¡¡Cielos!! – Capítulo 11 –

ONCE

 

Como no podía ser menos el lunes empezó siendo tan lunes como uno se lo puede imaginar antes de llegar a él. Por la mañana, nada más llegar a la oficina me encontré a gran parte de los compañeros amontonados y como amotinados, en una de las grandes salas dedicadas a las presentaciones de las campañas a los clientes. Al asomar la cabeza por la puerta de la sala dijeron:

-Hombre, Pablo, pasa, pasa. Se ve que no tiene ni idea… A ver qué opina él. Seguro que a Pablo no le va a hacer gracia la idea; venga, venga, entra, y que alguien se lo cuente.

Entré en la sala y pregunté por el motivo de todas aquellas expresiones; un compañero se hizo portavoz de los demás y dijo:

-Pues que la agencia más odiada por todos nosotros, que no hace falta ni que la nombremos, ha pujado por la nuestra en España y los dueños han aceptado pasar a negociar la oferta con la intención de vendernos bajo la apariencia de una engañosa fusión. De esta forma y si esto ocurriera, todos pasaríamos a formar parte y a ser dirigidos por quienes siempre hemos entendido que eran enemigos acérrimos de esta casa. ¿Qué te parece, Pablo? ¿Cuál es tu opinión al respecto?

-¿Pues qué queréis que os diga? Que el tema, como a todos, me pilla bastante de sopetón. Pero si os soy sincero, no me parece nada bien. Es más, creo que debemos tomar medidas y adoptar, como sea, una posición de fuerza frente a esa opción de compra.

A ese planteamiento fui contestado con una simple pregunta:

-Sí, ya, pero ¿cómo?

Pregunta para la que no tuve respuesta. Sólo pensé: “¡vaya forma de empezar la semana, la mañana y el lunes!”. Todo se juntaba en el mismo y asqueroso punto de tiempo. Como no tenía respuesta decidí ir a dejar mis bártulos al despacho y mientras salía por la puerta volví a oír una amalgama de expresiones:

-Fijaos, si ni siquiera a Pablo se le ocurre nada; ¿qué vamos a hacer?

-Tendremos que pensar en algo en la dirección en la que él nos ha dicho

-Ya, pero vuelvo a lo mismo: ¿cómo?

En la sala habría unas cincuenta personas, prácticamente todo el personal de la agencia. Nada más dar dos pasos hacia mi despacho, sin llegar a él, me di la vuelta; había encontrado una posible solución; era una bomba y como tal, las bombas hay que lanzarlas con virulencia y ver cómo explotan. Entré de nuevo en la sala, me coloqué en la zona presidencial de la misma y quedando todo el mundo frente a mí, lancé la bomba y dije:

-¡Compremos la agencia!

-¿Cómo dices?

-Que compremos la agencia. Que nos convirtamos en una cooperativa, que cada cual aporte el capital que esté dispuesto a desembolsar y que la compremos. Vamos a ver -todo el mundo se quedó callado-, yo creo en vosotros y también en mis propias fuerzas y creo que podemos trabajar en equipo. Y de esa forma más que nunca, con alguien que nos dirija y con el que decidamos consensuadamente las decisiones importantes de la compañía. Pero todos bajo un mando único, bajo el de la persona que libremente todos elijamos por mayoría. Si pudiéramos presentar un plan de compra a los actuales dueños de la agencia y si ese plan fuera aprobado tendría que haber un comité que negociara por todos nosotros para que al final el precio pactado fuera pagado con nuestros ahorros, cada cual con la parte que pudiera y quisiera disponer. Eso es lo que os propongo y yo, si hay que votar, voto por comprar la compañía.

Fue una bomba, desde luego que sí. Dedicamos toda la mañana a discutir mi propuesta y no sé cómo llegó a ocurrir, pero fue aceptada por mayoría natural y se eligió un comité de tres personas, entre los que me encontraba, para plantear la propuesta a los que hasta ese momento eran los dueños de la agencia. Acordamos estudiar en petit comité el asunto, pues entre todos sería imposible, y mandar un escrito a la dirección con los planteamientos que decidiéramos. Para ello tuvimos que reunirnos y con la rapidez que nos acostumbraba a eso de las dos de la tarde teníamos fumata blanca y un escrito pasado a limpio por una compañera que firmamos los tres en representación de toda la agencia y que remitimos a la dirección “esperando su pronta respuesta a fin de poder agilizar al máximo cualquier posible diligencia que debiera ponerse en marcha con la decisión que tuvieran a bien tomar”.

Ese fue el final de la carta y para mí el de la mañana y por tanto de la sesión especial de trabajo de los últimos días y, por lo que Paloma me había advertido, una de las últimas que iba a tener con ella.

Comí con Esther y le manifesté mi preocupación por la vida de Paloma. A Esther le conté las partes que ella podía saber y entender y se quedó muy sorprendida de que todo fuera a ser tan rápido. En eso coincidí plenamente con ella.

Después la llevé a la agencia y yo me dirigí en busca de las palabras de Paloma y, por qué no decirlo, también con el deseo de encontrarla más recuperada, algo más mejorada o con otra visión del final de su vida, una visión más dilatada.. La verdad es que ninguna de mis esperanzas se vió cumplida; peor aún, cuando llegué le estaban administrando una dosis de tranquilizantes superior a la del día anterior. En la sala de espera pude charlar entrecortadamente con los padres de Paloma. No sabía qué decir, ni qué ánimos dar. Por fortuna para mí, una enfermera vino a avisarnos de que Paloma deseaba verme. Me despedí lo más amablemente que pude de ellos y me adentré en la habitación. Paloma todavía conservaba algo del dolor que le habían tratado de mitigar, pero eso no sirvió de nada para estropear la sonrisa con la que siempre me vi recibido por ella. Me dijo:

-Ya siento que hayas tenido que esperar, pero…

-Anda, anda, ¡qué dices! Pues sólo faltaba que encima…

-Bueno, hombre, bueno. Trataba de excusarme; no sé si darte las gracias o pedirte perdón.

-Mira que eres, ¿eh?

-Y tú también. Que no pillas las bromas ni por asomo. ¿Qué tal te ha ido el día?

-¿Eh? Ah, el día. ¡Uf! ¡Menudo día, fino que ha sido! -le comenté a Paloma todo lo ocurrido y sonriendo me dijo-:

-Me alegro de que hayas cogido el toro por los cuernos. Sé que tú eres el más capacitado para sacar adelante a toda tu gente y lo harás, claro que lo harás.

-¿Tú crees que me elegirán a mí como director de la agencia, si el tema prosperara?

-¡Pues claro que sí! ¿Quién si no mejor? Eres decidido, emprendedor, organizado y valiente en lo que emprendes. No habrá nadie que lo haga mejor que tú… No será que le temes a la responsabilidad de tener que capitanear la agencia, ¿no?

-No, eso nunca. Lo que no quiero es defraudar a mi gente. Eso me entristecería mucho. Es lo único que me preocuparía… Bueno; eso, y sacar adelante la agencia, que creo que es algo que se puede hacer perfectamente y, de cualquier modo, antes morir de pie que vivir de rodillas ante quienes han sido desde el inicio de la agencia nuestros más acérrimos enemigos. Enemigos que, además, ellos fueron los que se declararon como tales, no nosotros.

-Saldrás airoso. Seguro que sí. Bueno, Pablo, estamos ante el último día de trabajo. Mañana vendrán las despedidas y debemos aprovechar todo el tiempo que nos queda en pro de finalizar lo mejor posible la narración de todos los hechos que necesitaba transmitirte. ¿Estás dispuesto a que continuemos?

-Por supuesto que sí. ¡Adelante!

-Muy bien. Ahora voy a recordarte qué es lo que ocurrirá conmigo cuando yo me muera, desde el punto de vista de lo que me espera una vez que llegue a mi cielo. Mi hermano José me aguarda para trabajar juntos en ese mundo tan revuelto de guerra y destrucción; él vivió en la Tierra con el objetivo de conocerme y así saber si era su compañera ideal para esa otra vida que está a la vuelta de la esquina de ésta que estoy terminando. Una de las razones por las que me seleccionó es por la experiencia de ayuda y entrega a los demás que he adquirido en esta vida. Pablo, si te estoy recordando esto es para que sepas y así lo transmitas, que no me voy de aquí por capricho, que hay una poderosa razón para dejar unas cuantas cosas inacabadas en la vida que termino. Es más que probable que José represente el papel de mi pareja femenina en la vida que vamos a empezar y como casi siempre suele ocurrir, naceremos en la misma ciudad o en algún lugar próximo para que podamos llegar a conocernos; todo eso lo planificaremos antes de tomar un nuevo cuerpo. Va a ser una vida muy difícil, pero aparte de la necesidad tengo, también, ganas de volver a ver a José, es tan cautivadora la luz que transmite su alma…

-Perdona, Paloma, pero si no me equivoco, estamos llegando al final y no me has contado qué es lo que pasó con lo del avión. Estoy bastante intrigado con eso…

-¡Es verdad! ¡Qué tonta! Además, ¡si de ahí ha surgido todo esto! José y tú mismo fuisteis los transmisores del resultado de la decisión de qué hacer con todos los pasajeros del avión. -Paloma calló unos segundos y prosiguió-: Estaba intentando recordar todos los pormenores de lo que ocurrió. Vamos a ver… Sí, todo discurrió de la siguiente manera: los seres superiores encargados de las vidas de los que integrábamos el pasaje del avión, al ser informados de que tú, Pablo, habías esgrimido argumentos en favor de que no sufriéramos daños irreparables, te llamaron a su presencia. Por lo que pude saber por tus propias palabras, te preguntaron de nuevo por las razones que tú presentabas y basándose, sobre todo, en que no estaba previsto que eso ocurriera, el que se juntaran los efectos de dos ambientes energéticamente distintos, admitieron tu propuesta. Te responsabilizaron a ti para que, materialmente, le dieras solución al problema y tu apunte fue lo que luego sucedió en la pista de aterrizaje. Pero en todo lo que tú pediste hubo una excepción: intervino José con su solicitud para que yo pudiera volver con él; luego no todo el pasaje iba a mantener la misma situación que antes del viaje a Cartagena de Indias. Los tres superiores admiraron tu capacidad de convencimiento ya que debiste de argumentar por activa y por pasiva en favor de la continuidad de las vidas tan importantes que viajaban en el avión y por ese mismo motivo fuiste elegido para comunicar al mundo qué es lo que hay detrás de la vida, cómo son nuestros cielos y la importancia de cumplir el objetivo de vida que todos nos hayamos marcado y que con el paso del tiempo, si centramos bien nuestras vidas, podemos llegar a adivinar.

“¿A qué responde esta iniciativa? Es algo que en otros mundos se ha hecho por motivos más o menos similares, y en la época en la que nos encontramos resulta conveniente dar una pista de por dónde se mueve nuestra alma, nuestro espíritu interior. Pero eso había que dificultarlo ligeramente pues de ti dependía el que si lo entendías y eras capaz de creer en ello, pudieras transmitirlo a toda la sociedad, a todo el género humano. Y yo me convertí en el soporte transmisor, en alguien que como sólo iba a vivir escasos días, era el espíritu mejor capacitado, de entre los que se encontraban en el avión, para poder darte a conocer la realidad de la vida y sus misterios terrenales. ¡En el cielo de cada uno es todo mucho más sencillo!

“¿En qué se basan los superiores para considerar que el momento es el adecuado? En que la siembra de las ideas, a través de ti o de otro espíritu, había que cursarla; era necesario ponerlo de manifiesto, más tarde o más temprano. La persona, en este caso tú, era la idónea por su capacidad de lucha, de liderazgo y también, por vivir y trabajar en el mundo de la comunicación. Lo que tendrás que hacer con las reflexiones que están contenidas en esas decenas de cintas será transcribirlas y publicarlas a través del medio que creas más conveniente, tú eres el especialista. Y el lugar temporal en el que se hace es el adecuado pues nuestra sociedad, según ellos: “debe evolucionar desde el materialismo voraz que ahora la domina hasta un espiritualismo casi radical en donde predominen otro tipo de valores diferentes de las riquezas, el poder político, las individualidades, la miseria de unos y los excesos de otros, la falta de solidaridad, el ataque al medio ambiente, la pérdida de referencias humanas o sensibles en los espíritus actuales, la droga, el alcohol, la frustración de los más jóvenes, la falta de ideales, las enfermedades virulentas provocadas en laboratorios humanos y tantas y tantas situaciones de desprestigio de la clase humana que debemos intentar reorientar en base a que puedan ser receptores de un mensaje de positividad, de esperanza, de amor por la vida, de refugio para los que se afianzan a hacer las cosas bien; en definitiva es bueno que pueda llegar a los pensamientos y a las almas de los hombres una idea lo más completa posible de lo que el espíritu les va a demandar cuando terminen su vida. No se podrán justificar los desmanes en la existencia vital a cuenta de que “sabe Dios qué es lo que habrá después de muertos”. Es un error muy grande pues cuando morimos es cuando verdaderamente nacemos a la vida que nosotros mismos habíamos dejado aparcada y creciendo; si el crecimiento no ha existido, no habrá valido para nada el esfuerzo de vivir”. Y luego te dijeron a ti, Pablo -Paloma volvió a cerrar los ojos como los había mantenido mientras me contaba, casi en forma de recital, el contenido de las palabras de los seres superiores-: “Tú debes tratar de extender lo más posible las ideas que este ser, que se ha brindado para ello, te habrá de transmitir. Aceptamos tu propuesta de modificación de destino para los compañeros de pasaje pero tendrás que hacer un verdadero esfuerzo para que no sea en vano y puedas cumplir la parte de este contrato espiritual que acabamos de acordar”.

“Tú aceptaste de buen grado el esfuerzo suplementario que se te pedía para esta vida y a continuación todos los que estábamos estancados entre el mundo físico y el espiritual aparecimos en el avión y todos llegaron sanos y salvos, excepto yo; y todos olvidaron con la magia de la transición de los mundos todo lo que habían vivido en sus cielos, excepto yo; y todos seguiréis viviendo en este mundo, excepto yo.

“Ese fue el resultado final de aquel pequeño chasquido casi imperceptible que he podido relatarte y con el que he disfrutado no sabes cómo, al haber podido tener la oportunidad de conocerte desde las facultades que tengo de análisis de la personalidad, pues eres muy brillante en lo que haces y en cómo lo haces…

-¿Eso por qué lo dices, Paloma? ¿Para animarme frente a la tarea que tengo por delante?

-Por ejemplo, y también para reconocer que la elección que llevaron a cabo los grandes superiores ha sido la más acertada, desde luego.

-Pues mira, yo no lo tengo tan claro. ¡Qué quieres que te diga!

-Cuando pasen los días y vayas asimilando y revisando todo lo que te he ido contando, podrás entender mejor muchas cosas que quizás han pasado de refilón por delante de ti y que en estos momentos te resultan complicadas de entender. Tranquilo, Pablo. Lo harás perfectamente y sin ningún problema. Además, te repito, tendrás contacto continuo conmigo. Es algo así como si te acabara de dar el número de mi teléfono móvil y además con la garantía de que siempre me podrás localizar, nunca estará desconectado. No lo olvides.

“Ahora sí que, sin lugar a dudas, podemos dar por finalizado el trabajo, al menos el mío. -Me sonrió con un poquito de picardía y me dijo unas palabras que siempre recordaré como en el momento en que las pronunció. Eran palabras preciosas, llenas de jugo de vida-: Pablo, antes de que demos por terminado el curso de lo que hemos hablado estos días deseo decir, y que el mundo me oiga a través de ti, las palabras que expresan lo que debe ser una vida. Esto que voy a decirte es como mi testamento, como mi última voluntad, la que sale de mi alma en busca de espíritus inquietos, grandes y pequeños, pero que deseen salir adelante en el objetivo que se hayan marcado en la vida. Digamos, también, que es una especie de garantía de funcionamiento del aparato espiritual que todos llevamos dentro y que es el que hace que funcione o no nuestra vida y al que debemos, en definitiva, nuestro respeto de intentar lograr su crecimiento y, cuando menos, no entorpecer su marcha. Lo que quiero decir es esto, Pablo: quiero que la vida sepa que me vuelco en ella y que transmito su grandeza por boca de mis labios. Quiero que a la muerte la miremos con ojos de entendimiento sabiendo que es un mero tránsito hacia la vida, hacia esa otra que existe y que no vemos. Quiero que veamos en cada vida que nace el espíritu del mejoramiento de este mundo y que en la medida de nuestras posibilidades luchemos porque se pueda perpetuar en los montes, las tierras, las aguas y los animales que acompañan nuestro caminar por la Tierra. Quiero que los hombres y mujeres entiendan que lo son en función de lo que son capaces de lograr al acrecentar el valor de su personalidad, de la valentía de sus almas para asumir con limpieza los retos que esta vida plantea. Quiero que todos sepan que el amor en cualquiera de sus manifestaciones es el valor más alto de los que podemos conseguir en la vida, en la corporal y en la espiritual; que es el pegamento que nos une como almas gemelas a los demás y que es el antídoto contra cualquier tipo de bajeza o de inmundicia humana; el amor es la mejor tirita que le podemos poner a la tristeza del alma, es el más grande sentimiento y del que más orgullosos nos podemos sentir; si un átomo de amor puede serle regalado al mundo o a un ser necesitado de ello, démoslo, no nos costará nada y hará que el mundo gire con más alegría, sintiéndose más mundo, más humano. Quiero que busquemos en la solidaridad con los que necesitan nuestra ayuda el mejor remedio contra el egoísmo, ese veneno dulce al principio y amargo según se va haciendo más nuestro. Quiero que lo más grande que se nos ocurra poner en evidencia en la vida sea el propio ridículo. Quiero que la alegría sea la moneda de cambio entre todos los que nos llamamos personas pues si la tristeza nos invade, se hará casa en nosotros y nunca más nos abandonará; el mejor remedio es ponerle un piso en las afueras y en nuestra casa vivir dichosos de sentirnos felices y contentos. Quiero que la guerra y el hambre desaparezcan como palabra en los diccionarios del futuro, de todos nosotros depende que sea así, de nadie más; la riqueza es sólo una y si la repartimos entre tú y yo, cada uno tendremos nuestra propia mitad. Piensa que si fueras un ser del país más pobre del mundo te agradaría recibir un reparto más equitativo de la riqueza que es patrimonio de la humanidad y que cuando lleguemos a valorar la existencia sobre el barro de esta tierra más por lo que somos que por lo que tenemos, nadie tendrá más que nadie; mejor dicho, nadie necesitará más que nadie. Por fin, quiero que las palabras que reposan inquietas en las páginas que les darán cuerpo sean leídas con el cuidado que ellas merecen y que sean tomadas en consideración aunque sólo fuera por el cariño que en ellas se ha vertido sin límite al esfuerzo de su culminación en el escrito que las soporta.

Paloma, que se había concentrado por completo para decir estas palabras, al terminar abrió los ojos y me dijo, con la expresión de un ángel:

-Eso es lo que deseo que el mundo sepa de mí. Y di que lo dijo Paloma, alguien que sin duda voló o volará a otro mundo y que desea que éste sea cada vez mejor, alguien que desea no tener que volver a él por la poca o escasa necesidad que de ella se tendría.

“Antes de poner punto final a esta última tarde sólo quiero que sepas que mañana, antes de morir, te avisaré. Que puedes ir tranquilo a tu casa, que descanses, pues el cansancio seguro que es una buena definición de tu estado físico actual. Y por último, algo que también sólo tú por el momento sabrás, y que mañana todos veréis cuando me muera. Mañana, al morir y convertirme en lo que soy desde siempre, en energía, te ayudaré con una pequeña demostración de lo que un espíritu puede hacer. Creo que eso te permitirá explicar a todos los que se encuentren en esta misma habitación el sentido que han tenido todas nuestras charlas. Estoy segura de que te ayudará, Pablo.

“Y, por hoy -Paloma se puso seria, quizá con el afán de hacer más convincente e inequívoca su intención de dejar este mundo-, creo que ya es suficiente y te agradecería que me dejaras sola. Necesito algo de tiempo para dedicárselo a mis padres y a Pilar. ¿De acuerdo, gran hombre?

-De acuerdo, grandísima mujer. ¡Ah! Y si mañana no me llegas a avisar, cuando nos veamos en nuestros cielos te daré un fuerte tirón de orejas en escarmiento.

-Tranquilo, no será necesario. Recuerda lo que te digo. Mañana a las once y cuarto de la mañana te llamaré por teléfono para que estés aquí presente a las doce en punto, y quiero que traigas contigo a Esther y a Ana. No les digas a qué van a venir, es mejor. Anda, dame un beso muy grande. Te quiero tanto, Pablo, tanto, que voy a darte un beso muy especial. Ven…

No, no fue un beso especial; fue el beso más tierno y cargado de más dulzura que jamás nadie había descargado en mi cara. Al besarme Paloma sentí que las piernas me flaqueaban, que el alma se me evaporaba en el calor del momento; sentí que me estaba besando un ángel, seguro que así debió de ser; nunca antes uno lo había hecho, al menos conmigo. El amor que transmitieron sus labios en mi rostro fue de una profundidad tan grande que me quedé sin palabras. Me deshice en sonrisas de agradecimiento hacia Paloma.

Con una cara que cualquiera que me hubiera visto habría achacado a una gran idiotez, salí del hospital. Estaba como drogado; no sé cómo conseguí llegar a casa, pues lo hice en la nube de mis pensamientos, en la grandeza espiritual que sentía dentro de mí y que un “simple” beso me había depositado en la razón de mi existencia.

Al dormir, con la luz ausente de la habitación, volví a recordar de nuevo el beso que me había regalado Paloma y con una cara de felicidad infinita abandoné el mundo de los vivos para darme un paseo por mis sueños. Debieron de ser muy hermosos pues el ropaje con el que salí a la calle de mi imaginación era de auténtica gala.

 

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