Son hijos de la vida

Me va a permitir la reproducción de uno de los poemas que más me impactó antes y después de ser padre; es el que brillantemente escribió Khalil Gibran y que aparece reflejado dentro de su libro “El profeta” del que recomiendo su lectura por toda la sabiduría de vida que en él se inspira. El poema se titula “Los niños” y dice así:

Vuestros hijos no son hijos vuestros. / Son los hijos y las hijas de la Vida, deseosa de sí misma. / Vienen a través vuestro, pero no vienen de vosotros. / Y, aunque están con vosotros, no os pertenecen. / Podéis darles vuestro amor, pero no vuestros pensamientos. / Porque ellos tienen sus propios pensamientos. / Podéis albergar sus cuerpos, pero no sus almas. / Porque sus almas habitan en la casa del mañana que vosotros no podéis visitar, ni siquiera en sueños. / Podéis esforzaros en ser como ellos, pero no busquéis el hacerlos como vosotros. / Porque la vida no retrocede ni se entretiene con el ayer. / Vosotros sois el arco desde el que vuestros hijos, como flechas vivientes, son impulsados hacia delante. / El Arquero ve el blanco en la senda del infinito y os doblega con Su poder para que Su flecha vaya veloz y lejana. / Dejad, alegremente, que la mano del Arquero os doblegue. / Porque así como Él ama la flecha que vuela, así ama también el arco, que es estable.

 

Sugiero una repetida lectura de este poema porque está cargada de experiencia de vida y de enorme realidad sobre lo que son nuestros hijos y lo que podemos y debemos esperar de ellos. Uno de los mayores errores que, como padres, podemos llegar a cometer es el de pretender que nuestros hijos, con sus vidas, nos saquen todas las espinas que nosotros no fuimos capaces o no tuvimos la oportunidad de sacar por nuestros propios medios. Es un gran error pretender que ellos sean lo que nosotros no pudimos ser.

Otro gran error con los hijos es el de otorgarles el inmerecido honor de que sean los seres vivos más importantes en nuestras vidas; me explico. ¿Quién es la persona más importante para usted que ahora me está leyendo? Evidentemente es usted mismo; uno mismo debe ser el principal protagonista de nuestra propia vida, de otro modo no seremos valiosos para los demás sin antes haberlo sido para nosotros mismos; este es un aparente egoísmo, mal interpretado, que nos impide ejecutar la caridad con nosotros mismos por delante de todos los demás. En segundo lugar deberá estar nuestra pareja (si es que la conservamos o que merece esa posición), el otro progenitor de nuestros hijos que son los que deben aparecer en tercer lugar. ¿Cuál es el problema? Pues que para muchas, para demasiadas personas, los hijos acaban en segundo o en primer lugar en el orden de preeminencia y distorsionan la vida de quienes así les contemplan. Hay personas que concentran todo su afecto y emocionalidad en sus hijos sin llegar a entender que el amor filial es uno y que el cariño y el afecto hacia otras personas es otro y puede ser tan relevante sentirlo en toda su plenitud como el primero. El cariño, el afecto es infinito y desde esa dimensión debemos cuidar a los que son o pueden ser importantes en nuestras vidas, sean estos quienes sean y no necesariamente los hijos que, más tarde o más temprano, deberán volar –igual que lo hicimos nosotros- a sus propios mundos y escenarios. Y cuando el nido se quede vacío igual podemos quedar nosotros si no hemos sido capaces de ver nuestras vidas desde una dimensión más completa a la del círculo cerrado que, erróneamente, hayamos conformado “sólo” con nuestros hijos.

lamadriddiario@gmail.com

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