todos deseábamos era que si el hecho de que el avión se estrellara no estaba previsto, que al menos esas instancias superiores nos explicaran cuál iba a ser el resultado final pues todos los procesos de adaptación y readaptación son bastante incómodos. Ese era mi pobre pensamiento, el de nuestra incomodidad. Fue entonces cuando tú expresaste tu opinión en defensa de que todo continuara como estaba previsto. Y no pienses en predeterminaciones absurdas; cuando me refiero a previsto es que es previsto por todos justo antes de dar comienzo nuestra vida en la tierra, pero eso es harina de otro costal y de otra tarde. A lo que iba, interviniste y dijiste que todas las personas que estábamos allí presentes, al menos muchos de nosotros, teníamos un papel clave que jugar en la vida terrenal y dijiste que no estabas en absoluto de acuerdo con que por un desfase en la sucesión de acontecimientos se tuvieran que detener los procesos de formación de todos los allí presentes. Al principio nadie decía nada pero poco a poco el resto de los afectados se involucró con tu moción y te fueron apoyando. Las razones que tú esgrimías estaban basadas, fundamentalmente, en que había unas labores que cumplir y en lo desastroso que sería para muchas de las personas que en este mundo estaban relacionados con ellos, como familiares, amigos, menos amigos, etc. Los seres superiores, llegados a ese punto, plantearon quién se iba a hacer responsable de solventar el entuerto, que ya sabíamos que para el tiempo ninguno de nosotros estábamos capacitados como para alterarlo. Entonces te convertiste en adalid de todos nosotros y dijiste que tú estabas dispuesto a superar el trance con una pequeña ayuda y que al menos tan mal no había ido resultando el proceso de salvar el entuerto que se había generado en el viaje con la muerte de los pilotos del avión.

“Las espadas quedaron en alto y los tres seres superiores nos confirmaron que el tema tenía que ser resuelto y que necesitaban debatir acerca de su solución, que no era sencillo y que nos rogaban un poco de paciencia por la indefinición de nuestras funciones. Lo antes posible tomarían una decisión y con el mecanismo habitual nos lo comunicarían.

“Nada más terminar la sesión informativa me vi involucrada en mi propio mundo y con rapidez tomé plena conciencia de quién era y qué era lo que tenía que realizar a partir de ahí hasta que nos confirmaran el destino del entuerto que se había creado.

“La paz que sentía era inmensa, Pablo. No puedes imaginar siquiera el placer de la tranquilidad, de sentirme tan cerca de mí misma, tan unida a mi propio espíritu, era yo en una misma. Sé que es difícil de entender pero de la mejor manera que sé, te lo transmito y tú, recoge lo que puedas…

-Señorita, su cena. Señor, me temo que tendrá que abandonar la habitación. Es tarde y Paloma tiene que cenar y descansar. Seguro que han podido hablar de muchas cosas en el tiempo que han tenido en toda la tarde…

Era una enfermera que había entrado en la habitación con la cena de Paloma en una bandeja y que además se dirigió a ella:

-Tiene a su madre ahí afuera, esperando a poder entrar. Si quiere usted -se dirigía a mí- la puede avisar cuando se vaya. ¿Le importa?

-No, no, en absoluto. Bueno, Paloma, mañana continuaremos con nuestra charla. Ha sido, o más bien está siendo, de lo más sorprendente. Nunca habría imaginado que hubiera tantas complicaciones jurídicas con lo de tus tíos y todo eso. Lo dicho, mañana seguiremos.

Intentaba justificar razonadamente los días que presumiblemente me iban a quedar de visita, tarde tras tarde, a Paloma. Ella, con su sonrisa característica y con la ingenuidad que le impedía representar el más mínimo papel, me dejó a mí toda la escenificación:

-Me temo que nos va a llevar unos cuantos días el resolver todo este entuerto. Te aseguro que voy a poner toda la carne en el asador para arreglarlo lo antes posible.

-De todas formas, no le des demasiadas vueltas a todo lo que hemos hablado hoy. Déjalo todo en el lugar en el que nos hemos quedado y así cualquier duda que puedas tener y te conduzca a una respuesta equivocada, mañana te la aclaro yo sin confusión posible. Me he explicado con claridad, ¿verdad?

-Sí, sí, perfectamente. Como dice un amigo mío, ¡oído cocina! Hasta mañana, preciosa, cuídate y no seas mala. ¿Vale?

-Me cuidaré, descuida.

Una sonrisa amplia y desprovista de todo mal bendijo mi despedida. Desde luego que ella sí que era un ángel. O lo era, o estaba muy cerca de serlo. Era evidente.

Con un beso nos despedimos y siguiendo su consejo me propuse firmemente no pensar en nada, absolutamente en nada de lo que habíamos hablado por la tarde. Habíamos gastado cuatro cintas; las guardé en una funda que había comprado al efecto y en el mismo coche las numeré y las feché con día y hora para que luego no hubiera posibilidad de equívoco. Además nada más llegué a casa las grabé en Datt, en un sistema de grabación de alta calidad para evitar cualquier posible pérdida. Teniendo dos copias me quedaba mucho más tranquilo.

Al llegar a casa Esther me preguntó por Paloma. Con tristeza le contesté que estaba muy preocupado y que si no le importaba prefería no hablar de eso hasta que todo no estuviera resuelto, hasta ver qué pasaba con su vida y con su familia. Esther lo entendió, pero además le dije:

-Hay una cosa que deseo decirte, Esther. Existe una parte importante en todo este tema de Paloma que, no sé cómo decirte, que en este momento a mí me resultaría muy difícil de explicar y más para ti de entender. Entonces lo único que te pido es que comprendas mi silencio e incluso alguna respuesta disuasoria que pudiera darte al respecto, pues cuando todo termine podrás saberlo, e incluso oír y entender la complejidad de lo que estoy manejando.

Tenía sus manos en las mías y también sus ojos en los míos y después de un pequeño silencio, ¡qué grande es Esther!, me dijo:

-Pablo, si mi mejor ayuda es no preguntarte o dejarte tranquilo durante este tiempo, cuenta plenamente conmigo pues tengo la seguridad de que cuando sepa todo lo sabré entender perfectamente. Tengo plena confianza en ti, Pablo.

¡Oh! Eso me desarmó y nos prologó un beso apasionado, es más, creo que se lo pude decir todo en el beso que nos dimos. En la pasión desbordé todo el agua que rebosaba en la presa de mis pensamientos.

Por la noche la amé ciegamente, con la ceguera de la falta de luz y del exceso de pasión.
Dormí mis sueños, relajé mi cuerpo, y no pude dejar de pensar qué era lo que iban a hacer mis ideas, mi espíritu durante la noche mientras mi cuerpo descansaba.

Sé que deseé estar eternamente al lado de Esther y en el fondo, en el fondo de mi alma, supe que esa eternidad tenía fin.

Le dije a mi cuerpo: “Hasta mañana”.

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