¡¡Cielos!! – Capítulo Siete –

SIETE

 

 

¿Dónde estaba? Si me movía me caía. No, no estaba volando, pero tenía la sensación de estar suspendido en el aire. ¡Dios mío! Estaba agarrado a un semicírculo de color azul, de un azul cielo precioso. Pero no me podía entretener en ver su belleza pues al más mínimo descuido me caería. El semicírculo, el semi… ¡era un arco iris! Con razón sentía la humedad en las manos. Estaba asido a un arco iris. Pero, no podía soportar mi peso, era excesivo. Miré hacia arriba y vi un cielo completamente estrellado; había más estrellas en el cielo que chinos en China (no sé por qué se me ocurrió eso). Había estrellas de todos los tamaños y refulgencias y muchas, tantas, fugaces que recorrían el cielo como el propio arco iris y su estela, como la de un barco en la mar, era seguida por muchas otras, desperdigadas como alumnas aprendices de estrella.

Si miraba hacia abajo veía la tierra y el gran río que la lluvia caída había dejado. Veía las verdes montañas y los grises picos en las alturas. De repente noté con fuerza que mis manos no podían soportar por más tiempo la tensión y me solté. Caía y caía y en el descenso veía cómo el semicírculo del arco me envolvía en la caída y que sus extremos se iban acercando a mí y me envolvieron como un lazo de confitería envuelve una bandeja de pasteles. Yo era puro color. El lazo se iba acercando cada vez más a la tierra y cuando más a gusto me encontraba en la protección del lazo, una estrella puntiaguda se disparó desde el cielo. Venía hacia mí y hacia mi lazo y al llegar a nosotros con una de sus puntas destruyó el lazo, lo pinchó como se hace con un globo, estalló y desapareció y entonces la estrella se fue convirtiendo en una figura humana. Era yo mismo y me vino a sujetar, como hacen los novios con las novias (al menos antiguamente) y sí, podía sujetarme hasta que me dijo: “tienes que ser libre por ti mismo y nadie te podrá ayudar en esa tarea. Tendrás que ganarte tu cielo en otro momento. Ahora ¡vuela!”. Y me soltó y empecé a caer cada vez con más velocidad, cada vez con mayor aceleración y al mismo tiempo me orienté hacia el suelo y veía que los ríos, las nubes, los campos y los árboles iban creciendo y haciéndose cada vez más grandes. Uno me lo iba a tragar, podía oler las flores de sus ramas antes de estrellarme contra él y en ese instante:

-¡No, no! ¡Socorro! ¡Que me estrello, que me mato! ¡Por favor, que alguien me coja!

 

-¡PABLO, PABLO! POR DIOS, DESPIERTA. Mírame, despierta. ¡Pablo, soy yo, despierta! Soy Esther.

En ese momento abrí los ojos. Era obvio que había estado soñando y menudo sueño. Vaya sufrimiento en la caída imparable. Parecía que nada podía detener el curso de los acontecimientos y me sentí abandonado a mi suerte hasta que Esther me habló y me despertó. Al darme cuenta de todo quise tranquilizar el duelo de su cara.

-Tranquila, Esther. Ya he despertado. ¡Jo! ¡Qué sueño! Dame un beso, cariño, dame un beso suave que me reciba en el mundo de los despiertos sin la tenaza de las pesadillas.

Después de besarme, Esther me arropó entre sus brazos y con mi cara vuelta hacia su pecho me sentí como un niño desvalido que necesitaba el socorro de su madre. El cariño de Esther rompió el hechizo del sueño y me devolvió a la normalidad con el placer de ser querido, de recibir el soporte que el sueño me había quitado.

Poco después daba comienzo a la tradicional expedición en busca de la salida correcta por la puerta de casa, aseado, vestido, desayunado y con ganas de encontrar la palanca que me permitiera mover el mundo.

El día pasó con velocidad y voracidad negociadora. Tuvimos que hacer dos presentaciones de dos campañas diferentes y cuando habíamos terminado la segunda, con su correspondiente comida con el cliente, sentí la verdadera prosa de la vida, la de la necesidad del mundo y no la de su devoción. Al finalizar la comida nos confesaron que la campaña elegida había sido la nuestra porque éramos una buena agencia, y que lamentaban no habérnoslo comunicado con antelación si ya lo tenían decidido, pues querían analizar nuestro comportamiento. Cada día se tiene uno que sorprender con los comportamientos de los seres humanos. Pensé en Paloma y pensé en las formas que cambian, en los condicionantes de cada época que son distintos. No quise agobiarme con más pensamientos al uso para no ser interceptado por los hábiles ojos de mis interlocutores y si hubiera sabido la cantidad de cosas que iba a descubrir una hora más tarde, de seguro que los habría dejado sentados a la mesa con alguna buena excusa.

Paloma estaba esperándome. La prisa me consumía por dentro y me hacía sonreír por fuera. Al final los señores clientes quedaron congraciados con nuestras atenciones, pagaron la cuenta en el restaurante y nos emplazaron a una semana vista para poder ver en conjunto algunas ideas de la puesta en escena de la creatividad de la campaña. Al despedirnos agradecimos la confianza depositada y mis propios compañeros me instaron a que marchara a donde sabían que debía ir y también ellos me, y se, felicitaron.

Cuando llegué al hospital, al entrar por la puerta de acceso desde la calle tuve un mal presentimiento. Nervioso, tomé el ascensor y al llegar hasta la puerta de Paloma casi me tropecé con una mesa de ésas de enfermería y un cartel en la puerta de “No molestar”. Me asusté y el susto me llegó hasta las uñas de los dedos de los pies. ¿Qué habría pasado?

A los diez minutos de espera apareció una enfermera por la puerta, quitó el cartel y me dijo:

-La señorita le está esperando.

-Perdone. ¿Qué es lo que le ha pasado?

-Que una de las heridas mantiene una infección elevada, que no es habitual en estos casos, y no hay forma de controlarla. Le hemos aplicado un tratamiento especial para ver cuál es el resultado. Está un poco fatigada y le he preguntado si quería verle y no me ha dado opción, diciéndome que al salir le avisara de que entrara.

-Muchas gracias, enfermera.

Al entrar, llevaba el temblor hasta en la mano que empujaba la puerta. Cómo estaría su cuerpo dolorido y cuánto dolor podría soportar un alma por mucho convencimiento que tuviera de estar feliz con el desenlace que se veía venir.

Asomé la cabeza y para mi sorpresa encontré el rostro sonriente de todos los días y una mano que girando de arriba a abajo me invitaba a entrar.

-Pasa, anda, que estoy bien. ¿No te das cuenta de que para ti siempre estoy bien? Tú eres mi vida ahora y a ti debo el mejor de mis rostros y, te aseguro, que no sólo por el trabajo que estamos haciendo. -Se detuvo por un segundo y prosiguió-: Cada vez te estoy tomando más amor. Tu amistad rompería barreras y murallas. Puedes creerme.

-Gracias, Paloma. Aunque sólo sea para mí, me alegro muchísimo de verte bien, de comprobar el equilibrio perfecto que se produce entre el blanco de tus dientes y el marrón de tus ojos adornado con unas arruguitas de piel gozosa.

-Sólo por oír tus palabras viviría eternamente, Pablo.

-Si me pones un vaso y un par de botellas de agua te acompaño hasta la eternidad, hasta que me convirtiera en una cuerda vocal infinita en sonidos. Tenía muchas ganas de verte, Paloma. He tenido un día muy soso y vengo a que tú le pongas sal a mi vida. ¿Tienes a mano el salero?

-Aquí mismo. Saca la grabadora y salaré cuanto haya de conservar en ti. -Conecté el aparato y Paloma dio comienzo a una de las sesiones más significativas de todas las que tuvimos.- Creo que durante estos días hemos logrado obtener unas cuantas pinceladas por las que has podido saber lo que nos pasó en el lapsus del aterrizaje del avión. De todos los comentarios que hemos hecho puede que te parezca que se desprende una idea, o una nebulosa de ideas, acerca de lo que es el cielo de cada cual y de qué es lo que ocurre cuando nuestro cuerpo decide pararse. ¿Me equivoco?

-No. Qué va. Es bastante aproximado con lo que me has ido contando.

-Y, ¿no te parece sorprendente?

-Eso es otra cosa. Claro que es chocante el que alguien, como tú, hable con tanta rotundidad acerca de cosas que ni te imaginas, e incluso sobre las que prefieres saltar o pasar de pensar en ellas.

-Porque la muerte da miedo, ¿verdad?

-¡Claro! Somos seres vivos, vivos de carne y hueso y que nacemos, crecemos y morimos, sin más circunstancias que las que rodean a nuestra condición de poseedores de vida propia. -Paloma quiso tirarme de la lengua y a fe, que lo consiguió. -Si lo que nos rodea sólo entiende de vida o de muerte, sólo sabe que nacemos y morimos con idéntica facilidad en ambos casos. Y parece ser que no nos duele ni cuando nacemos ni cuando morimos, pero existe una pequeña diferencia: cuando nacemos lo solemos festejar felices y dichosos mientras que cuando morimos todos se apenan por nuestra desaparición. Y ¿qué es lo que sabemos, Paloma? Sabemos nada. Desconocemos de dónde proviene nuestra alma, nuestro espíritu, y menos idea tenemos aún de hacia dónde va cuando desaparece de entre nosotros un ser querido. Como mucho nos han enseñado, los hombres limitados, que la fecundación de un óvulo trae a la vida a un ser humano que nace de las entrañas de la madre pero, y perdona por ello, así también nacen los animales y nadie sufre ni lamenta que un cordero se haya muerto cuando se lo está comiendo. Es tan sencillo como que el cordero nace, por los mismos medios que nace un ser humano, y desaparece de la misma manera y quizá, para un niño quedará el recuerdo del corderito que ha visto corretear en la huerta y que al día siguiente creyendo que era pollo, se comió tan ricamente. ¿Así es de limitada la vida? Eso es lo que ella nos ha enseñado, como para saber cuál es nuestra procedencia o el destino de nuestros actos.

-Creo que has ido conociendo que hay algo más que todo eso, que hay algo más que piel y huesos en cada ser humano, que…

-Sí, pero eso lo sé yo ahora y cada vez que oigo tus palabras, cada vez creo más en lo que me dices; pero ¿cuál es tu opinión acerca de tantas personas que creen en un más allá, en un cielo común, o particular, para todos y de los millones que no creen en nada de eso o que creen reencarnarse en pollos o en vacas? ¿Qué pasa con todo eso? ¿Se le puede exigir a alguien la creencia ciega en algo que es imposible de demostrar? Es más, en un mundo tan excesivamente civilizado como el que nos encuadra, ¿cómo se puede pretender que la gente crea en lo que ni siquiera es capaz de imaginar? ¿Cómo?

-A través de la fe, de la creencia en una vida que trascienda a la que tenemos…

-Sí, pero tú tienes fe en que yo soy yo, porque me estás viendo. Que somos muy limitados, mujer, que los hombres normales y corrientes no llegamos a entender ni cómo funciona un tocadiscos o por qué el microondas calienta. Nos lo creemos porque lo vemos, pero no porque sepamos cuál es el origen de su funcionamiento. Hay un chiste, sabes que a mí me gustan mucho los chistes, que cuenta que un hombre se despeñó por un precipicio y en la caída, al principio de todo, logró agarrarse a la roca gracias a una rama de un arbusto que le sirvió de sustentación. El buen hombre empezó a gritar: “¡Por favor! ¿Hay alguien ahí arriba? ¿Hay alguien…?” El hombre se desgañitaba, grito tras grito, hasta que por fin oyó una voz que le decía: “Hijo mío, soy Dios, te estoy viendo y deseo ayudarte. Verás, déjate caer al vacío y despreocúpate pues un ejército de ángeles te tomará entre sus brazos antes de que llegues a dar con el suelo y ellos mismos te elevarán de nuevo hacia el lugar desde el que te desprendiste. Anda, déjate caer”. El buen hombre oyó atónito aquellas palabras y nada más terminaron de sonar en sus oídos, dijo: “Vale, pero, ¿hay alguien más?” -Paloma sonrió ante la evidencia de la gracia del chiste y sin que pudiera intervenir, proseguí hablando-: Es cómico ¿verdad? Ya, pero ésa es la historia de la humanidad desde que tenemos constancia de fenómenos de tipo religioso y que conste que soy creyente en Jesucristo; creo que Él vino a la Tierra intentando convencernos de una forma de vida muy distinta de la que hacemos en la mayor parte de nuestro tiempo y creo en su figura y en lo que Él dijo, no en lo que luego han dicho los que se han dedicado a interpretar de sus palabras…

Paloma matizó:

-Y puedes estar seguro de su existencia. Te lo garantizo yo.

-¿Qué es lo que Él transmitía?

-¿Quién? -dijo Paloma, a la que cogí atendiendo a sus dolores-.

-Jesucristo. Las cosas que nos dijo son tan obvias… Él hablaba de ser humanos, de comportarnos con solidaridad unos con otros y con la energía de su mente o de su espíritu conseguía modificar las estructuras moleculares de los cuerpos que somatizaban todos sus males. Hubo un tiempo en que dieron más importancia a sus milagros que a sus palabras. Yo creo en esas palabras, aunque sean tan difíciles de cumplir, pero creo en ellas y creo en que independientemente de qué es lo que nos aguarde después de la muerte, hay que ser consecuentes con lo que hacemos e intentar aportar cosas a nuestra existencia. No sabremos de dónde venimos, ni a dónde vamos, pero sí que somos conscientes de en dónde estamos, y si todos ponemos un granito haremos una playa en la isla caribeña de nuestros sueños. -La verdad es que me había acelerado a dar mis opiniones y como Paloma me observaba atónita, eso me permitió continuar explayándome con la tranquilidad de saber que ella me estaba escuchando.- Para terminar, y te dejo hablar en seguida, que eres tú la que tienes que hacerlo, no yo…

-No, no. Por favor, continúa. Es muy interesante todo lo que dices. Continúa.

-En esencia lo que quiero decir es que como seres supuestamente evolucionados, debemos de dejar ya, de una vez por todas, de pensar en que hay que hacer las cosas bien para no ser castigados. Pero ¿quién se va a creer eso? Eso podía interesar en la época medieval, cuando los poderes fácticos se aliaban con la Iglesia para que tranquilizara a sus huestes religiosas y que trabajaran, que eso era lo suyo; los nobles vivirían gracias a la ingenuidad y al temor de Dios de los pobre plebeyos. Basta ya de eso. Tenemos que ser consecuentes con lo que tenemos delante de nosotros y no por ser premiados o castigados, sino porque como seres que sabemos hacer algo más que comer y dormir, debemos respetar, amar y tener solidaridad con nuestros semejantes y con el medio ambiente en el que nos desenvolvemos. Pero eso hay que hacerlo por una simple y sencilla adecuación con lo que nos rodea. Por ejemplo: ¿sería comprensible la existencia de un Dios capaz de condenar a un pobre hombre criado en medio del crimen o del desamor, sin cariño y sin educación? Y, por el contrario, ¿habría que premiar la perfecta apariencia del “buen católico” que por la espalda está estrujando la vida de una familia o intermediando para lucrarse con las desgracias ajenas? Qué quieres que te diga, yo en eso sí que tengo fe, creo tanto como que estoy aquí sentado contigo que no se pueden premiar o condenar las apariencias y que Dios lo es para todos, para los que creen y para los que no creen, para los pobres y para los ricos, para blancos y para negros, para gitanos y payos, para feos y para guapos. Y desde luego que si se es una buena persona en la vida el practicar actos religiosos que reafirmen esa convicción, no le viene mal a nadie y ojalá todo el mundo, en esas condiciones, los practicara. En ese caso supongo que se darían muchos menos problemas de convivencia entre todos los hombres. Ya, ya terminé. Ya me he explayado. Es curioso, es como si durante todos estos días hubiera tenido una espinita clavada en la garganta y que ahora, que ya sabes lo que pienso, me acabo de quitar. Gracias por escucharme, Paloma.

-No. Gracias a ti, Pablo. Porque eso es lo que yo deseaba oír de ti. Y me alegro mucho que lo hayas dicho de esa forma tan vehemente. Tú lo has dicho: hay que ser personas ejemplares, por encima de toda forma. Si además se tiene fe y creencia en algo bueno, en algo religioso, eso no es perjudicial ¿no?

-Por Dios, ¡claro! Yo sólo me refería en ese sentido para los que se cubren de buenas formas y por debajo de los ropajes esconden sus propios crímenes contra la humanidad, contra otros seres que, siendo igual que ellos, han disfrutado de peor fortuna en la vida.

-De todas formas recuerda, para tu tranquilidad, que quien a hierro mata…

-Sí, sí, a hierro muere. Pero hay que morir aquí, en el terreno de juego, no en las gradas.

-Mira, hombre, ¡qué buen ejemplo has puesto! La relación entre la vida terrenal y la espiritual es eso, es como el ambiente en que se efectúa un partido de fútbol. En el partido los jugadores están en el terreno de juego, mientras que en las gradas el público anima a un equipo o a otro con la presencia de un árbitro que aplica las leyes de un correcto y limpio juego. Pues así, tal cual, es la vida espiritual: dentro de un cuerpo cuando hay que jugar y las circunstancias lo exigen, y fuera, en las gradas, cuando animamos a los jugadores y al árbitro, que es las propias leyes de la naturaleza que nos dicen que si actuamos contra ella pagaremos nuestra incorrección o incluso, podremos ser expulsados del campo de juego.

-Aunque no soy un aficionado al fútbol, creo que he entendido a la perfección el símil.

-Y ya que estamos aquí, en este punto, dime una cosa. ¿Cuál crees que es el sentido de la vida? ¿Por qué crees que vivimos? O, mejor dicho, ¿para qué vivimos? ¿Tienes alguna respuesta a planteamientos de este estilo o prefieres que yo dé el primer paso?

-El primero y los siguientes. Puedo pensar cien cosas y seguro que me equivocaré en ciento diez. No tengo una idea en concreto, tengo muchas ideas desgranadas y posiblemente, sin sentido alguno.

-Bueno, hombre, tampoco será para tanto. Siendo como sé que eres, y además me lo acabas de decir hace unos instantes, puedes tener la certeza de que ya sabes bastante de la vida y de los objetivos que con ella se pretenden. Vamos a ver, Pablo. ¿Qué es la vida? La vida es un teatro. Sí, como lo oyes, es un gran teatro en donde cada cual tiene que realizar una interpretación determinada. Unos tienen que ser protagonistas, otros actores secundarios, también están los tramoyistas, la orquesta, los maquilladores, los decoradores, etc. Todo el mundo tiene que intervenir en ese teatro. Es un ejemplo muy parecido al del fútbol, con la particularidad de que al final de la puesta en escena el público aplaude la actuación de cada cual y de acuerdo con los diferentes grados de calidad de la representación, se va ascendiendo por la escala de todo lo que interviene en la representación hasta que uno puede llegar incluso a convertirse en director de la obra y de otras muchas obras. Pero si la representación no ha sido la adecuada o la esperada en función de la calidad del actor, éste o bien tiene que repetir la obra desde el mismo personaje, o bien desde otros inferiores. Esa es la gran ley interna de la vida, ésa y no otra.

“Vamos a intentar definir la vida en sus diferentes etapas. Voy a definirte la vida de una persona que tú conoces, y espero que cuando haya terminado de explicarte todo el proceso, tú mismo me digas de qué persona se trata. -Yo debí de poner un gesto de intentar adivinar a priori quién era la persona, lo tomé como un juego y Paloma me corrigió en mi visión del tema.- No, Pablo, esto no es un juego de adivinación, es un sencillo modo de que a través de una persona en concreto y en la que no debes pensar mientras hablo de ella, puedas llegar a entender el significado de la vida, de la tuya y de la de todos los demás. Intenta no pensar en nadie en particular y verás cómo al final me dices con rapidez quién es esa persona. ¿De acuerdo?

-De acuerdo, Paloma. Estoy preparado para escucharte.

-Bien. Todos antes de nacer estamos en nuestro cielo particular. Todos tenemos una serie de misiones de control que coordinar para garantizar el que otros espíritus que están en el terreno de juego, siguiendo el ejemplo futbolístico, puedan llegar a terminar de jugar el partido, que es el objetivo. En la vida no hay que ganar, hay que jugar, pues junto a cada victoria siempre hay una derrota, para quien ha sido vencido. Sólo hay que jugar. El espíritu del que te estoy hablando, como tantos otros, tiene o posee un nivel determinado de realización espiritual. Me explico: cada uno de nosotros, estemos en la vida física o en la espiritual, tenemos un grado de evolución propio e independiente, disponemos de unos logros de desarrollo. A modo de ejemplo, cada ser espiritual tiene que aprobar una serie de asignaturas, como en el colegio. Todos, y cuando digo todos es sin excepción posible, hemos tenido o tenemos que superar o completarnos como espíritus en un montón de aspectos tales como ser mejores en bondad, en amistad, en esperanza, en lucha por mejorar, en dominio de uno mismo, en solidaridad, en generosidad, en dulzura y otros tantos más que conforman el grado de evolución de cada ser. Hasta que al final uno tiene que superar el último eslabón dentro de los espíritus normales, o más habituales, y ese eslabón es el del amor, con mayúsculas.

“Quien llega a superar todos esos apartados cruciales de la existencia espiritual, llega a ser como el director de la representación teatral. A esos “directores” nosotros les llamaremos, por ponerles un nombre, ya sabes que no existen las palabras en el cielo, Seres Superiores y de verdad, puedes creerme que lo son. Cuando llegas a ser un espíritu superior has pasado el trance de tener que superar todas las pruebas que las diferentes vidas te han ido poniendo a través del camino de perfección de cada cual. Incluso, y sé que esto te resultará de difícil comprensión, hay espíritus que se funden con otros para formar uno de más elevada concepción, pues para llegar a ser un espíritu superior ha habido que vivir muchas, no sabes cuántas, vidas físicas o terrenales. Y la cuestión no es mantener nuestra propia identidad pues como espíritus somos energía y como tales nos podemos sumar para construir seres de mayor grado. Para ti es incomprensible pensar que te puedes fusionar, por ejemplo, conmigo, pues somos cuerpos y de acuerdo con las leyes físicas de la Tierra eso sería, no sólo impensable, sino que también es imposible. Pero como seres espirituales sí que somos sumables y es una forma muy habitual de enriquecimiento espiritual.

“Creo que esto ha quedado claro, ¿no?

-Más o menos. Si me surge alguna duda más adelante, descuida que te preguntaré y te interrumpiré si es necesario.

-Correcto, eso es lo que trataba de decirte. Estupendo. Proseguimos. Te decía que cada espíritu tiene que superar un montón de pruebas, vamos a llamarlo así, en su caminar hacia la superioridad. Pero esas pruebas sólo se pueden conseguir en la vida física. Esa superación sólo se puede conseguir a través de vivir en este mundo, o en otros mundos, que también existen y ya me has oído hablar de ello.

-Sí -la interrumpí-. Era algo que en un momento u otro te iba a haber preguntado.

-El universo físico es muy grande, Pablo, para que la vida consciente de fusión de cuerpo y espíritu sólo existiera en la Tierra. ¿No te parece que de otra forma sería un desperdicio de Universo?

-Hombre, visto así, sí que lo parece. ¿Sabes qué es lo que ocurre?

-No, no sé a qué te refieres…

-Pues que a cualquier persona a la que le hables de extraterrestres le suena el tema a chirigota. ¡Mujer! No hay que estar lejos de este mundo para entender que cualquier referencia a vida en otros planetas pertenece a visionarios y a gentes que se representan como muy extrañas.

-Ya, pero también resultaban ser gentes muy extrañas Galileo, diciendo que la Tierra era redonda, y Colón, proponiendo cruzar lo que se suponía que era el abismo y el fin del mundo. Lo único que ocurre es que como seres humanos nos resulta difícil admitir que existan otra vida y otra Tierra que no sean las nuestras. Nos sabe mal tener que admitir que haya seres físicamente vivos, unos con una realidad técnica y de futuro muy superior a la nuestra, y otros, a grandes distancias de nuestro nivel de desarrollo. Preferimos anclarnos en lo evidente, en lo científicamente demostrable, que suele ser lo menos real, habitualmente. Es un tema que no me paré a pensar cuando estuve en mi cielo, el hecho de si existen o no los extraterrestres o como se quieran llamar, pues es algo tan normal como que un francés sepa que existen los brasileños. Por eso no puse atención en ver si esos seres de otros planetas han intentado ponerse en contacto con nosotros en la Tierra o no. De lo que sí estoy segura es que si lo han hecho ha sido de modo que nadie supiera de su existencia evidente ya que los trataríamos como a bichos. Como a King Kong, intentaríamos aprisionarles y analizar cómo son y de dónde vienen, y me supongo que si vienen de muy lejos tendrán el suficiente desarrollo como para que una cosa de ésas les pueda sentar bastante mal. Es mi visión particular del tema, tenlo en cuenta; si han contactado con la Tierra o todavía no lo han hecho, lo desconozco. De lo que sí que puedes estar seguro es que hay cientos de planetas en el Universo con capacidad tecnológica como para poder llegar hasta la Tierra. Yo, más bien mi espíritu, ha vivido en varios de ellos, físicamente.

-Oye, me entra una intriga tremenda por saber cómo son. ¡Dime algo!

-Pues… Por ejemplo, en el último en el que estuve éramos seres muy bajitos, muy anchos, con una constitución muy fuerte y con un desarrollo técnico y de navegación espacial a años luz de la Tierra. No recuerdo el nombre del planeta pues en la mayor parte de los casos las palabras no existían, la comunicación era telepática y todo tipo de medios de transmisión de información se canalizaban a través de ondas cerebrales inteligibles. Lo recuerdo vagamente y era muy complicado. El trabajo prácticamente se reducía a pensar, a crear nuevas estructuras de pensamiento, de producción tecnológica, de creación artística, etc. Su origen evolutivo era muy extraño y procedía en su mayoría de una colonia de otro planeta que se había desplazado a éste, cientos de años atrás, para poder sobrevivir. Lo último que recuerdo es que no había países, ni nacionalidades, y que yo era reportera en un medio de comunicación y tenía que viajar de un lado para otro y a planetas satélites de éste, en busca de noticias. Fue un trabajo entretenido, pero bastante complejo, no creas.

-Espera, espera, tienes que hacer un pequeño esfuerzo de memoria. Este es un tema que me apasiona. ¿En qué lugar de la galaxia se encuentra?

-Ah, no; está fuera de nuestra galaxia. Hay planetas habitados en la mayor parte de los rincones del Universo y todos están lo suficientemente separados como para que sus líneas de relación, pacíficas o no, no sean fáciles, lo que permite una existencia aparentemente individual. Por cierto, a uno de mis protegidos, cuando yo muera, voy a tener que visitarle y echarle un cable pues está teniendo serios problemas. Es un ser tierno e inteligente pero, quizás por eso mismo, le cuesta tremendamente adaptarse a la sociedad que le rodea. Y si a eso le unes que las amistades femeninas están locuelas por él, por su mente prodigiosa, pues los problemas de celos de otros machos le pueden ocasionar un disgusto y antes de nacer en otro mundo tengo que ayudarle.

-¿Qué es eso de que tienes que nacer en otro mundo?

-Sí, hombre, ya te conté lo de José, que tengo que echarle una mano en un mundo en el que está a punto de iniciarse una guerra fratricida. Que tenemos que trabajar en conjunto para ayudar a que el daño sea lo menor posible con nuestro granito de arena. Ya te hablaré más adelante de eso. De momento quédate con la idea de que en ese mundo él será mi mujer y yo seré su marido y que a su debido tiempo nos conoceremos.

-Me estás dejando intrigadísimo. Pero ¿qué le voy a hacer? Habrá que esperar…

-Bueno, que nos perdemos. ¿Por dónde íbamos?

-Pues que yo recuerde, en el circuito de la vida, ese ser que yo conozco, no ha nacido todavía.

-Ah, sí, es verdad. Como te decía, cada ser espiritual tiene que superar y superarse en una cantidad de aspectos y sólo puede hacerlo tomando cuerpo físico en algún sistema de vida. ¿Cómo se hace eso? Ahí viene una de las partes más complejas de todo. -Paloma se quedó pensativa un buen rato; después de cerrar los ojos y de interiorizar lo que deseaba decirme, los abrió, me sonrió y habló-: Cuando los seres espirituales estamos en las gradas, en nuestros cielos, tenemos que llevar a cabo, como tú sabes, labores de tutela de otros que están desarrollándose en otras vidas y a la vez debemos meditar acerca de nosotros mismos, debemos ser consecuentes con nuestro grado evolutivo, en lo que al espíritu se refiere, y planificar, con otros como nosotros, proyectos de vida. ¿Qué es un proyecto de vida? Es marcarse un objetivo para conseguir superar una parte poco evolucionada de tu alma y poder así superarte en una vida física. Pablo, perdona si me repito mucho, pero es que al ser todo tan confuso para ti, como sé que es, prefiero ser persistente, a que no me entiendas.

-Tranquila, Paloma Insiste todo lo que quieras, que no queda de más. Sigue, sigue.

-Lo que trataba de decirte es que hay seres como tú o en parecidas circunstancias a las tuyas, y con los que te sientes especialmente unida. Es con ellos con los que frecuentemente elaboras más proyectos de vida. Por ejemplo, en esta vida de ahora yo tenía marcado el objetivo de ayudar a los demás y como lo voy a truncar para ayudar a José, en el proyecto de vida que voy a compartir, de nuevo, con él, tendré que profundizar en la ayuda desinteresada a los demás. Y según lo que pude saber de ese mundo, va a ser una experiencia bastante fuerte. Cuando José y yo decidimos ser hermanos en esta vida para apoyarnos y tenernos cerca el uno al otro, cada cual tenía que aguantar su propia vela y la de él era el sufrimiento, admitir el sufrimiento físico y espiritual, tal y como yo tuve que hacer con mi esclavitud.

“En definitiva, lo que trato de decirte es que todo ser planifica su vida antes de nacer a una nueva existencia física, terrenal en nuestro caso. Cuando decidimos que vamos a jugar un papel determinado en la representación teatral lo hacemos siendo conscientes de las dificultades que asumimos y de hecho antes de nacer, damos un vistazo, podríamos decir, al mundo que nos va a tocar vivir. Nos asomamos al balcón del mundo que nos va a recibir. Siguiendo con el ejemplo teatral, es como leerse todo el guión y ensayar un poquito antes de empezar la representación de la obra. En el caso que nos ocupa y que es el que nos va a servir de ejemplo, su nacimiento a este mundo, no podría ser a otro, está justificado para hacer piña y unión con otro ser con el que ha tenido varias vidas de unión similar. Es probable además que sean dos espíritus que con el tiempo se lleguen a fusionar y creen un espíritu mucho más elevado. En la Tierra el primero se personifica en mujer y el otro en hombre, y antes de venir deciden que algún día llegarán a conocerse. Para estar unidos, lo mismo que hice yo con José, ellos lo hacen siendo marido y mujer…

No pude evitarlo y tuve que interrumpirla:

-No te estarás refiriendo a mis padres, ¿no?

-Pablo, tienes que tener paciencia y además hasta que termine no te voy a decir nada. Es muy importante que entiendas el significado de nacer y en qué condiciones lo hacemos todos. Es muy probable que en una vida anterior hayas sido un noble ruso y en la siguiente te veas viviendo en medio de una tribu africana en Etiopía. Que hayas sido un paria en la India y en otra vida un corredor famoso de fórmula uno. Y no creas que los ejemplos que te estoy poniendo son imaginarios; son auténticamente reales. Puedes pensar que un militar de instinto asesino en la última conflagración mundial haya muerto hace un par de años siendo atropellado como mendigo en las calles de Nueva York.

“Estábamos hablando de seres más evolucionados y menos evolucionados. Unos eligen el tipo de vida que van a llevar en su próxima configuración corporal, sea en el mundo que sea, y lo hacen libremente pues su propio nivel de evolución les permite elegir asumiendo el compromiso de mejorar; también hay momentos en los que se eligen vidas que van a ser inadecuadas y algún ser superior te indica o recomienda que modifiques tu elección; en otras ocasiones has optado por un tipo de vida que creías era el más adecuado y al poco tiempo de nacer te das cuenta de que no es lo más idóneo; es cuando se producen muertes desafortunadas, de vidas que no debían haberse vivido. Ese tipo de muertes son las que entendemos menos, las que más inexplicables y tristes nos resultan. La verdad es que es una pena ver que una vida se haya de ver truncada por una mala decisión, pero no queda más remedio. Existe otro tipo de situación, que es cuando el ser que ha optado libremente lo hace por un tipo de vida de corta duración, como fue la de mi hermano; en ese caso se suelen dar unos tipos de experiencias vitales que son tan fuertes que una corta vida se hace más insufrible que cien años de otras.

-Perdona, Paloma, pero ¿cómo se puede aguantar una vida como la de los pobres niños de Biafra o de otros sitios parecidos?

-Humm. Es difícil de entender si nunca se ha sido como ellos. Lo crucial es entender que se vive en un mundo, en un ambiente en el que la mayor parte de los hombres, niños o mujeres que te rodean viven de muy parecida forma a como tú lo haces. Es la solidaridad más completa que existe en la Tierra. Cuando un pueblo se ve sometido por otro, cuando se siente oprimido por las desgracias de la naturaleza o por el hambre, el sentirse todos iguales, todos metidos en el mismo barco, hace que las penas sean menos penas. Puedes estar seguro que un mendigo en Nueva York o en Tokio es más infeliz que un niño de Etiopía, pues los primeros padecen las terribles diferencias que les imprime el entorno en el que se desenvuelven, y el niño de Etiopía, mire hacia donde mire, siempre verá la misma miseria e idéntico sufrimiento para él y para todos los que viven con él. Creo que ahora me entiendes mejor, ¿verdad?

-Sí, creo que sí. Tienes toda la razón. Sigue, por favor.

-Creo que sólo me faltaba explicarte la existencia de un tipo de ser espiritual y una forma diferente de asistir al escenario de la vida. Ese es el menos evolucionado. Es el que tiene que ser empujado por algunos de los que ya han pasado por el mismo trance. Los seres menos evolucionados son los que menos experiencias de vidas tienen, son los más primitivos, digamos que son los que contienen los comportamientos más irracionales o más animales de todos. Digo lo de animales en el sentido de que su instinto es más poderoso, casi, que la propia fuerza de su espíritu. Convertidos en seres vivos, en personas, suelen ser las que más complicaciones generan en la sociedad. De hecho cuando alguien, por ejemplo, comete un crimen, sea del tipo que sea, es que padece uno de los comportamientos más primitivos que existen, y que es el de quitarse de enmedio un problema de la forma más rápida posible, ante la dificultad de asumirlo racionalmente e intentar solucionarlo de la forma más correcta posible. Con esos comportamientos son ellos mismos los que al final se enredan en sus propias trampas y esos comportamientos no medidos son los que les ocasionan los mayores problemas en sus vidas. Y cuando digo cometer un crimen me refiero a todo tipo de actos vandálicos e impunes en los cuales se hace uso de la fuerza, del tipo que sea, para someter a una persona más débil, y por lo general más elevada en condición espiritual. Siempre ha sido y siempre será así.

-Pero, entonces, ¿siempre que alguien actúa impunemente es por inferioridad   espiritual?

Paloma se echó a reír y con rapidez me contestó:

-No, hombre. Siempre no. En muchas ocasiones debemos asumir papeles poco éticos o poco agradables, considerados desde nuestra posición de partida. Pero es tan sencillo de entender como que alguien tenía que hacerlo. Creo que el mensaje oportuno que debemos extraer de todo esto es que cualquier posición de opresión sobre una parte débil, sea de la forma y manera que sea, venga elegida o nazca del propio espíritu, siempre supondrá una carga para quien opta por esa línea de actuación, y en muchos casos no sólo para esta vida, sino para muchas sucesivas. Nuestra evolución no termina con una vida, que muchos creen que cierra cualquier posibilidad de continuidad en la existencia, y a la que otros dan un valor definitivo en la vida espiritual. Es un ejemplo muy tonto, pero para que te hagas una idea, la vida que yo he tenido en la Tierra, ésta última, no supondrá ni un uno por mil de la capacitación espiritual que necesitaré conseguir en mi existencia total. Existencia que ya casi ni recuerdo cómo empezó, y que difícilmente sabré cuando terminará, pues es difícil que algo termine cuando no tiene fin. Y no me preguntes, eso es imposible de explicar y más difícil aún de entender.

Paloma se puso un poquito a la defensiva, por eso le dije:

-Vale, vale, mujer, no hace falta que te pongas así. Anda, sigue. Si quieres que no pregunte no tienes más que advertirlo. ¿Vale?

-Es que te tengo miedo, a ti y a tus preguntas… Estábamos en que esa mujer, pues será una mujer, determina qué tipo de vida quiere vivir y se busca unos cuantos soportes espirituales que le permiten cumplir su objetivo de vida que no es otro que el del control. Sí, ella necesitaba aprender a controlarse y, no creas, es un espíritu bastante avanzado, casi tanto como tú. Y el control debía ejercerlo, sobre todo, en el cuidado de su marido, pues él va a realizar una labor muy trascendente en esta vida y ella debe servir como soporte importante de su existencia.

“Una vez que eliges el tipo de vida que vas a llevar, de algún modo reservas nacimiento, reservas el cuerpo que va a dar forma a tu espíritu, y cuando te materializas en él se produce uno de los mayores misterios de la naturaleza espiritual. Es indescriptible, es un fenómeno de una profundidad tan grande… -Paloma fijó su mirada en lo alto, pensando y sintiendo las palabras que estaba pronunciando.- Voy a intentar explicarlo, con la dificultad que ello comporta. Cuando nacemos al mundo físico, justo antes de incorporarnos, sabemos que una vez que eso ocurra no volveremos a recordar absolutamente nada de lo que somos, ni de cuál es el objetivo a cumplir, ni de qué papel representan los espíritus que previamente habían acordado contigo una relación de vida. Sabes que no sabrás nada de nada, y vienes a la vida tal y como tú, yo y todo el mundo lo hace, desconociendo para qué y por qué nacemos a la vida terrenal y nos sentimos sorprendidos por cosas que en situación normal, allá en tu cielo, te harían reír por la ingenuidad de lo que nos llegamos a plantear. Así es la vida, así son las vidas. Y cuando te transportas hasta un nuevo nacimiento de vida, es como si… como si te zambulleras en una piscina, o en el mar. Sí, puede ser un buen ejemplo: como si penetraras en el mar y una vez que estás en él olvidas de dónde viniste y al introducir cada una de las partes de tu cuerpo en el agua sientes que está fría, que estás incómodo, que tienes la terrible limitación de lo físico, de lo… ¿De qué? De nada, pues en ese justo instante ya no recuerdas nada. Todo lo anterior se ha acabado y el pasado, el que vale, se ha desmoronado. Lo único que queda es el ánimo que define las particularidades de tu espíritu, pero la memoria, la de la existencia eterna, ésa ha desaparecido: no sabes quién eres, ni quién vas a ser. Has muerto para nacer.

En ese momento entró la enfermera.

-Señor Pablo, ha llegado la hora de marchar. Lo sentimos mucho pero va a tener que dejar tranquila a nuestra enferma favorita. Cuando pueda…

-Sí, sí, yo también lo siento mucho. Bueno, Paloma, me tienes en auténticas ascuas y quemándome como me estoy quemando, me tengo que marchar. ¿Qué le vamos a hacer?

-Pablo, de todas formas, por hoy ya ha estado bien. Ya tienes bastante material para pensar lo que queda de hoy y lo que falta de mañana, hasta que nos veamos. Anda, dame un beso, ¡remolón!

Me despedí de ella y de la solución, aplazada, de todos los enigmas que estaban planteados y que debían quedarse en el tintero hasta el próximo día.

Resultaba tan sorprendente, pensaba mientras iba a casa, que la vida fuera tal y como Paloma me estaba relatando… Y sin embargo, pensando un poco en las combinaciones de personalidades que existen a nuestro alrededor se podía comprobar que muchas de las ideas que me estaba transmitiendo Paloma encajaban como en un puzzle, casi con la misma perfección de detalle. Por ejemplo pensaba en las personas que habitualmente comparten mi vida. Pensaba en Esther, en Cristina, nuestra hija, en mis padres y en los de Esther; también en mis hermanos y en mi hermana y en los compañeros de trabajo y en todos los buenos amigos que tenemos. Al final parece que en la vida se produce una selección de las personas con las que quieres integrarte o con las que, en definitiva, te relacionas.

Como filosofía de vida yo siempre he intentado ir de legal en todo lo que hago o en la forma en la que trato a los demás. Si te aprovechas de ellos, al final eso se vuelve contra ti… ¡Qué curioso!, pensé, eso es precisamente lo que me ha dicho Paloma: que el que la hace, la paga. Pero Esther y yo eso siempre lo hemos defendido de forma implícita, sin ser capaces de plasmarlo en un papel o, al menos, de ser capaces de pararnos a reflexionar en ello; salía de forma natural en nosotros.

Por otro lado, todas las personas que antes he nombrado están en nuestra misma sintonía de vida y todos aquellos que han entrado en nuestro círculo están hechos de la misma madera pues si no, no cuadrarían con nuestra forma de ser. Desde luego que eso tiene que ser por algún motivo especial.

Cuando estaba saliendo del coche, en dirección al ascensor de casa, pensaba que fuera como fuera la vida, había tantas cosas que hacer, había tantas cosas por las que luchar y pelear, aunque sólo fuera para avanzar, para que cada día el mundo fuese un poquito mejor… Esta Tierra que habitamos ha sido puesta a nuestra disposición y debemos cuidarla. Tenemos algo valioso, un medio ambiente en el que vivimos, unos animales de los que nos beneficiamos para vivir nosotros mejor, una tierra que cultivamos y unos mares que esquilmamos en nombre del trabajo, en nombre del dinero, del enriquecimiento rápido y seguro. Menos mal que esos modos de crecer, esos pelotazos que a fin de cuentas damos a la naturaleza o a nuestros semejantes, cada día fenecen en los lodos que les dieron vida.

Siempre he pensado que hay tres grandes formas de enriquecerse y en mi experiencia en el mundo publicitario he visto hacer grandes negocios, pingües, diría yo, a gentes que lo lograban de manera lícita, y no tan lícita en otros casos. Decía que hay tres grandes formas de ganar mucho dinero. Una de ellas es la que menos gusta al común de los mortales y es tan sencillo que se consigue “sólo” con mucho trabajo: mucho dinero por mucho trabajo, parece justo. Otra forma es a través de una gran idea; los publicitarios vivimos de la creación de ideas que no se les han ocurrido a otras personas. Hace años, por ejemplo, en Norteamérica un señor “inventó” unos apósitos de color, para personas de raza negra; ese hombre hoy día está forrado de dólares. Sólo se le ocurrió a él; si hubiera habido muchos con la misma idea, al mismo tiempo, hoy no estaría forrado pero el mundo protege a las ideas, son las que le hacen moverse, y a sus creadores. Luego una gran idea puede proporcionar un gran capital; también parece coherente.

La tercera forma de conseguir grandes sumas de dinero es a través de negocios no lícitos, o en los que una de las partes que intervienen gana más que la otra por posiciones de fuerza, privilegio, poder político u otras. Formas de enriquecimiento contrarias a la igualdad de las partes, cuando para que haya buen negocio, nadie tiene que perder. Por tanto grandes fiascos dan lugar a grandes sumas de dinero.

Justo cuando estaba metiendo la llave en la cerradura de la puerta apareció mi gran amor, Cristina, y todos los pensamientos anteriores sobre el dinero y las malas actuaciones se borraron de golpe, ante la presencia de algo tan bello y querido por mí. Siempre he pensado que a alguien que no sea capaz de sentir ternura, una tremenda ternura, ante la contemplación de un niño pequeño, lleno de alegría, debilidad e ingenuidad, habría que desposeerle del “carnet” de persona.

Cansado por el ajetreo del día me encomendé al arrullo y las caricias de Esther. Vimos un poco la tele antes de dormirnos. Lo último que pensé fue que al día siguiente sería viernes y dado que después de un día como ése sólo existe la posibilidad de que venga un maravilloso sábado de fin de semana, una sonrisa debió de esbozar mis mejores sueños.

Sabe Dios a dónde irían a parar mis pensamientos y a dónde iría mi espíritu durante el sueño. ¿Seguía unido a mi cuerpo o se dedicaba a vagar por los cielos, por mi cielo particular? Creo que con ese pensamiento me dormí y con la necesidad de ahondar en él al día siguiente en mi charla con Paloma. Es tan grande la frontera que separa el mundo de lo conocido del que está por conocer, es tan inmensamente grande, que al hombre siempre le quedará algo por saber y por descubrir. Cuando se piensa que es mucho, mucho más lo que queda por averiguar que lo que se ha conseguido descifrar, se siente uno tan pequeñito, tanto… Me sobraba más de la mitad del trozo de cama que me corresponde. Al lado de Esther me vi como un niño y entre sus brazos olvidé mi existencia…

 

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