Experiencias

En un congreso de empresarios en el que participé recientemente, uno de ellos parafraseando a San Agustín dijo lo siguiente: “No es más feliz el que más tiene, sino el que más experiencias vive”. Lo cierto es que me hizo pensar bastante en mi propia experiencia de vida y en todo lo que he hecho a lo largo de la misma y en los recuerdos que de todo ello quedan impregnados en mi mente emocional.

Hay un axioma que dice que de lo que escuchamos retenemos el 20% (como mucho); de lo que vemos y escuchamos, el 50%; pero que de aquello en lo que nos dejan participar podemos llegar a recordar hasta el 80%. Teniendo en cuenta que nuestra memoria, cada vez que se evoca un hecho, lo trastoca y recoloca a nuestro antojo subconsciente, parece que experimentar es la mejor forma de recordar.

Cuando relatamos un hecho que nos han contado o que hemos visto, normalmente nos quedamos con la parte que más acento ha puesto quien nos ha relatado esa experiencia con una manipulación que puede ser positiva o negativa, pero manipulación al fin y al cabo. Solemos decir muchas veces: “Que no te lo cuenten, vívelo por ti mismo”. Es muy cierto, pues en las experiencias ponemos todos nuestros sentidos en funcionamiento: tocamos, vemos, oímos, olemos e incluso saboreamos, y todo al mismo tiempo. A ello le añadimos la propia experiencia corporal y todo lo que emocionalmente sentimos y que, las más de las veces, es indescriptible y por tanto por mucho que nos lo cuenten…

La vida son experiencias y todas positivas, pues de las que han resultado desafortunadas también aprendemos y nos enriquecemos para saber qué es lo que no debemos hacer bajo determinadas circunstancias. Podemos experimentar alegría, vértigo, amor, pasión, dolor, miedo, sabores, colores, velocidad, angustia, entusiasmo, frustración, excitación, amistad, gratitud, ternura, sensación de inteligencia o placer en todos los niveles sensitivos que seamos capaces de imaginar. Cuando vivimos todas estas sensaciones enriquecemos nuestras mochilas (la positiva y la negativa), creando las redes sinápticas suficientes como para retener con bastante precisión lo que hemos sentido incluso cuando no somos capaces de expresarlo con palabras. Por ejemplo, el sentimiento de amar a alguien, aunque uno sea Presidente de la Real Academia Española, es muy difícil de expresar con palabras. Tan sólo tenemos que mirar a los ojos de la persona amada y reconocer en ellos ese amor, o tocar a esa persona, besarla, abrazarla para tener de inmediato millones de sensaciones que dibujan con precisión todo lo que somos capaces de sentir en ese momento.

Es cierto que con mayor cantidad de neuronas espejo en nuestro cerebro, muchos de nosotros podemos hacer uso de una empatía de alta capacidad y podemos percibir la realidad del otro con mucha mayor precisión de todo lo que nos cuenta, lo que vemos y lo que no vemos en el otro. Pero por mucha empatía que seamos capaces de experimentar nunca llegaremos a estar en la epidermis de quien siente frío, calor o emoción al más alto nivel.

Todo lo bueno que quiero para mí también lo quiero para los demás, sobre todo para los que más me importan, amo, quiero o aprecio. Por eso le recomiendo que en todo aquello que pueda o que sea capaz de poder experimentar, no deje que se lo cuenten. Ponga manos a la obra y permítase vivir en primera persona las grandezas que la vida pone a nuestro alcance. Como escribiera mi siempre admirado y apreciado Don Gabriel García Márquez, “Vivir para contarla”. (Por cierto, obra muy recomendable de leer).

lamadriddiario@gmail.com

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2 respuestas a “Experiencias

  1. Hace poco estuve en una ponencia suya y me encantó. Tanto que me he hecho admiradora. La sencillez de como pone solución problemas. Tengo una reunión de comunidad de vecinos, como pones a todos de acuerdo?. Que opinas?

    El dom., 14 abr. 2019 8:03, Antonio Lamadrid escribió:

    > antoniolamadrid posted: ” En un congreso de empresarios en el que > participé recientemente, uno de ellos parafraseando a San Agustín dijo lo > siguiente: “No es más feliz el que más tiene, sino el que más experiencias > vive”. Lo cierto es que me hizo pensar bastante en mi propia e” >

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    1. Pilar, creo que eso es poco menos que imposible, porque lo que predomina en una reunión de vecinos son los aspectos emocionales no los racionales y, por tanto, cada cual va a proyectar en el otro sus miserias, envidias, superioridades, etc. cuando se trata de oponerse al vecino. Es una tarea ardua y difícil. Lo más importante es exigir que siempre que uno hable los demás callen y escuchen… con eso se consigue mucho.

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