¡¡Cielos!! – Capítulo Ocho –

OCHO

 

La sesión del viernes fue una de las más densas de las que iba a mantener con Paloma. Nada más entrar por la puerta de su habitación, la voz tierna y dulce de Paloma, escondiendo el amargo dolor que la aquejaba, me saludó:

-Buenas tardes, caballero. Por fin es viernes, ¿eh?

-Ya lo creo. Todo llega en esta vida…

-Eso sí que es cierto.

-Mira, mira, no empieces, que te veo venir… Vayamos con lo más importante: ¿qué tal te encuentras? ¿Estás mejor?

-Estoy bien, Pablo, estoy bien. Un poco dolorida, pues a este cuerpo que me fue prestado le he dejado al pobre hecho polvo entre pastillas, inyecciones y contracciones musculares que día a día tiene que soportar. Y para que no te dé pena mi cuerpo haz una cosa. Verás, ven aquí; siéntate en la cama. -Yo era reticente a hacerlo, no fuera a provocarle algún dolor al sentarme, pero ella prácticamente me lanzó hacia el colchón, tirando de mi mano.- Mira, mira mis ojos. Pero míralos hacia dentro; escruta en ellos quién soy yo. Hazlo despacio. Fíjate, estoy poniendo una cara inexpresiva, para que mi rostro no te hable de mí; sólo quiero que mires en mis ojos. Fíjate bien. -Después de unos segundos, dijo-: Ya has podido verlo. Bien, ahora dime: ¿qué has visto?

-¿Te digo todo lo que se me ocurra?

-Claro.

-He visto alegría, paz, toda la seguridad y confianza del mundo. He visto generosidad, he visto amor, amor por mí, pero de una forma muy especial; era un amor desprovisto de la atracción física, era amor de verdad. Y he visto muchas ganas de vivir, es inexplicable, pero he sido capaz de distinguir un poderoso afán por vivir. Eso he visto.

Paloma se emocionó, sonrió, y se puso a aplaudir desaforadamente mis palabras, hasta que yo, muerto de la vergüenza por el escándalo que estaba montando, la interrumpí y le pregunté por su actitud. Ella respondió satisfecha:

-Está claro que eres especial; muy especial, Pablo. Has visto exactamente lo que soy y cómo soy, aparte de algún que otro defectillo que he escondido…

-Y que, por cierto, no he dicho.

-¡Serás sinvergüenza! ¿Qué es lo que has visto?

-Un pelín de osadía, otro de terquedad y un algo de sensiblería.

-Señor doctor del alma, es usted un genio. Sí señor, un genio. Vale, vale, ya te diré yo a ti tus cosas malas…

-No hace falta, si ya me las sé, hasta de memoria. No es necesario que me las recuerdes.

-¡Era broma, hombre!

-Ya, pero por si acaso…

-Bueno, bueno. Creo que deberíamos empezar por el tema en el que nos quedamos ayer. ¿No te parece?

-Sí, claro, pero antes tengo que hacerte un par de consultas que me generan bastante curiosidad, y una de ellas desde hace mucho tiempo…

-Tú dirás.

-La primera tiene relación con los sueños, con lo que cada noche soñamos. ¿Qué es lo que ocurre con nuestro espíritu cuando soñamos? ¿A dónde va?

Paloma se quedó un poco perpleja y comenzó a hablar.

-Es una buena pregunta, Pablo. Ya lo creo. Cuando somos cuerpo y alma, el sueño, el acto de soñar, no el descanso o reposo corporal, nos permite recuperar una parte de nosotros mismos que está en el olvido. El hombre, y la mujer, al dormir son como animales, se convierten en puro instinto y eso es lo que nos mueve y lo que permite que nuestras actividades motoras, como las que proveen de vida al corazón, continúen en funcionamiento de una manera autónoma y sin necesidad de control consciente. Pero dentro de esa parte animal o instintiva se producen varios tipos de fenómenos. Uno de ellos es la satisfacción del deseo de cosas que durante la vigilia no hemos sido capaces de conseguir, y que con el sueño podemos dar por hechas. A fin de cuentas las imágenes oníricas para nuestro cerebro tienen la misma validez que las que se producen de manera consciente, él lo interpreta con la misma fuerza e intensidad. Otro de los fenómenos que se producen es que el sueño es una mala traducción de lo que ocurre en nuestro inconsciente, casi animal, y nos permite leer o interpretar ese comportamiento o esas necesidades sin el dramatismo de lo puramente físico. Otro de los aspectos, que quizás sea en el que tú estabas pensando, es que al soñar nuestro espíritu viaja, en algunas personas, no en todas, hasta nuestro cielo particular. Eso es lo verdaderamente importante, y el sueño no reproduce la sensación de estar presentes en nuestro cielo, qué va, lo que hace es una mala interpretación.

“Verás; esto último es como si abres una rendija de un par de centímetros en la puerta de un garaje de tres metros de altura y visto desde arriba, no asomándote, lo que ves, las sombras, las luces, los reflejos o la oscuridad, es lo que el sueño te deja ver de todo lo que hay dentro. Y en el garaje puede haber desde un coche hasta un mini taller, multitud de objetos. Pues así es el sueño, es la parte que nuestro ser permite que veamos de todo lo que contiene y adorna nuestra propia espiritualidad y nadie, ningún ser humano, es capaz, te lo garantizo, de poder distinguir su propio cielo o su propio sentido de vida leyendo a través de los sueños. Como mucho puede deducir leves interpretaciones pero nada más, e insisto, no en todos los seres humanos se puede producir ese “viaje”. Siempre responde a una necesidad inconsciente que nos permite acceder a nuestro cielo. Ese “viaje” suele producirse cuando necesitamos refuerzo espiritual, es como tener la necesidad de llenar el depósito de gasolina de nuestra alma para poder seguir viviendo y sufriendo, en muchos casos. De hecho a todas las personas que experimentan este tipo de desprendimiento corporal les provoca que al despertar les cueste mucho volver a ser ellas mismas. En estos casos se produce un proceso lento de adaptación del espíritu al cuerpo y viceversa.

-Vale, me ha quedado claro. O sea que en ocasiones muchos de nosotros, al dormir, es como si fuéramos al cielo. Está bien eso y creo que es bueno saberlo, y para mí tiene mucho más sentido la mística del sueño…

-¿Qué es eso de la mística del sueño?

-Es una frasecita que me he inventado yo; lo que quiero decir es que ahora le encuentro más sentido a la magia que tiene el ver a alguien dormir. ¿Nunca has experimentado eso?

-No sé qué es lo que pretendes hacerme entender. No lo entiendo.

-Sí, mujer. Yo muchas veces me he parado a ver a alguien dormir. Cuando tenía novias y amigas con las que viajaba en tren, en coche, o a las que podía ver durmiendo a mi lado en un sofá y, en rara ocasión, en una cama, me privaba el poder contemplar el rostro dormido de una mujer.

-¡Qué curioso! Nunca había pensado en una cosa así.

-El mirar a alguien que duerme es una forma genial de aprender cómo es esa persona, por eso a mí siempre me encantaba. Al ver el rostro de una durmiente yo sentía mi alma enternecer y entendía su manera de ser. Sí, es cierto; con mi hija ocurre lo mismo y de hecho a un niño pequeño nos encanta verle dormir, nos da paz, mientras que en un adulto no lo hacemos, o no se hace, por decoro, porque parece que estás rompiendo su intimidad. Pero es precioso; una imagen durmiente destila tranquilidad y ahora entiendo que en ocasiones nos procure una cara angelical, pues en muchos casos ángeles habrá en ese rostro. ¡Qué bueno el saberlo!

“Oye, la segunda cosa que te quería preguntar tiene relación directa con lo anterior. Verás: uno de mis mejores amigos, de los tres buenos, buenos, que tuve en la infancia, murió ahogado en el pantano de Lozoya, un verano. Yo, junto con otros amigos, llevé su ataúd para enterrarlo y a mí aquello me impactó de una forma muy profunda; sentí el peso de la muerte, el peso de la relatividad de la vida y la incomprensión de la ausencia de personas tan buenas como era él, Alberto. Bueno, pues pasaron los días y a los dos o tres meses tuve un sueño de ésos que recuerdas con una nitidez tan patente… Fue diferente a todos los demás sueños que he tenido. De aquel sueño la referencia fundamental que recuerdo es que Alberto, con una ternura que aplastaba, me miraba a los ojos, me hablaba y me decía: “Pablo, no te preocupes por mí; tú tienes que seguir viviendo y yo estoy muy bien en donde estoy. Estáte tranquilo”. Y después de pronunciar esas palabras, o unas con idéntico significado, me sonrió con amplitud, parece que aún lo estoy viendo. ¿Qué me puedes decir de todo eso?

-Pues varias cosas. En primer lugar, y ya hablaremos de ello más adelante, que cuando llevábais la caja de Alberto, lo único que transportábais era su cuerpo privado de vida. Y que seguro que él desde su cielo os estaba viendo y sintiendo la explosión del placer de ser querido, de ser echado en falta. En segundo lugar que, tal y como me lo has relatado, puedes tener la seguridad de que tu espíritu y el de él estuvieron juntos en aquel sueño, en tu cielo o en el de él, y la traducción inteligible que tú podías recibir, como no podía ser la de “estoy en el cielo”, fue la de que estaba bien y que no te preocuparas por él.

-Perdona, Paloma, se me olvidaba decirte que, además, cuando me desperté y recordé todo el sueño experimenté una sensación de tranquilidad infinita; me sentí reconfortado ante las palabras de Alberto, que casi, casi, silbaron en mis oídos.

-Sí, claro, no podía ser de otra forma. Vale. En tercer lugar también tienes que saber que los espíritus usamos el sueño para poder dar ánimos, para poder mantener esos diálogos gratificantes o que advierten de los peligros y de los caminos que hay que corregir. Es una vía de comunicación que también suele emplearse con los protegidos de uno. Para entendernos, podemos decir que tu “ángel de la guarda”, cuando la situación es preocupante o requiere su intervención, sin intervenir, aparece en sueños y te envía sus mensajes a través de lo que has soñado. Es algo habitual, sí. Por último hay una idea que también debes entender y transmitir a todo el que quiera conocer el sentido de su propia vida: una de las funciones más esenciales que podemos cumplir en una existencia de cuerpo y alma es el recuerdo que dejamos en los que quedan, es el poso de lo que hemos representado para los demás y la forma en que nos hemos ido. Cuando yo termine de contarte todo lo que debes saber y me vaya a donde deseo, mis palabras repiquearán en tu mente y todo lo que he sido, lo que he dicho y la manera en que haya actuado, tendrá mucha más relevancia para ti que cuando lo dije o hice en vida.

-Lo entiendo perfectamente. Es como si se reforzara el eco de las palabras que alguien, con la vida dentro, dijo en su momento.

-Por eso hasta es más que posible que la misión de tu amigo Alberto o una de las partes más importantes de su objetivo de vida fuera el recuerdo que iba a quedar de él en todos los que le conocieron y le amaron. Eso sucede a menudo y si tu amigo encima era buena persona, el impacto y el recuerdo aún es superior.

-¿Que si era buena persona? ¡Como no la habido nunca! Era entero y amigo de sus amigos y desearía, con las letras de su nombre, formar una guirnalda de palabras que llegaran hasta el mar de la tranquilidad de su recuerdo, el que en todos los que le conocimos siempre quedará indeleble. Grabado en nuestras almas en memoria de Alberto, Alberto Suárez. Para siempre.

Paloma y yo permanecimos unos segundos en silencio y cuando mi mente quedó libre de pensar en sus palabras, volvimos a retomar el tema que habíamos interrumpido el día anterior.

-¿Seguimos con lo nuestro?

-Seguimos, seguimos.

-Creo que nos habíamos quedado en cuando nacemos a la vida, en cuando nos incorporamos como espíritu al cuerpo que hemos elegido. Ahí estamos, ¿no? -Hice un gesto afirmativo y prosiguió-: Todos conocemos lo controvertido que ha sido siempre el tema del aborto, que si se mata una vida, que si se tiene que tener el derecho a tener los hijos que se desee… Hay de todo, ¿no? La respuesta es muy sencilla. Un espíritu nunca se incorpora en un cuerpo, por regla general, antes de que éste haya nacido. Es decir, que tú, por ejemplo, al ser engendrado fuiste desde tu concepción hasta que naciste pura biología, fuiste el cuerpo que hoy te sustenta y la genética que ha conformado la naturaleza de tu cuerpo, pero no eras espíritu. Te incorporaste en los días siguientes a tu nacimiento. Y te preguntarás cuál es la razón. Es bastante sencilla. Verás; el futuro es difícil de predecir, pues lo estamos haciendo cada momento, cada día, y podemos variar algo, aquello que depende de nuestra propia voluntad. Pero lo que cae fuera de nuestro esfuerzo o de nuestra vigilancia o, como en este caso, lo que viene determinado por la pura biología, es impredecible. Es prácticamente imposible evaluar cuál va a ser el camino por el que discurrirán los acontecimientos y por eso no podemos, o no debemos, incorporarnos como espíritus antes de saber con bastante certeza si el cuerpo que nos va a acoger va a tener unas suficientes garantías de continuidad.

“Alguna vez habrás observado la expresión de un recién nacido. ¿A qué se debe que prácticamente sean todos iguales? A que son, en su mayor parte, sólo cuerpo. Será en gran parte el alma la que anime el cuerpo y la que le dará la vida y el sentido de su existencia, pues sin alma un cuerpo es sólo un trozo de animal, sería puro instinto. Por eso cuando nacemos a la vida lo hacemos con la garantía de que el esfuerzo de descender a la vida terrenal no va a verse truncado por una muerte inesperada del cuerpo o por un fallo que haga inútil el incorporarnos a él.

“Hasta aquí todo va bien, y si todo sale como debe empezamos a crecer y a manifestar nuestra personalidad en el ser que va adquiriendo experiencia corporal y vital. Y en este punto es donde debes tener muy claro que cuando tomamos cuerpo no recordamos absolutamente nada de lo que hemos dejado atrás, nada de nada.

-Ya -la interrumpí-. Pero, ¿cómo se manifiestan las características diferenciadoras de ser un espíritu y no otro?

-En la forma en que reaccionamos frente al medio exterior. En la manera de sonreír, en la forma de enfocar la vida, en el grado de travesuras que hacemos, en lo primitivos o evolucionados que seamos, en el amor que demostremos y que derrochemos a nuestro alrededor, en la paz que irradiemos, en la alegría que desbordemos, en nuestro entusiasmo, en la capacidad de inteligir los problemas de la vida, en nuestra valentía, en la capacidad de sacrificio, en lo solidarios que seamos, en…

-¡Vale, vale! No sigas. Está entendido. Cada persona tiene su propio sello desde niño, desde las cosas más simples que hacemos, y el hecho es que nos sentimos diferentes unos de otros. Se me ocurre un ejemplo: sólo hay que ver a los niños de una clase de párvulos, como la de mi sobrino. Al verlos se entiende que a cada uno le anima un espíritu distinto y que las características o los pilares de su personalidad en muchos de ellos se van a mantener durante toda su vida. Es probable que yo sirva para demostración de lo que has dicho; creo que desde siempre he sido más o menos el mismo, más o menos culto, más o menos refinado o educado, pero a fin de cuentas, el mismo. Es cierto.

-Me alegro de tu entendimiento, así me lo haces más fácil y… ¡Aaaay! ¡Qué dolor!         Paloma volvía a sufrir uno de sus ataques de dolor, achaques que cada vez eran más frecuentes y más intensos. Le dije:

-¿Llamo a alguien? ¿A una enfermera? ¿La llamo?

-No, no es necesario, Pablo. Ya se me está pasando. Tranquilo, mozo, que todavía no te puedo dejar. Aún no hemos terminado. -Paloma poco a poco se fue recuperando y cuando lo hizo dio de nuevo rienda suelta a sus palabras.- Cuando nacemos rompemos la barrera que separa el mundo que ahora nos acoge y el que tenemos detrás de nosotros. Puede decirse que tras la imagen de una persona está su verdadera realidad, que no es otra que la que soporta su cielo particular. Con esto no quiero decir que debamos saltarnos a la torera esta vida, ni mucho menos, y hay dos poderosas razones que sustentan esta aseveración. Verás; por un lado, si en la vida terrenal y física no cumplimos el objetivo que nosotros nos habíamos marcado, cuando regresemos a nuestro estado natural, al cielo, lo lamentaremos profundamente pues deberemos buscar otro mundo, o el mismo, en donde repetir nuestro objetivo de vida para poder cumplirlo y, ¿sabes lo que ocurre?

-Te aseguro que no tengo ni idea.

-Pues que, al igual que cuando en la universidad suspendes una asignatura y luego cuesta un esfuerzo sobrehumano recuperarla, lo mismo ocurre con el objetivo que tenías que cumplir. Vamos a poner un ejemplo pues aunque nos extendamos va a resultar mucho más ilustrativo. Tengo un protegido que está, en estos tiempos, en su tercera vida terrenal intentando cumplir el objetivo de vida que se marcó hace más de doscientos años. El primer intento lo hizo en otro planeta, que nada tiene que ver con el nuestro. El segundo lo hizo en éste, en el Chicago de los años veinte. Y el tercero lo está desarrollando en este tiempo, ahora, en Düsseldorf, Alemania, y parece que por fin lo está consiguiendo. Su misión, la que él mismo tenía encomendada, es una de las más difíciles de cumplir en el mundo físico: es la de la generosidad, o visto de otra manera, romper con el egoísmo por la tenencia y posesión de cosas materiales. Hoy en día se llama Arnold y para no liarnos le vamos a llamar así de continuo.

“Arnold en su primera vida era uno de los principales magnates de un sector de la economía de su mundo y explotaba varios satélites de su planeta obteniendo un mineral por nosotros desconocido. En aquella vida Arnold sucumbió a su objetivo, no fue capaz de eliminar de su existencia la tentación de atesoramiento indiscriminado y más cuando al negociar con otros, los otros se empobrecían y él era cada vez más rico. Murió a una edad no muy avanzada y al regresar de nuevo a su verdadera identidad lamentó profundamente su error. No le quedaba más remedio, como no queda, que seguir intentándolo y eligió, bajo mi sugerencia, la Tierra. A ella vino a parar en los años ochenta del siglo pasado. ¿Qué es lo que le ocurrió? Tres cuartos de lo mismo, empezó su vida terrenal intentando mantener una línea de actuación coherente con el objetivo y a los pocos años, escudándose en una defraudante relación amorosa, comenzó a atesorar riquezas y se convirtió en un floreciente hombre de negocios, despiadado en ellos y con los que con él tenían necesidad de entenderse. Una verdadera pena sintió Arnold al volver a comprobar que su esfuerzo de vida había sido inútil. Unicamente había recogido algo de experiencia vital en un par de apartados pero lo realmente importante seguía necesitado superarlo. Parece que ahora está encaminando sus pasos y siendo un empresario floreciente, es lo suyo, está dedicando todos los beneficios que producen sus empresas en ayudas al tercer mundo y en reflotar empresas contaminantes convirtiéndolas, tras pasar por las manos de sus ingenieros, en centros productores ecológicos y rentables. Se ha dedicado a crear riqueza, que eso sabe hacerlo muy bien, pero repartiendo al cien por cien el beneficio que sus actividades generan.

“Creo que el ejemplo ha sido ilustrativo, ¿no?

-Mucho, mucho. La verdad es que anima a que uno se piense un par de veces las cosas que se pueden hacer en esta vida. Me temo que a quienes lean tus palabras, puestas en la tinta de mis letras, dependiendo de cuál sea su actitud, les alegrará o les entristecerá esta “noticia” y… Pero espera, una cosa. ¿Cómo sabes si estás haciendo lo correcto o no? ¿Cómo sabía Arnold si su actuación era la correcta o si estaba equivocando su objetivo? ¿Eh? ¿Cómo?

-Muy fácil, a través de su conciencia, que para eso la tenemos. ¿O para qué te crees que sirve la conciencia? ¿Para adornar nuestra alma? No señor, la conciencia es el faro que ilumina las costas de la negatividad de nuestro destino iluminando los escollos y las rocas que pueden hacer que nuestro barco naufrague. ¿Más claro?

-No, no; es suficiente.

-La conciencia te va enseñando en la vida si el rumbo elegido es el adecuado o no. Mira, mira a tu alrededor y verás que las personas que tienen su conciencia tranquila son coherentes consigo mismos, son alegres, optimistas, miran al futuro con confianza, saben lo que tienen y lo que no tienen que hacer en cada momento. Y si en algún momento tienen que corregir su rumbo lo hacen con convicción, penando su error, pero con convicción.

“Pablo, no quiero que esto se convierta en un alegato religioso o de derecho natural. Ni mucho menos; desproveo a todo de cualquier significado que mire hacia donde mire. Mis palabras no miran hacia ninguna parte, apuntan hacia cada uno de nosotros y no son tristes sino alegres. Deben transmitir confianza en el buen juicio de la mayor parte de las personas que encumbran su vida como es debido y que dan paso a otras de mayor calidad de objetivo vital. Sin ellos saberlo, pero así lo hacen. Esa es la auténtica realidad de nosotros mismos y no otra. Todos hemos oído una expresión que refleja lo que estoy diciendo: “Fulanito, así que duermes muy bien, ¿eh? Debes de tener la conciencia muy tranquila”. Pues sí, seguro que ese ser es tranquilo de conciencia y seguro que nosotros juzgamos que su labor en la vida no es fundamental o menos importante que la nuestra; es muy posible, pero él cumple con la función que se ha marcado y lo hace correctamente. Nadie es igual a nadie y nadie tiene que igualar a nadie. Todos pretendemos que los demás se comporten y evolucionen de acuerdo con nuestros propios patrones de conducta y eso no puede ser. La mujer quiere que su esposo sea de una determinada manera, el padre quiere que el hijo sea brillante como él o más aún y que lo haga de acuerdo con sus cánones; el hermano pequeño tiene que sufrir las ataduras de los mayores en deberes y obligaciones, pero no en derechos. “Hay que ser como el hermano mayor, o como el primo, mira lo estudioso que es…” Frases como éstas las hemos oído y se oyen siempre y no tienen ningún sentido. Cada persona es un mundo, cada ser mantiene su propia individualidad, la del espíritu que lo forja y que le hace diferente de los miles y millones que puedan existir a su alrededor. Si a ello le unimos que a unas personas nos resulta más fácil ser deportistas, a otros ser estudiosos, a otros ser guapos y atractivos, a otros cultos y formados, a otros trabajadores, a otros… Cada persona posee cualidades que le facilitan el hacer mejor que otros una determinada tarea y en cambio en otros capítulos se siente incapaz de mover un dedo. Mientras todos no asumamos que debemos intentar sacar de cada persona lo mejor que tenga y no intentar imponer nuestros criterios de lo que sería adecuado, abusando de nuestra posición de privilegio o de mando, las cosas irían mucho mejor para todos. Puedes estar seguro.

-Eso es muy cierto. Esther, cuando éramos novios, se empeñaba en que yo fuera un manitas en las manualidades de la casa, al igual que su hermano Rafa, a quien se le da todo bien. Yo insistía e insistía que en mí eso era poco menos que pedirme un imposible. No podía sacar nada bueno de mí en eso. Conseguí persuadirla de que con mi impaciencia nunca iba a conseguir nada, pero sí con mi capacidad de negociación con cualquier posible carpintero, o fontanero, o en una tienda de muebles o con unos pintores. Eso sí se me da bien. De hecho, su hermano, ahora, cada vez que quiere comprar materiales para sus “manualidades” siempre me pide ayuda para que yo le haga las compras en el establecimiento que corresponda. Eso me costó años hacérselo entender a Esther, no creas…

-Si no comprendemos que todos somos igualmente diferentes no llegaremos a formar una orquesta audible y con melodía. En esa orquesta el director les pide a los músicos que cada uno cree la música que conoce y que sabe hacer; lo que no se debe permitir es que el piano le pida al violín que suene como un tambor. El violín suena a violín y el tambor a tambor y tiene que haber todo tipo de instrumentos, como hay todo tipo de personas. Pues en tu caso, Pablo, mis felicitaciones por conseguir que nadie te coartara tu forma natural de expresión y lo que eres; en definitiva, tú mismo.

Interrumpí a Paloma, diciendo:

-Es más, y con esto acabo, tengo dos buenos amigos, una chica y un chico. La chica es de Valladolid, se llama Ana, y el chico es de Santander, se llama Antonio. En una cena en la que coincidieron ambos los dos se lamentaron por el intento desesperado de sus familias para que ellos fueran de una forma determinada y encima por algo tan trivial como eran sus cuerpos. En el caso de Antonio los nervios le hacían ser un ansioso comedor y disfrutaba de un cuerpo serrano portador de unos cuantos quilos de más, pero él se sentía a gusto, sin problemas. El caso de Ana era diametralmente opuesto, ella fue perseguida, sojuzgada, criticada y hasta puesta en ridículo por quienes más daño nos pueden hacer, por la familia. Su problema era que estaba delgada; problema para su familia, ya que ella estaba contenta y satisfecha con su cuerpo. Lo más extraordinario de esta historia es que cuando ambas personas supieron que se habían enfrentado con los mismos problemas se dispararon a reír y, de hecho, no me equivoco si no les falta poco para que lleguen a casarse. Forman la pareja ideal, se han sentido oprimidos por el medio más directo y querido por ellos. Ah, y en ambos casos sus familias ejercían una presión superior a lo normal para su bien, es decir para que esa “deformación” no fuera perniciosa para su salud; la cosa tiene…

-Bueno, su salud, seguro que sería mucho mejor en una situación más normal. Los que sí debieron de sufrir fueron sus estados de ánimo y su bienestar espiritual por la presión de su familia, y ¿qué es más importante?

-Les decían, en ambos casos, que iban a vivir menos años; yo creo que es preferible vivir no tan bien, que malvivir.

-Además, la edad de vida no está determinada por la salud, ni por el destino, ni por los demás; está determinada por nosotros mismos, dentro de los estrictos límites fijados por la biología de cada planeta. Hay mundos en los que se vive cuarenta años de media, y otros en los que se viven doscientos o doscientos cincuenta años. Por otro lado, y creo que eso es lo más importante, en la existencia corporal ha de haber guapos y feos, bajos y altos, gordos y flacos, ciegos, tuertos y deformes, pero desde luego puedes estar seguro de que ni un guapo va a ser más feliz que un feo, ni un alto más que un bajo, y así sucesivamente. La felicidad está en nosotros mismos y está en nuestra propia capacidad de crecimiento, en ir de acuerdo a nuestra conciencia. Eso supondrá que estamos consiguiendo nuestro objetivo de vida y seremos más y más felices cuanto más entendamos que lo más hermoso que hay en la vida somos nosotros mismos y no hay mejor hobby que conocer gente, quererla y hacerla sentir bien con nuestra compañía. Y eso lo puede hacer en igual medida Robert Redford o Paco, el ciego de la esquina de mi barrio. Me atrevería a decir que Paco está más capacitado para hacer feliz a más personas que alguien a quien los demás le han regalado el afecto sólo por la imagen que representa, no por lo que en realidad es. Así de paradójica es la vida, hay seres que con un montón de defectos físicos tienen muchas más virtudes espirituales, y viceversa. La cuestión es que no se puede estar ciego en el alma para eso: para poder discernir esa belleza, la que no se ve, pero que se siente y dura más, y que con arrugas o sin arrugas es igual de hermosa.

“Bueno, amigo, mi amigo Pablo, ¡que no avanzamos! ¿Seguimos con lo nuestro?

-Por favor

-Gracias. Si no me equivoco nos faltaba por saber la segunda de las razones para no saltarnos a la torera esta vida. Dije así, saltarse a la torera, ¿verdad?

-Sí, sí, es una expresión muy tuya.

-Me la pegó mi madre… Esa segunda razón es tan importante como la primera. Es sencillo; sabes que todos los espíritus tenemos nuestros protegidos, mientras estamos en nuestro cielo. Bueno, pues cuando uno de ellos comete una acción nefasta para su objetivo, un crimen o un acto de abuso de poder o de fuerza, sentimos un profundo dolor en lo más hondo de nuestro ser. Si ese protegido mio ha matado a alguien o ha asestado un golpe a otra persona, es igual que si me lo hubiera hecho a mí misma, de esa forma tan permeable llega el dolor hasta nosotros. Por ese motivo cuando ese ser regresa a su estado normal, a su cielo, siente tanto como lo ha sentido su protector la actuación o hechos incorrectos que ha cometido en vida terrenal. Se produce una especie de ósmosis del dolor y el sufrimiento es tan grande que le sirve como gran acicate para planificar una nueva vida física con el cuidado suficiente como para no incurrir en los mismos fallos.

“Esto me lleva a un tema que al principio tocamos de refilón, y es la percepción de la trascendencia de la vida que muchas religiones se han cansado de enfocar como lastimera, castigadora, pecadora y limitadora del crecimiento humano, y en muchos otros mundos, no en todos, ha ocurrido igual. No se puede convencer a las personas de que no hay que cometer actos terroríficos con el terror mismo, no se puede asustar con el castigo divino. Dios no castiga, Dios no está para esas cosas. Nos castigamos nosotros mismos, somos cómplices y víctimas de nuestros propios actos y de ellos tenemos que responder ante nosotros mismos y ante nuestra propia evolución espiritual. Es más que probable que si en una sociedad como la nuestra, por los motivos que fuesen, pusiéramos una policía impositiva, coercitiva y privadora de libertades en determinados capítulos, las calles se llenarían de delincuentes. Es obvio que quien más sufre es quien comete un crimen o un delito; al final es la parte más perjudicada, pues al que ha sido directamente agredido en su vida o en sus propiedades su propia razón, la que le asiste, le da fuerzas para continuar y para triunfar en aquello que haga, mientras que el comete el acto se proscribirá a sí mismo. Ese será su primer acto de reflexión, aunque no lo exteriorice y, cuidado, tiene que haber una ley terrenal justa e implacable y en donde las penas se apliquen con todo su rigor; la ley es la ley.

“Lo que intento decir es que no se debe atemorizar a las personas con el castigo, el fuego eterno; eso es mentira, es una sucia manera de generar miedo, que es la peor de las sensaciones que un ser humano puede tener. El miedo. No, hay que tener confianza en uno mismo y en todo el sistema que nos envuelve, que lo que quiere es nuestro progreso. El temor es el peor consejero para una vida de calidad humana y espiritual; el temor nos incita a precipitarnos, a actuar en contra de nuestro principios, es mal padrino de vida. Cuando yo era niña siempre estaba harta de oír, en muchas oraciones, que la vida es un valle de lágrimas y eso no tiene por qué ser así. Si enfocamos la experiencia física y terrenal como un mundo de sacrificios continuos, de temores, de miedos, de descarnaduras por el esfuerzo, claro que al final se nos convierte en un valle de lágrimas, pero un valle de los de los Alpes, vamos.

“Si en nuestro quehacer vital nos vestimos de valentía y de ganas de tirar “p’alante” y pensamos en lo positivo que nos puede brindar el vivir, si sabemos aprovechar las rosas que nos regala la vida o si buscamos la fórmula de ser felices al ver la sonrisa de un niño, o al compartir la necesidad y sus limitaciones con los que queremos, si actuamos de buena fe y con positividad, la vida nos sonreirá, al menos veremos un guiño de su parte. Pero si le hacemos frente atravesados, distantes, fríos, taciturnos, impertérritos, pesarosos y con desasosiego, seguro que ella será neutra a nuestro comportamiento y nada ni nadie nos quitará el desasosiego, el pesimismo, la frialdad. La distancia con los demás, con lo bueno de los que nos rodean, será cada vez más grande; todo lo bueno de la vida lo veremos mucho más lejos. Creo que entiendes el enfoque que le estoy dando, ¿verdad?

-Está cogido, Paloma.

Hubo un pequeño silencio de reflexión.

-Hemos comenzado la tarde con el nacimiento de un ser a la vida y con la propia naturaleza diferencial de cada persona. En todo momento hemos hablado de que vamos a referirnos a una persona en concreto. Este ser vino a la vida como todos, llorando lágrimas de incomodidad por habernos sacado de donde estábamos tan a gusto…

-No será eso por lo del valle de lágrimas -tal y como se me ocurrió lo disparé-.

-Anda, Pablo, no me vengas tú también con ésas. Lloramos como animales que somos y porque nuestra adaptación al medio, desde la parte más racional del hombre, ha sido superior a la del resto de los animales. Si no, seríamos como un potrillo que nace y con rapidez se pone de pie como única arma que la naturaleza le ha dado para no morirse de frío o de hambre. Si fuéramos así, ni un gemido saldría de nuestra garganta al nacer, nos pondríamos de pie y chillaríamos cuando deseáramos que nos dieran de comer, poco más.

“Esta persona, como te decía, nació en un ambiente familiar muy normal, con sus padres, dos hermanos y una hermana. Además convivió de forma cercana con cuatro o cinco parejas de tíos y tías y sus correspondientes hijos. Siendo niña también entabló amistad con muchos niños y niñas de su barrio y de los que hoy en día prácticamente no le queda nadie. Contrajo matrimonio hace unos años y es con su pareja con quien mantiene las relaciones más jugosas de su vida. Es fiel a su pareja y ella, la pareja, también le corresponde en fidelidad. Tiene un trabajo digno, bien remunerado, y un buen puñado de buenos amigos con los que comparte alguno de sus hobbys y buena parte de su ilusión por la vida. Es una persona bastante completa. Cualquiera que viera su vida desde una atalaya, observando cómo es, diría sin miedo a equivocarse, tú lo dirías, que es un ser completo y que tiene un importante objetivo de vida que cumplir y que a juzgar por su apariencia lo cumple a la perfección. Pero también habría una equivocación en definir que su vida gira en torno a su persona, que nada más requiere su atención. Ahí estaría el error pues esta buena persona ha nacido con un objetivo de vida del que hasta ahora no te había hablado: es un ser de apoyo. ¿Cómo decirlo de manera más comprensible? Es…, es como un comodín de vida, eso es. Es un comodín cuya misión es amortiguar la de todos los que se desgastan en la vida y a los que esa persona puede, y así lo hace, ayudar.

“Para su padre ha representado un punto de apoyo crucial pues si no llega a ser por su colaboración, el padre habría tomado otros derroteros, más derrotistas, en la vida y eso habría afectado negativamente a toda la familia. Otra de las personas para la que sirve de puntal en su vida es su hermana. Esta mujer posee unas tendencias autodestructivas que de no ser por su ayuda le habrían impedido conseguir, tal y como está haciendo, su objetivo. Su hermana es una importante y eminente cirujano de Madrid y por ella han pasado y pasan todos los días un montón de vidas y la persona, objeto de nuestro análisis, consigue con unas pocas palabras de aliento que la excelente cirujano lleve a cabo una operación magistral o una intervención prodigiosa que consigue salvar la vida de una persona y todo gracias a la devoción y admiración que ella siente por nuestro personaje.

“Sus dos hermanos han crecido a su amparo y de continuo se ven apoyados por quien mejor se hermana con ellos. Pero la relación más fructífera la mantiene con su pareja. Esta persona, de la que te estoy hablando -Paloma sonreía por la cara de póker y de circunstancias que yo estaba poniendo tratando de averiguar quién era el misterioso personaje- tiene un cometido de soporte o de apoyo hacia los demás y sobre todo a lo más importante que tiene que cuidar y vigilar, a su pareja. Ese celo se refiere no a desconfiar de ella, de la pareja, sino a ser un hombro con hombro ante las situaciones difíciles y complicadas que, para variar, nos presenta la vida, cuando menos lo desearíamos.

“Lo que te estoy diciendo es que esta persona nació con la misión de aportar su apoyo a su pareja, y ¿por qué puede ser eso así? Por una razón muy sencilla: porque igual que en cualquier empresa que queremos emprender, en cualquier actividad que implique construir, se necesita la labor de un equipo, este ser aceptó colaborar de lleno con otro espíritu de gran importancia para conseguir que entre los dos la labor fuera exitosa, tal y como lo está siendo.

“¿Te estás enterando de poco…? Me temo que sí…

-Pues no es por darte más trabajo en tus explicaciones pero sí, no estoy muy al tanto de lo que me estás queriendo decir.

-Vamos a ver. Cuando decidimos nacer, y eso creo que lo habrás entendido, no lo hacemos de manera arbitraria apareciendo con nuestra alma debajo del brazo en cualquier parte del Universo. Así nunca podría haber evolución, ni un objetivo de vida por cumplir. No; el punto de decisión crucial viene cuando sentimos que tenemos que cumplir algún tipo de tarea, complementarnos, crecer en superioridad, superar una deficiencia, etc. Sabemos que para poder superar ese reto sólo podemos hacerlo bajando a la arena, a la de la vida física y complicada. Voy a hacer un alto en el camino, Pablo. ¿Tú nunca has sentido que tu cuerpo te limita, que quisieras escapar de la pesadez que él te proporciona? ¿Nunca lo has pensado?

-No. Es una restricción que siempre he dado por hecha. Es así y ya está. Y tampoco entiendo muy bien a dónde quieres ir a parar.

-No tiene mayor misterio, ahora. Antes de que supiera todo esto, hace años, en muchos momentos me daba cuenta de la limitación del cuerpo. Era como si entendiera, voy a intentar transmitírtelo tal y como lo sentía, que la vida física me imponía muchas más trabas de las que yo misma estaba dispuesta a admitir y para eso, ¿sabes lo que hacía? -Yo hice un gesto de ignorancia y ella continuó-: Pues me iba a mi cuarto, en la planta de arriba de mi casa, ponía el equipo de música, sólo con música, no la radio, y apagaba la luz. Me tumbaba boca abajo en la cama y me dedicaba a pensar, a imaginar, a soñar un mundo mejor, a idealizar mi vida, la de los demás y la de todo ser viviente que pasara o paseara por mi pensamiento en ese instante de vida sin vivir. Era la mejor terapia que se me ocurría para trascender de la realidad aplastante y manifiesta de la vida de cada día. Era como mejor se me ocurría huir de las broncas familiares, de las malas notas del colegio o de la universidad, de los números pegados a los odiosos billetes. También huía del chico que no se había fijado en mí, de la ropa que deseaba y no llegaba, del hambre de justicia social que me entraba al ver a un mendigo en la calle, de la paciencia que no encontraba para asumir la burocracia de los demás, no la mía, de las pesadillas de los fines de semana sin saber qué hacer, de la miseria de no tener una amiga a quien confesar lo inconfesable, de la guerra en el mundo, de los nacionalismos absurdos justificativos de ideas con sustrato en los dineros, siempre los dineros por medio; tristemente detrás de cada bandera hay siempre un billete de banco que la sustenta, le da de comer y hace que ondee con más frescura y justificación.

“Entonces, en esos momentos, necesitaba trascender mi cuerpo, volar, ser libre, alejarme de la mediocridad, poder coger de la mano al enfermo que esa tarde se había muerto entre mis brazos y volar a donde no acababa de imaginar. Salir volando por la ventana y romper con los muros y estructuras pesadas de la vida. Todo eso sentía, y con tanta fuerza, que a veces alucinaba conmigo misma y tenía que encender la luz y los ojos y olvidarme de mis sueños velados. De nuevo estaba volviendo a la cruda realidad.

“He tratado de explicarte lo que yo luego he podido descubrir que anhelaba; lo que ya dentro de pocos días, conseguiré.

“Por tanto cuando vienes a la vida, te decía, lo haces con un objetivo concreto. En primer lugar, durante un tiempo has definido cuáles son los aspectos que debes completar y después, desde tu cielo proyectas en tu espíritu todos los posibles mundos en los que puedes amanecer a la vida. En esa proyección, intenta imaginártela, ves en un tiempo que no existe, no hay límite, todos los posibles escenarios y decides en función de lo que has visto, o bien un espíritu definido contigo te apunta la posibilidad de que tu ayuda y el objetivo que pretendes lograr lo cumplirías muy bien en un determinado planeta y en una ubicación concreta. Recuerda, por ejemplo, que mi hermano José y yo coincidimos en la Tierra, en la misma familia, y lo haremos en la siguiente que vamos a tener. Sin olvidar algo esencial, siempre esencial: cuando nos incorporemos a un cuerpo, en donde sea, no tendremos ni idea de quién es quién, ni idea. La misma que tenía yo hasta que lo he sabido accidentalmente… -De nuevo Paloma se quedó pensativa un ratito.- Bueno, no ha sido tan casual. Al final de estos días te lo aclararé y sabrás de ello, sabrás el porqué. Te decía que cada ser elige en función de las posibilidades que se van abriendo en cada mundo.

“Imagina que un espíritu deseara aumentar su nivel de solidaridad, pues es algo en lo que no está adecuadamente desarrollado. ¿Qué es lo que haría? Te puedo poner ejemplos: desde nacer en la Tierra, en una población altamente contaminada de Inglaterra y pasar a ser miembro de Greenpeace, como hay casos, o nacer en Brasil, en los extrarradios de una gran ciudad y llegar a ser un político social integrador de todas esas personas con el resto de la población urbana, tal y como se está haciendo, o trabajar como asistente social en los barrios más humildes de Madrid o de Barcelona. Todo esto sin contar con los cientos de posibilidades más que existen en otros planetas, más y menos avanzados que el nuestro y con niveles de necesidad social equivalentes al nuestro. Con el resto de los planetas pasa como con los vecinos, que todos parecen muy simpáticos, y todos tienen sus grandes miserias y problemas a los que dar solución, igual que tú. En el ejemplo del británico de Greenpeace, ¿cómo llega a esa situación ? Eso, Pablo, no lo sabe nadie; ni tú, ni yo, ni nadie, incluidos todos los elementos espirituales a los que soportamos.

“Nadie, porque el resultado de nacer en una familia o en otra, en un ambiente o en otro, genera lo impredecible de lo que te estoy diciendo; es decir, y para acabar, que al elegir un objetivo de vida no puedes llegar a saber cuál va a ser el modelo de vida que te va a sustentar. Eso es imposible, lo único que sabes es que quieres avanzar en solidaridad, en generosidad, o en sentido de justicia, y la elección que lleves a cabo no te va a permitir saber cuál va a ser el resultado de tu decisión, ésa es una de las principales reglas del juego de vivir, que el éxito o fracaso de la misión dependerá enteramente de ti, no del ambiente en el que vas a vivir, pues el contexto no sabes cómo evolucionará. Ese es uno de los principales enigmas de la vida corpórea: sabes cómo empieza, sabes el objetivo y sabrás como termina, pero no tienes ni idea de cómo va a transcurrir todo hasta que finalice. ¿Me explico?

-Ahora sí que te he entendido. Es decir, que puedes elegir el mundo, el país o destino, tu ambiente familiar o lo que haya en otros mundos, pero no sabes qué es lo que va a pasar. Por tanto el futuro lo tenemos que ir haciendo cada uno de nosotros con nuestros actos y no estamos predeterminados por nada, para hacerlos, ni tienen un destino definido. Es así, ¿no?

-Pues claro, ¿de qué otra forma podría ser? Si todo estuviera previamente determinado, no tendría sentido vivir, no tendría sentido la vida, no… No habría nada, ¿entiendes, Pablo? Nada. Por eso el Todo nace de nosotros mismos, de tener la posibilidad de existir que nos ha sido concedida y de avanzar en el crecimiento de lo que tenemos a nuestro alcance.

-Sí, pero, ¿quién nos ha dado esa posibilidad? ¿Dios?

-Por supuesto. Llámalo Dios, llámalo un ser superior. Puedes estar seguro de que todo esto ha tenido y sigue teniendo un Creador. Las cosas no nacen de la nada; de la nada surgen muchas nadas, pero nada más. Y como existe la libertad de actuación, la libertad de crecer espiritualmente, de ser superiores, de llegar a fusionarnos, energéticamente hablando, con otros seres y formar entidades más completas, como todo eso se nos da a disfrutar, no puede haber una predeterminación de nuestros actos y lo único que está definido es en dónde nacemos y con qué objetivo nacemos, y que eso late en nuestro ser como nuestro corazón en el momento en que nacemos a la vida. Igual que el corazón late desde un principio, igual late nuestro objetivo de vida y nada ni nadie nos puede decir cuál será el resultado de nuestra vida. Somos nosotros los que lo decidimos día a día; tenemos un carril, una guía, pero ese carril lo hemos puesto ahí nosotros. Ni el destino, ni Dios, ni nadie más, sólo nosotros. ¿Ahora lo entiendes?

-Sí, y más con las ganas con las que lo has dicho -Paloma había resultado ser muy efusiva en las ultimas palabras que había pronunciado-; con esa vehemencia me has ayudado a entenderlo mejor y a creerlo. ¿Sabes? Tenía la impresión de que sí, de que todo estaba programado en una especie de inmenso ordenador estelar y ahora creo que tienes razón, creo en tus palabras, en que todo eso no tendría sentido. Para eso habrían llamado a los japoneses, para que hicieran mundos robotizados en los que las cosas se hicieran tal cual como se quisieran, y en los que no habría lugar al equívoco. Sí señora, ahora creo en el libre albedrío y en la independencia de cada ser, de cada alma para ser lo que buenamente quiera ser. Ahora sí.

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