¡¡ Cielos!! – Capítulo Cinco –

 

CINCO

 

Desconozco a qué menesteres se estuvo dedicando mi espíritu durante la noche, pero a la mañana siguiente me desperté un tanto contrariado conmigo mismo. Es más, fue una de esas mañanas en las que te sale todo mal. Hice ruido al levantarme y la niña se despertó llorando, lo que ya me puso un tanto nervioso; después al afeitarme me hice un buen corte. De la ducha no vamos a hablar porque tenía la cabeza enjabonada al completo y al ir a dejar el bote de champú, éste se escurrió y casi me pasa a mí lo mismo al ir a por él. Después, al terminar la ducha, se me había olvidado llevar toalla al cuarto de baño y tuve que recorrer el pasillo, completamente empapado, en busca de la toalla perdida. Después de enfundarme mi vistosa camisa verde de seda, durante el desayuno, al sacar la magdalena del café le propicié a mi camisa verde un ligero toque moteado de color marrón asqueroso. Tuve que cambiarme de camisa, por entonces ya estaba completamente frito conmigo mismo y le llegó el turno, como no podía ser menos, a la corbata; primero me costó elegirla, a veces me pasa, y después se me complicó lo del nudito y por tres veces tuve que repetir el intento pues no había forma que me quedara con el largo adecuado: o parecía Luis Aguilé y la corbata me llegaba a los tobillos, o si no Charlie Rivel y me parecía más bien que era el babero que me habría hecho falta para no haberme manchado la camisa.

Como se podrá imaginar, el comienzo matutino fue un verdadero desastre. Afortunadamente según salí por la puerta de casa las cosas empezaron a ir como todos los días, con normalidad.

Ese día tenía un rodaje en Chinchón, un pueblo de la provincia en el que la productora de cine del spot tenía hecho todo un montaje en el Parador y antiguo convento de Chinchón y en donde empezamos a rodar para una marca de grandes almacenes. El anuncio estaba basado en un desfile de modas por el interior del claustro del Parador apoyándonos en elementos decorativos del propio establecimiento tales como trillos, carros, carromatos y diferentes aperos del trabajo en el campo. Grandes tinajas de barro y madera y forjados en cada rincón daban un tono muy adecuado para el motivo publicitario. Lo único destacable del rodaje fue que me vino a la cabeza toda la conversación con Paloma del día anterior en uno de los pases que hizo una de las modelos más cotizadas a nivel internacional y que participaban en el spot. Sí, y lo relacioné cuando se me puso de manifiesto la diferencia de ver a aquella chica tal y como se presentó antes de ser maquillada y vestida y cómo quedó una vez hechas ambas operaciones. Ambas personas se parecían lo que un huevo a una castaña, o sea nada.    Entonces recordé lo de la metamorfosis y concluí que hay procesos que requieren un verdadero esfuerzo de adaptación y que hasta ese punto no había reparado jamás en el motivo por el que a las chicas de los anuncios no se las ve en la calle paseando o tomando una copa; simplemente, no existen como tales, tienen que transformarse.

Me he permitido esta licencia en el grueso de mi relato porque era algo que siempre me había preguntado, lo de las chicas estupendas fuera del alcance de una cámara.

Terminé tarde de comer y satisfecho por el rodaje salí con la directa puesta en el coche hasta La Paz; el tráfico se portó y pude estar a las cinco pasadillas abriendo la puerta de la habitación de Paloma y abriendo mi imaginación a lo que me deparara la charla.

-Buenas tardes, Paloma.

-Hola. Aquí llega mi reportero. Te estaba esperando. Me acaban de hacer una cura y le he dicho a la enfermera que se diera prisa, que estaba esperando una visita muy importante. Acércate la silla, que comenzamos. Por cierto, ¿me hiciste caso en lo que te dije al marchar?

-¿En qué? ¿Qué se me ha olvidado hacer?

-No, hombre, me refiero a lo de que no pensaras en lo que habíamos hablado.

-¡Ah! ¡Qué susto! Como soy tan despistado pensé que me habías pedido algo y…

-Vale, ahora sí que puedes pensar y repensar lo que hablamos y si te parece voy a contarte cuáles son las cosas en las que tuve mi tiempo ocupado durante el lapso de tiempo que llevó el tomar la decisión adecuada.

“Ayer la enfermera nos interrumpió en el momento adecuado pues estaba a punto de contarte lo primero que sentí nada más recuperé toda mi, vamos a llamarlo, memoria. Eso, mi memoria personal. Justo al irse los seres superiores tomé conciencia de algo que me apenaba tremendamente: las envidias y traiciones que se estaban dando en mi hospital. Fui consciente de las luchas intestinas entre médicos, enfermeras y enfermos. Sentí un tremendo dolor por ello y al pensar en el que fue durante muchos años mi lugar de trabajo pude comprobar, como es normal para nosotros cuando estamos en la otra vida, que tenía mi hospital delante de mí y que con un deseo mío podía ubicarme en cualquier parte del mismo o delante de cualquier persona. Mentalmente empecé a repasar las situaciones conflictivas con las que me había enfrentado durante los años de trabajo y recordé especialmente una muy triste.

“Como sabes, yo trabajaba en un hospital geriátrico, atiborrado de personas mayores, unas más encantadoras que otras. Hace dos años teníamos hospitalizado a un hombre llamado Cipriano; un hombre maravilloso, Pablo, un pedazo de pan y que, por cierto, está otra vez, digamos, trabajando en esta vida, tenía unas cuantas cosillas que mejorar. Bueno, pues con este hombre lo que pasó fue que estaba bajo la custodia hospitalaria de una compañera de lo más envidiosa. El bueno de Cipriano requería de una medicación continua pues su corazón era tan frágil que el más mínimo despiste podía ser mortal; una noche esta enfermera discutió con una compañera acerca de un día de descanso que se querían cambiar. Ella siempre quería quedarse con los mejores, con los más cercanos a puentes. En el fragor de la discusión dicha enfermera se cabreó a tal nivel de ofuscamiento que se olvidó del pobre Cipriano y se marchó al finalizar su turno a las diez sin haber dejado indicación de que no se había medicado a Cipriano. A las cinco de la mañana falleció. No sabes cómo me dolió aquello y cuando lo recordé y supe el verdadero motivo, pues todo el mundo lo había achacado a su achacosa salud, me dolió, me dolió mucho. ¿Para qué te cuento esto?

-No lo sé, tú sabrás -dicho en tono de broma, lo que consiguió sacar una sonrisa a la triste expresión del rostro de Paloma-.

-Pues te lo digo para que sepas cuál es el dolor más grande que padecemos en la otra vida, que no es otro que las injusticias, las maldades, los abusos, el exceso de poder, la mentira y tantas “joyas” que como seres humanos nos envilecen y nos obligan a remediarlo en otras vidas o en la misma, eso depende. Al tiempo que estaba pensando en lo del pobre Cipriano me di cuenta de que padecía una restricción, una limitación a la que no estaba acostumbrada. Durante el transcurso del tiempo o de la idea de tiempo que estaba experimentando no podía estar en el presente o en el futuro de las vidas que estaban bajo mi responsabilidad o en cualquiera otra…

-Perdona, Paloma, pero no me estoy enterando de nada. Me hablas de un tiempo que no existe. ¿Cómo puede ser eso? También te refieres a vidas que están, ¿cómo has dicho? ¿Bajo tu responsabilidad? No entiendo nada.

-Ya lo comprendo, ya. Ten en cuenta siempre que tengo que poner palabras a lo que no las tiene…

-Sí, pero entiende que si a ti te cuesta ponerlas, a mí me cuesta, enormemente, quitarlas.

-Buen ejemplo, ¡sí señor! Empecemos por lo del tiempo. Ayer, si lo recuerdas, te hablaba de que si no hay espacio, si no hay unas coordenadas físicas, no hay tiempo. Te lo voy a clarificar mejor. ¿Sabes algo de astronomía?

-Hombre, a nivel de revista de divulgación científica y del programa de Carl Sagan que echaron en la tele hace años.

-Con eso es suficiente. Me imagino que conocerás la inmensidad del Universo, su extensión física tan enorme. Es así, ¿verdad? -Yo asentí.- Pues en ese Universo tan inmensamente grande podemos estar en cualquier parte de él con sólo desearlo y teniendo el don de la ubicuidad multiplicada hasta el infinito. Podemos estar en todas partes pues somos energía, el espíritu es idea, es mente, es imaginación… ¿Hay algo más rápido que eso y con la capacidad para extenderse hasta confines ilimitados? Pablo, en esta vida estamos limitados, tenemos unas coordenadas, nuestro espíritu está encarnado en el cuerpo que tú ves en mí y que yo veo en ti, pero el cuerpo no es nada, es un simple chasis, como el de un coche. Es la forma que ha adoptado a través de una evolución de acuerdo con unas leyes físicas determinadas y con una evolución a lo largo del tiempo. Si lo piensas de este modo te darás cuenta de que tanto los hombres como el resto de los animales, desde que el mundo es mundo, hemos evolucionado y hemos ido adaptando nuestros cuerpos de acuerdo con esa evolución. Pero los espíritus, la capacidad de sentir emociones, de pensar, de amar, de querer y de tener compasión, eso sólo lo tenemos los seres humanos, el resto de nuestro comportamiento está determinado por nuestro carácter animal, por el instinto vital, por lo que hace que nuestras manos se muevan para coger una cuchara, o que andemos de forma inconsciente mientras hablamos con una amiga paseando por la calle. No es difícil de entender lo que estoy diciendo, ¿no?

-Me voy aclarando un poquito. Continúa, por favor, esta parte me resulta muy entretenida.

-Me lo imaginaba. Entonces, ¿cuál es la diferencia entre un hombre y un animal? Es sencillo, el animal es instinto y el hombre es instinto y espíritu o pensamiento, que es lo mismo. Pero ese pensamiento, ese espíritu, no es terrenal, no corresponde a estas coordenadas físicas, no. El espíritu no acompaña a la vida en la tierra. El espíritu, lo que somos nosotros mismos, lo incorporamos también nosotros y de acuerdo con una elección que nosotros mismos hacemos. Esto te lo ampliaré en otro momento y comprendo que ahora no lo entiendas muy bien. La cuestión importante es que somos espíritus que trascendemos la limitación de un simple cuerpo y que si no estuviera alimentado por nosotros sería idéntico al de un mono o al de un chimpancé, de los que como cuerpo no nos diferenciamos en mucho. Pablo, esto es muy importante: al morir el cuerpo, al haber terminado de cumplir su misión, ocurre lo que durante tantos siglos los hombres hemos discutido…

-Perdona, o sea que eso de que vamos al cielo, es cierto…

-Sí, que tonta soy, claro, al cielo. Ahí es donde vamos. ¿Sabes? No sabía con qué palabra describir el lugar en el que yo me encontraba. Eso es, vamos a llamarlo cielo, al menos mi cielo particular. Quien piense que es sólo carne, vísceras y piel está muy equivocado o es un ser bastante inferior y cuando digo inferior me refiero a poco evolucionado espiritualmente, no a su altura física o psíquica. Claro, no sé si te has dado cuenta de que lo que en la Tierra llamamos inteligencia, también es evolutivo desde el punto de vista físico. Es hereditario y corresponde al ámbito exclusivo de lo meramente genético. Esa parte te podría llevar a confundir en cierto sentido alma y psiquis. ¿Me equivoco?

-No, no te equivocas, es cierto. Se puede llegar a concluir, por ejemplo, que un hombre muy inteligente, un Eisntein, es espiritualmente más evolucionado que… que yo, por ejemplo. Por lo que he oído, no es así. ¿Verdad?

-¡Ay Pablo! ¡Qué genial eres! Sí señor, ahí está la clave de muchos de nuestros problemas humanos. Efectivamente, una mujer o un hombre no se distinguen, o no debiéramos distinguirlos, por su capacidad intelectual o por las habilidades físicas que muestre o por su excelente cuerpo o por su estupenda adaptación al medio natural de vida que nos envuelve. No, a una mujer o a un hombre hay que valorarlos por su espíritu, por su capacidad de amar, por su capacidad de sentir, de querer, de imaginar, de crear, y no porque su cerebro, como la memoria de un ordenador, sea de cuarta o de quinta generación; eso no nos da validez como personas, nos la da como animales mejor dotados o, repito, mejor evolucionados. La evolución espiritual comporta la de muchas vidas terrenales o físicas, al menos. Podríamos distinguir tres elementos en los hombres: instinto, inteligencia y espíritu. Cuanto más instinto tenemos, más animales somos. Cuanto más cerebro o inteligencia tenemos, más humanos somos y cuanto más espíritu, cuanta más calidad espiritual tengamos, más superiores seremos y con más facilidad sabremos trascender de lo meramente físico o psíquico de nuestra personalidad. Ahí está la clave de toda la vida humana.

-A veces, Paloma, me paro a pensar en si me está hablando la Paloma que yo conocí en Cartagena de Indias o me está hablando otra persona…

-No, Pablo, soy la misma; lo que pasa es que estoy más cerca de ese cielo que de esta Tierra. Y con tanta tierra se me está quedando la boca como un esparto. Hazme el favor de llenarme ese vaso de agua y si quieres pon también para ti.

-Gracias, Paloma, sí que me apetece un poco refrescar la garganta. Al oírte hablar se me debe de quedar la boca abierta como la de un papamoscas y por eso se me reseca más.

Me sonreí al decir esas palabras y al hacerlo ella también, me pareció un verdadero ángel. Siempre que podía la hacía sonreír, era tan hermoso ver la risa en su rostro y tan triste el dolor… De dolor me iba a hablar el resto de la tarde.

-Huuum, ¡qué fresca estaba! Gracias, Pablo.

-No hay de qué. ¿Quieres continuar?

-Claro. ¿Por qué no? Te contaba antes que mi gran sorpresa fue la de comprobar que no podía observar las vidas de las personas que me interesaban en ese momento, sólo podía acudir a las imágenes de tiempos anteriores y todo era, como luego supimos, porque estábamos detenidos en el tiempo en el que el avión quedó paralizado, pero en nuestro tiempo, no en el de aquí.

“Entonces pensé en mis padres y en la vida que había llevado y sentí en un simple instante todo lo que había vivido hasta ese momento. Pablo, lo sentí en lo que se tarda en dar un chasquido con los dedos -lo hizo con sus dedos-, así de sencillo. Veía mi casa, me veía a mí misma; pensé en las cosas buenas que me había deparado la vida. Fue maravilloso, empecé a recordar cuando era una niña y me sentaba en las piernas de mi padre cuando me ponía a oír música con él. A mi padre le encanta la música clásica, sobre todo la que “habla” con violines; oía esa música y sentía el calor y el amor de los besos que él me daba cuando llegaba del colegio; veía también a mi madre trabajando en la cocina o cosiendo en la galería de mi casa a la luz del buen sol que entraba por las ventanas. Me veía a mí misma cuando iba al colegio y, como era muy aplicada, sobre todo con los deberes, me premiaban y me estimulaban a continuar así. También me vi cuando decidí que iba a ser enfermera, que fue después de cuidar a mi tía durante tres largos meses hasta que la pobre mujer murió. Pensé en mi tía y, Pablo, es el prodigio de nuestra condición espiritual, sin saber cómo ni por qué sentí el calor de mi tía a mi lado, sentí su sonrisa y la bondad que arrastraba con ella misma, como sus pies por el pasillo cuando se levantaba a escondidas a comer alguna cosa a la cocina. La sentía y voy a transmitirte todo cuanto recorría mi espíritu con palabras y, te repito, que tengas en cuenta que son limitadas. ¿Vale?

-Está valiendo. Prosigue, por favor.

-Como te decía, sentía a mi tía Lourdes y nada más pasó por mi imaginación su nombre la vi delante de mí, primero con la imagen con que la recordaba y después vi su espíritu. Y hablamos: “Hola, Paloma. Me alegro tanto de tenerte aquí… Gracias por lo buena que fuiste conmigo. Me diste mucha vida y me permitiste cerrar una página de mi existencia con el reflejo de tu bondad.” “Ahora sé quién eres y te agradezco que me dejaras cuidarte. Tu belleza es tan grande como la alegría que transmites. Celebro haber estado contigo.” “Adiós, Paloma. Piensa en mí si me necesitas. Acudiré a ti. ¿Sabes? Tengo un gran trabajo últimamente, hay un mundo que está en guerra, hay una gran necesidad y seguramente tenga que acudir. Necesito mejorar en mi generosidad con los demás y tú me enseñaste mucho de eso.” “Gracias, tía, por contar conmigo. Te deseo mucha suerte y que lo consigas.”

Mientras Paloma me contaba aquel primer encuentro que tuvo con espíritus por ella conocidos, tenía los ojos cerrados; era como si entrara en trance o necesitara estar apartada del mundo real para contarme o traducirme las expresiones que ella sintió. Del lenguaje universal del sentimiento había que traducir, como ella decía, al de las palabras y desde luego que no debía de ser nada fácil. En el resto de ocasiones en que me habló de encuentros de similares características, también reaccionó de la misma forma, se reconcentraba y las palabras que emitía eran todas perfectamente articuladas. En esos momentos nunca me decía “es como si…” o “imagínate que…”; nada de eso, las palabras eran certeras y ello facilitaba la total comprensión de lo que deseaba transmitir.

Al abrir los ojos después de lo de su tía Lourdes, Paloma reanudó sus comentarios:

-Esa era mi tía, Pablo, y al verla supe qué espíritu había sido; era uno bastante evolucionado y le agradecí, como has oído, su ayuda y comprensión. Después de aquello pensé también en las cosas menos buenas, en las dificultades que habían jalonado mi vida y… -un par de lágrimas, una por cada mejilla, empezaron a recorrer su cara. Me acerqué a Paloma y estreché sus manos entre las mías y con una sonrisa lacrimosa me dijo-: Gracias, Pablo. Ha sido la emoción. Te cuento. En el momento en que pensé en las desgracias que jalonan nuestras vidas, pensé en algo que en mi infancia dejó mi vida marcada. ¡Cómo me duele recordarlo! ¡Era tan pequeña!

“Una tarde de verano salimos mi padre y yo a dar un paseo por los alrededores de un pantano que había cerca de mi pueblo. Mi padre iba en moto y yo en una bici que me habían regalado por mi cumpleaños. Más contenta no podía ir paseando en bici y al lado de mi padre, al que siempre he admirado sobremanera. Otro día te contaré por qué, pues también lo descubrí en mi cielo. Bueno, pues la tarde no podía ser más esplendorosa. De repente mi padre detuvo la moto y me dijo:

“-Mira aquella barca que hay justo en frente de nosotros. ¿La ves?

“-Sí, papá. Hay un hombre en ella y parece… parece el tío Lucas.

“-Efectivamente, eso es lo que yo pensaba. -El tío Lucas era un primo carnal de mi padre y era el más rico de la familia, al menos eso creíamos. Mi padre dijo-: ¿Qué estará haciendo en el pantano a estas horas? No lo entiendo.

“-Mira papá, se ha sentado en el extremo de la barca, como si se fuera a tirar al agua.

“Y efectivamente eso es lo que pasó a continuación. El tío Lucas se tiró al pantano, se dejó caer desde un extremo de la barca. Mi padre y yo no entendíamos qué estaba ocurriendo y por unos segundos nos quedamos parados mirándonos el uno al otro sin saber darnos respuesta. Al pasar esos segundos mi padre se empezó a alarmar pues comprendió que aquello no era normal. Yo era una niña y para mí las explicaciones estaban vedadas. De repente vi que mi padre se quitaba el pantalón y la camisa y se echaba a correr hacia el agua. Mi padre nadaba muy bien pero la distancia a recorrer a nado era muy grande. Yo recogí la ropa de mi padre y la doblé y la coloqué encima del asiento de su moto.

“Pude ver cómo mi padre nadaba y llegaba hasta el lugar donde se encontraba la barca y vi cómo se sumergió y después de un buen rato en el que me empecé a preocupar por él, salió a la superficie con mi tío y yo me alegré tremendamente al comprobar que los dos venían hacia la orilla. Me quité mis sandalias y me metí un poco en el agua para esperarles. Mi padre tiraba del tío Lucas, en realidad le estaba sacando del agua, y al llegar a la orilla, mi padre muy acelerado me pidió que le ayudara a llegar hasta tierra firme. Cuando llegamos mi padre empezó a practicarle los primeros auxilios pero todo esfuerzo fue inútil, mi tío había muerto ahogado y lo había hecho con plena consciencia de sus actos.

-¿Se había suicidado? -pregunté sabiendo la respuesta-.

-Sí, y mi padre me pidió que esperara allí al lado del cuerpo del tío Lucas mientras él iba a avisar al resto de la familia. ¡Qué miedo sentí! Pablo, me daba pavor pensar que estaba al lado de un muerto. De qué iba a saber yo que cuando un ser se suicida es porque no ha sido capaz de superar las pruebas de la vida que él mismo se había marcado.

-¿Cómo, cómo? Explícame eso.

-Sí, que cuando eso sucede es que la persona no estaba preparada para asumir ese tipo de vida y necesita practicar con vidas más sencillas. Su objetivo de vida había sido demasiado alto; en el caso del tío Lucas luego supimos que habían sido las deudas las que le habían obligado a tomar esa tremenda decisión. En la familia todos pensábamos que sus negocios estaban perfectamente saneados y que era un hombre muy rico. Cómo engañan las apariencias y de las que tanta gente se siente necesitado para poder vivir mejor, para decirles a los demás: “mira qué bien vivo”, aunque por dentro estén en la más absoluta de las miserias económicas o humanas, tanto da.

“Bueno, por terminar la historia, cuando llegó mi padre con el resto de la familia, en un coche, me dio un ataque de llanto. Me puse a llorar como una desesperada en los brazos de mi madre. Pobre de mí, durante los minutos que estuve sola debí de imaginarme las peores cosas de este mundo. A mi tío le recogieron del suelo y al día siguiente le enterraron. Mi tía, que durante toda la vida había presumido de señora con dinero, tuvo que sumirse en la más absoluta de las miserias y vivir de la compasión del resto de la familia. Así es la vida.

“Mira, esto me recuerda algo muy importante de entre todas las ideas que tenemos que mover estos días. En la vida de aquí, en la que somos cuerpo y alma, si actuamos con prepotencia de cara a la vida, ésta, con una efectividad comparable a la de la misma ley de la gravedad, te devuelve la misma moneda y a la fuerza te ves obligado a admitir su presión. Cuando era pequeña y oí por vez primera el dicho ése de que en todas las casas se cuecen habas, no lo entendí y con el paso del tiempo mejor iba comprendiendo su significado. Y si lo enlazas con aquel otro de el que a hierro mata, a hierro muere, tienes una descripción completa de lo que uno se puede esperar en la vida.

-Perdona, Paloma, pero no entiendo muy bien esto último.

-Sí, hombre, quiero decir que si actúas de manera positiva contigo y con el mundo que te rodea, será también positivo lo que obtengas de ti y de los demás, pero si intentas abusar y obtener ventajas de las personas perjudicando a otras, al final el perjuicio recaerá en ti mismo.

-Sí, ya, pero hay gente por la vida que machaca a los demás y que actúa con prepotencia y hasta con criminalidad y salen impunemente adelante.

-Por regla general eso tiene dos trampas y ambas son difíciles de percibir. Una de ellas está en la vida privada de esas personas en donde, puedes creerme, yo lo he visto en mi cielo y lo recuerdo y tú no, algún tipo de miseria o de sufrimiento les tendrá subsumidos en la infelicidad. La otra trampa no visible es que tendrán que repetir otra vida similar a la que han tenido hasta que consigan superar sus males o sus problemas. Mira, Pablo, no es lo mismo pisar a una hormiga al andar paseando por el campo, sin darte cuenta, que aplastarla con alevosía por el mero hecho de fastidiar y de sentirse superior. Grábatelo en la memoria, cualquier acción en la que se intente destruir o sacar provecho ilegítimo conllevará una pesada carga en ese mismo sentido o en cualquier otro de la vida de una persona. Y cuando tengas la verdad de la vida delante de ti, como la he tenido yo, entenderás que también existen otro tipo de penas o de privaciones que nos vienen dadas, en la mayor parte de los casos, por nosotros mismos y eso lo dejaremos para otro momento; es probable que mañana hablemos de ello.

“En lo que se refiere a situaciones desagradables que reviví al recordar mi vida y de las que ahora me río, había una que tuvo una especial significación para mí. Mi primer amor…

-¡Huy, huy, huy! ¡Esto se pone interesante!

-¡Qué va! Si es una tontería. Lo es ahora pero al recordar lo que sufrí me entristeció bastante. Yo estaba enamorada de un chico de mi pueblo. Fue compañero de colegio y sabíamos que ya no íbamos a estar juntos al año siguiente pues él iba a dejar de estudiar y se pondría a trabajar en el taller de su padre. En el verano, después de terminar el que sería su último curso, una tarde me le encontré en la disco del pueblo y empezamos a salir juntos. Bueno, yo me sentía como la Reina de Saba. En la discoteca cuando ponían la música para bailar a lo agarrado, formábamos la pareja ideal. Había canciones como la de “Çest la vie” de Emerson, Lake & Palmer o la “Rosa de Cimarron” de Poco, incluso… ¿cómo era aquella? La de… sí, la de “Dust in the wind”, no sé si lo he pronunciado bien o no…

-¿Te refieres a la del grupo Kansas?

-Sí, eso es, y “American Pie” y “Escaleras al cielo” de Led Zeppelin… Muchas, muchas hermosas canciones pudimos bailar. ¡Ah! y nuestra preferida que era la de Rod Stewart, la de “I´m Sailing”. ¡Qué bonita era! Bueno, que me voy por las esquinas. La cuestión es que una noche, una terrible noche en que cenamos en casa de unos amigos de mis padres, al regresar a casa vi la moto de Carlos, que era mi novio o como quieras llamarlo. Encima de ella estaba una pareja comiéndose a besos; le pedí a mi padre que por favor detuviera el coche y vi perfectamente que el chico de la moto era el que hasta ese momento había sido el mío. Con tranquilidad, para no alarmarle, le di las gracias a mi padre y al llegar a casa me desplomé, como en las películas, encima de mi cama. Fue un duro golpe…

-Oye, ¿y qué hiciste luego con él?

-¿Con quién?

-Con el tal Carlos. ¿Qué es lo que pasó después?

-Ah, se me había olvidado: al día siguiente me llamó por teléfono y el muy cara me llamaba para quedar. Ante su invitación, le dije: “A mí no me gusta que me besen encima de una moto por la noche y a escondidas como a una cualquiera” Y clic, le colgué el teléfono.

-Ya y ¿ahí quedó la cosa?

-No, no, qué va; se tiró como un mes intentando hablar conmigo y yo rechazaba todas sus propuestas, incluso se llegó a apostar a la puerta de casa esperando que yo saliera y cuando le veía echaba mano, si podía, de mi hermano para que me acompañara hasta donde tuviera que ir. Luego, al ver que era imposible, desistió y hasta hoy. Y no le guardo rencor pero me lo hizo pasar realmente mal, me hizo sentir que no tenía valor como mujer, que cualquiera podía ocupar mi lugar y renegué de los hombres, pretendidamente para siempre, y de sus tretas, engañifas y halagos.

-Perdona, Paloma, pero o me equivoco o has hecho referencia a un hermano tuyo. Yo no lo conozco, ¿verdad?

-¡Qué curioso! Te iba a hablar ahora de él pues a José, que así se llamaba, es al que le voy a regalar mi vida.

Paloma se quedó ausente de este mundo al hablar de su hermano y yo fui incapaz de entender qué era lo que quería decir, por eso le pregunté:

-No entiendo. ¿Qué es lo que quieres decirme?

-¿Eh…? Discúlpame, me había ido. Sí… Es muy sencillo de explicar… La razón de que yo desee morirme está en mi hermano. Verás, mi hermano murió hará unos seis meses. José era mayor que yo. Era trabajador, con ganas de hacer cosas, buena persona y sobre todo era un excelente hermano y adoraba a mis padres y a mi hermana y a mí. Pero los dos últimos años de su vida fueron angustiosos pues padeció una enfermedad que le tenía al borde de su existencia; un día estaba en el borde de la vida y otro en el de la muerte. Todos lo padecimos pero sobre todo él, que iba viendo cómo sus posibilidades de vivir se acortaban de un día para otro. Cuando creíamos que todo estaba solucionado, cuando los médicos nos ofrecían sus mejores pronósticos, en ese momento inesperado le sobrevino la muerte y a mí y a mi familia, la tristeza, la más grande de ellas.

“A mí me afectó tremendamente en particular, hasta que decidí hacer el viaje a Cartagena después de mucho insistir Ana en que la acompañara. ¡Qué casualidad! Ese viaje me sirvió para viajar mucho más allá, para poder ir al lugar en donde encontrarme con él. ¿Por qué te digo todo esto? Pues porque, como te venía contando, cuando estaba sintiendo y lamentando todas las malas experiencias de mi vida se me representó en mi pensamiento José, mi hermano, y deseé con toda mi alma, nunca mejor dicho… ¿verdad? -Paloma ahí le puso un punto de humor a su relato- poder verle, poder tenerle a mi lado. Con la misma rapidez con la que mi mente deseó, apareció a mi lado y me dijo:

“-Hola, Paloma. ¡Me alegro tanto de verte, tanto, que deseo fundirme en uno contigo!

“Bueno, aquello fue la sensación más grata que he tenido en toda mi vida. No te lo puedes ni imaginar y no sé si voy a ser capaz de describirlo. Es como si abrazaras el amor, como si fueras la sed y te fundieras con una inmensa gota de agua. Al tiempo me di cuenta de que mi hermano también relucía con fuerza, como la que tú tenías y sentía su calor, era el abrazo más tierno que jamás me hubieran dado. Como te he dicho en otras ocasiones él no tenía brazos pero yo sentía como si me abrazara; mi piel no existía pero recuerdo la presión de su energía sobre mi pretendido cuerpo. Sentí paz, alegría, dicha, una enorme dicha de ser querida, de sentir amor, un amor que me reblandecía de parte a parte de mi ser. Luego, no sé cómo, se separó de mí y continuó hablándome o haciéndome sentir, el caso es que puedo traducirte que sus ideas me dejaron estas palabras:

“-Sé lo de vuestra interrupción vital. Tranquila, tomarán la decisión adecuada. Tu amigo Pablo está defendiendo muy bien lo que por lógica tienen que concederle. Te he echado mucho de menos y en muchas ocasiones he deseado tenerte cerca de mí. Paloma, necesito tu ayuda, tenemos un mundo en una galaxia diferente de la que vienes con una situación general de guerra y de destrucción. Sabes que tu misión en la vida que se te ha interrumpido, y que compartimos, era la de ayudar a tus semejantes y que es en ese aspecto de tu espíritu en donde tienes que mejorar. Estoy solicitando a los superiores que vengas conmigo a ese mundo. Ahora que eres consciente de quién eres, espiritualmente hablando, no la Paloma que estás siendo en la vida corpórea, podrás entender que he estado en esa vida sólo por conocer tu espíritu en cuerpo y alma.

“-Me cuesta entender lo que me dices, José. ¿Hay otros mundos? ¿Nos podemos reencarnar sin dificultad? ¿Quién eres realmente?

“Entonces sé que aprecié que su mirada o el reflejo que de ella yo tenía se clavó en la mía, él relució con mucha más fuerza que cuando se me había presentado inicialmente, y entonces aprendí quién era yo, cuáles habían sido mis vidas y noté que mi espíritu se enriquecía de todo lo que había carecido en ese tiempo de transición. En ese determinado instante pude verme a mí misma o mismo tal y como era. Luego te detallo esto con más precisión pues a continuación de desvelar el sentido de mi vida espiritual, José me dijo:

“-Ahora ya sabes quién eres y sabes, por todas tus vidas de tu pasado, del futuro que deseas para ti. No importa que yo te haya ayudado a desvelarlo si la misión de la Tierra se anula; volverás a olvidar todo por completo. Pero creo que en este espacio de tiempo espiritual es bueno que recuerdes tus orígenes y las obligaciones que tienes contigo misma y con la comunidad. Bien, creo que hasta aquí ha sido suficiente, vendré a verte más adelante, creo que ahora debes de experimentar tu propia realidad y así podrás ver a tus protegidos, tu historia de cerca y además tendrás la oportunidad de viajar a otras vidas. Paloma querida, por último, sólo insistir en que necesito de ti y que si puedo intentaré recuperarte, ya sabes que el tiempo físico no se detiene y que tenemos que ayudar en un mundo muy complicado. Adiós, te voy a dejar mi mejor recuerdo, mira en mí mismo…

“Pablo, aquello fue sorprendente. Es tan difícil de definir… Un ejemplo… -Paloma interrumpió su explicación y pensando, pensando, llegó a decirme-: ¿Te imaginas que alguien pudiera meter la cabeza dentro del sol, por el centro mismo, y ver cómo arde su fuego y poder observar las explosiones, que en la Tierra son de vida y sobre todo, sentir su luz, la energía que tiene dentro? O mejor piensa que puedes admirar de un solo golpe de vista la inocencia de un recién nacido, el aspecto corpóreo del amor mismo, la bondad de un ejército de hombres y mujeres buenos y bondadosos y la paz de un mar en calma; representa en tu mente todo eso junto, indisolublemente unido, y ponlo en posesión de un ser, de un espíritu. Pues eso es lo que yo pude tener delante de mí, eso es lo que se me representó de mi hermano José.

-Es insólito, desde luego, lo que me estás contando. No sabía nada de lo de tu hermano y me alegro que tuvieras esa oportunidad. ¿Le volviste a ver?

-Sí, pero de eso sabrás en su justo momento. Supe de él muy poco antes de volver.

-Oye, antes me hablaste de algo muy extraño. Era no sé qué de ser hombre o mujer a la vez… Eso era, ¿no?

-Sí. No te pasas una, ¿eh? Por otro lado… Bueno, nada, deja…

-No, no. ¿Qué ibas a decir? Por otro lado…

-No, que me alegro de que esto te lo estés tomando con tanto interés, a pesar de lo difícil que es de entender. Me alegro, me alegro mucho, por ti y por mí. -Le recordé de nuevo el tema que nos traíamos entre manos y prosiguió-: Sí, sí, es un tema importante. Cuando mi hermano me iluminó, puede decirse, una de las primeras cosas que pude comprender es que en nuestro cielo no hay sexo, sí, como lo de los ángeles. Es cierto; no somos ni hombres, ni mujeres. ¿No te das cuenta de que eso es una característica corporal y no espiritual?

-Pues mira, ahora que lo dices…

-¡Lógico! Nos transformamos en hombres o en mujeres porque ésa es la forma de entender el comportamiento humano y de que se dé continuidad a la especie. Pero piensa que si no tuviéramos sexo diferenciado, no tendrían sentido las relaciones sexuales.         ¿O sí?

-Claro, visto así…

-En nuestro espíritu no somos hombres ni mujeres. Somos seres, somos personas que portadores de un cuerpo nos comportamos bajo su influencia pero luego, cuando de nuevo volvemos a ser lo que somos, como cuando yo muera, todo vuelve a su estado normal. ¿Comprendes entonces por qué en los cielos no existe ni podrá existir nunca una atracción física? La complementariedad siempre es en un plano de suma de fuerzas, de complementariedad de almas, ¿entiendes?

-¡Hombre! Digamos que te sigo; entender, entender, quizá sea mucho pedir. ¿No   crees?

-Bueno, ya iremos avanzando. Se está acercando la hora de tener que despedirnos por hoy, pero antes de que te vayas deseo contarte un episodio que se me representó después de dejar a mi hermano. José me habló de ti y entonces me viniste al pensamiento y con una simple intención supe todo de tu vida en la Tierra. Pude meter la cabeza por el agujero de tu existencia, por eso es por lo que pude desconcertarte cuando te empecé a contar cosas que te habían ocurrido, que fue la única alternativa válida que me dio opción de sacarme del atolladero.

-¿Qué es lo que viste de mí? Me has dejado intrigado… ¿Sabes que eres un peligro público? ¡A saber qué es lo que habrás visto de mi vida! Verías todas las cosas malas que me han ocurrido, todas mis malicias e intenciones no muy adecuadas. ¡Venga, dispara!

-Mira que eres mal pensado, ¿eh? Nada de eso es lo que te iba a relatar. Lo que pude ver fue la forma tan romántica y, por qué no decirlo, hasta valiente, con la que enamoraste a Esther.

-No sé qué es lo que sabes. ¡Esto es la repera! A ver, te estás tirando el pegote.           ¿Cómo fue?

-Por lo que veo no crees en lo que te digo. Vale, allá voy. Estamos en Madrid, en la Facultad de Ciencias de la Información, corre el año mil novecientos ochenta y en una de las clases hay un alumno que se llama Pablo Altuna, alumno con una reputación intachable y consecuente con ello, con un nivel de calificaciones extraordinariamente bueno. En esa misma clase se encuentra una chica llamada Esther Ramos, una chica en la que Pablo había reparado en alguna que otra ocasión pero sin detectar que sus mensajes fueran correctamente decodificados y por tanto, no muy bien recibidos. Bien, pues en la clase en cuestión, de la que el olvido me impide recordar su nombre…

-Dinámica de la Escena -dije en tono de asombro y con la sensación de que tenía ante mí a un portento de mujer que iba a dar en la diana, tal y como iba.

-Eso es, la Escena, sí señor. Pues nada, en esa clase se daba la circunstancia de que el catedrático aún no había llegado al aula, es más, se le daba ya por desaparecido, en el sentido de que ese día no habría clase. En la tensión de la espera se organizó una pequeña batalla campal entre los dos niveles del aula y como armas -Paloma usaba palabras lo más sonoras posibles para regodearse aún más en lo certero de sus apreciaciones- se empleaban unas tizas voladoras de divertido impacto si conseguían dar en la diana. Esther, en ese momento, estaba en plena conflagración con una chica que se encontraba muy próxima a la puerta y Pablo a su lado observaba la jugada. Esther estaba agachada al lado de Pablo y llegado el momento de iniciar el ataque, ésta se levantó y lanzó su proyectil contra el objetivo móvil de la fila de abajo y, claro, como suele ocurrir, las cosas salen bien, hasta que sale una rematadamente mal.

“Según el proyectil volaba hacia la diana, se dieron dos fatales consecuencias, una es que la diana se agachó y la otra, clave en esta historia, es que se abrió la puerta con el catedrático tras ella y con la mala suerte de que recibió en una de sus mejillas la tiza, que dejó un rastro blanquecino en la cara del susodicho señor. -Según Paloma iba narrando, además tan bien, yo me iba riendo y disfrutando de lo que nunca imaginé que nadie, ajeno a aquel momento, pudiera llegar a contarme.- La pregunta sobre la autoría de semejante atropello no se hizo esperar y tampoco la noble respuesta de una mano inocente que levantándose le propició a su propietario la apertura de un expediente y la incomprensión del catedrático que se hacía cruces de cómo un alumno de su calidad pudiera prestarse a semejantes jueguecitos. Así lo denominó el catedrático, ¿verdad?

-Sí. Sobre todo recuerdo que a Esther, en la tensión de la expulsión y mientras yo recogía mis apuntes y la carpeta, tuve que pararla por la cabeza porque quería salir y decir que había sido ella la de la tiza. No sé cómo pude hacerle entender que eso en vez de beneficiarnos, nos perjudicaría a ambos, pues no nos creerían a ninguno de los dos.

-Tú te fuiste a casa todo preocupado por si el incidente afectaría a tus resultados académicos. Pero al día siguiente fue cuando ocurrió lo genial de toda tu historia…

-Sí. Nunca lo olvidaré. Al llegar por la mañana a clase, en la parada del autobús me estaba esperando Esther, con su carpeta y sus vaqueros ajustados. Con un par de movimentos de melena me dijo: “Oye, Pablo, siento mucho lo de ayer y quiero decirte que te portaste como un auténtico tío. Nunca pensé que alguien tuviera que dar la cara por mí. Muchas gracias”. No podré, mientras viva, olvidar esas palabras, ni lo que sucedió después…

-Ahora me toca a mí -dijo Paloma en tono de broma-. Se hizo el amor; Esther te miró con ojos tiernos, se acercó hasta tu espacio íntimo, e hizo como que te quitaba una bolita del jersey y al levantar la cara se encontró con tus labios en los suyos. Me emocionó el amor de ese momento y más porque me sentí como si hubiera sido ella, me sentí mujer feliz en su corazón. Creo que algunas lágrimas de emoción, o lo que fuera, brotaron de mis pensamientos. ¡Cómo cambió tu vida a partir de aquel día! ¡Quién te lo iba a decir a ti! ¿Eh?

-Sí, la vida tiene tantas sorpresas inexplicables…

-No creas, no creas, que algunas no son tan inexplicables y cuáles son de entre ellas lo hablaremos mañana. Mira quién entra por la puerta…

La enfermera me dio las buenas noches y yo se las deseé a Paloma. Nos despedimos hasta el día siguiente. Recogí mis bártulos, cassettes y demás instrumentos y me marché a mi casa. Tenía ganas de llegar, descansar y dormir. Al llegarme hasta el coche fui pensando en lo diferente que había sido aquella tarde de la anterior. Me sentía satisfecho, realizado y feliz con lo que estaba haciendo. Empezaba a comprender la utilidad de todo lo que me estaba contando Paloma y el sentido de muchas de las cosas que sus palabras habían descrito.

Al entrar por la puerta de casa pude descubrir que Cristina, mi hija, había comenzado a andar. Cristina estaba apoyada en el mueble de la entrada, con sus manitas apostadas en una de las puertas del mueble y con la cabeza girada hacia mí. Estaba embelesada en su proeza y su rictus era tenso. Cuando dio por finalizado el equilibrio, volvió a mirarme y sonriéndome, extendió una mano para que me acercara. Al hacerlo, agachado, se me lanzó al cuello y me abrazó. Me incorporé y ella conmigo, y no solamente elevé su cuerpo; también lo hice con mi sentimiento de padre, con la satisfacción de tener una hija a la que estaba viendo crecer en su debilidad. Qué bien está hecha la naturaleza humana, pensé; con qué suavidad crece la vida, con qué ternura se acerca a nuestro lado y se personifica en nuestros hijos. Mi hija me abrazaba y entre su cariño y las confidencias de Paloma, me emocioné y empezaron a caerme unas lágrimas de pesar y felicidad. Las pesarosas me caían por la mejilla izquierda y las gozosas, por la derecha.

No se por qué pensé que la vida es como las empresas, como la economía: por un lado nada más que genera gastos e inversiones y por el otro ingresos y ahorros y la cuestión fundamental de la vida está en que al final de la existencia de cada cual los segundos sean mayores que los primeros. En mis nubes de ideas estaba cuando asomó por el pasillo Esther que al verme emocionado, dejó pasar cualquier tipo de pregunta y dejó que Cristina y yo continuáramos abrazados.

Después de cenar, Esther, como todas las noches, se vino a sentar a mi lado en el sofá y me giró la cara hacia ella y me dijo:

-Antes te he visto con la niña en brazos y me he fijado que estabas medio llorando…

-No medio, no; por completo. Era un menú de lágrimas al completo.

-¿Qué era, la distancia que hay entre lo que nace y crece y entre lo que desaparece o…?

-O muere.

-Sí, no lo quería decir así, con esa crudeza, pero sí.

-Pues has hecho diana. Algo así era en lo que me estaba retorciendo el alma. El ver a Cristina en la entrada de casa recibiéndome de pie, me emocionó.

-Pues no sabes lo mejor. Llevaba en esa posición como media hora y señalando a la puerta no hacía más que decir “papá, papá”.

-Pues si encima eso lo sé antes, te veo trayéndome una bayeta para recoger los “ríos” del suelo.

-¿Cómo va Paloma?

-Te lo puedes imaginar. Cada hora u hora y cuarto le da un acceso de dolor. Se le encoge la expresión de la cara y el cuerpo en su conjunto y hasta que no pasan un par de minutos no vuelve a su estado normal. Llega a un punto de dolor que, como ella dice, pierde hasta la respiración. A mí me impresiona mucho. Por cierto, que no hace más que preguntarme por ti y a cada momento me recuerda que te diga que no sabes cómo te agradece que me dejes estar con ella. No, no para de decirlo; es más, tiene un concepto de ti excelente y no veas qué psicología se gasta. Ayer u hoy, no lo recuerdo bien, me hizo una descripción tuya, que yo no la habría hecho mejor.

-Bueno, bueno, eso no tiene tanto mérito. Hacerlo mejor que tú, cualquiera lo hace…

Intenté sacar una broma de sus palabras y le dije, con rapidez:

-¿Cómo, cómo? ¿Quién hace qué, mejor que yo?

Al decir esas palabras la cogí por la cintura y entre cosquillas y risas al captar el doble sentido de sus palabras nos fuimos a la cama.

Había que celebrar que además de espíritu, también éramos cuerpo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.