Miedo en el cuerpo

Este es, realmente, el peor virus del que nos podríamos haber contagiado: el virus del miedo. Para contagiarnos de miedo tan sólo se necesita un cuerpo, una mente esponjosa ante todo lo que sea potencialmente pernicioso y la insegura sensación de que tenemos todas las posibilidades de ser un posible afectado. El coronavirus es el triunfo del terror sobre la tranquilidad de los días, es el sálvese quien pueda en un mar bravío de tempestad en el que los vientos los provocamos nosotros mismos y a ello se suma la especulación de que lo peor aún está por venir. Es como si en vez de porvenir lo que se nos avecina es el peorvenir y que se prepare quien no tome todas las medidas preventivas para que no suceda. Insisto en que es un terrorismo, en toda regla, que se ha asentado en la vida social, familiar, económica y actitudinal de la población de medio mundo. Nos han metido el miedo en el cuerpo de modo que, si el resultado fuera menos grave de lo previsto, habrá sido gracias a todas las medidas profilácticas que se han tomado y si muere hasta el apuntador los agoreros reforzarán sus posiciones y justificarán toda la alarma social que se ha creado.

La consecuencia del miedo es la paralización, es de libro. Se han anulado congresos, viajes de turismo, competiciones deportivas, desplazamientos profesionales, la bolsa y también la vida de muchas personas que están viendo truncados sus negocios o sus trabajos. Al final, el miedo no tiene límites; llega hasta el infinito y más allá de la debilidad humana. El virus del miedo penetra en la razón, enferma los afectos, que son nuestras mejores defensas y malea las emociones, preñándolas de peligro. Es el peor compañero de viaje que podemos tener y, sin embargo, muchos le invitamos a nuestra vida para que campe a su antojo y condicione la existencia con total impunidad.

La antítesis del miedo es el amor y el más beneficioso para la salud es el amor propio, el que debemos tenernos a nosotros mismos para sentirnos razonablemente bien en todos los aspectos de la vida: Salud física y mental, amor y afecto y los recursos necesarios para vivir sin angustias. Cuando nuestra mente está equilibrada y no tenemos ninguna afección grave (enfermedad de cuerpo o de exceso de edad) es difícil que ningún virus nos pueda afectar. Lo anterior constituye una barrera natural frente a cualquier contaminación; de hecho, los virus, acuden a los cuerpos más enfermos de carne y miedo. El miedo, por cierto, es corrosivo, provoca un sobreesfuerzo mental que va perforando todas nuestras defensas hasta que quedamos desnudos ante él y ahí es cuando más fuerte se hace, gracias a nuestra debilidad.

Le puedo asegurar que no beberé un caldo cultivado de coronavirus, pero tampoco voy a permitir que el terror altere mi vida y esto creo que es el mejor antídoto contra su posible incidencia. Estoy convencido de que no me va a afectar y si lo hiciera saldré adelante, será como una gripe cualquiera; tengo claro que el grado de afectación no va a depender del virus, sino que dependerá de mi, única y exclusivamente de mi.

Quiero terminar con una frase que, especialmente, me encanta: “El miedo llamó a la puerta, la confianza abrió: No había nadie”. Si confías en tí, en tu propia existencia, es difícil que haya virus alguno que descargue las baterías con las que has sido programado para poder vivir. No nos dejemos envenenar  (la palabra virus significa veneno) por el miedo; en ese caso pasaremos a estar en sus manos y perderemos el control de nuestra existencia. ¿Miedo o salud? Ese es el dilema.

lamadriddiario@gmail.com

2 respuestas a “Miedo en el cuerpo

  1. “Cuando nuestra mente está equilibrada y no tenemos ninguna afección grave (enfermedad de cuerpo o de exceso de edad) es difícil que ningún virus nos pueda afectar.”
    Perdona Antonio, pero el problema no es ese. Quieras o no, si te expones, el virus te va a infectar. Y aunque lo más probable es que lo pases “como una gripe cualquiera” puede que ese no sea el caso para tu padre o madre ancianos, o para un cónyuge con enfermedad crónica, los cuales pueden morir tratando de defenderse del virus.
    Si aun les queda el recurso de una unidad de cuidados intensivos para ayudarles a respirar (si desarrollan una neumonía bilateral, por ejemplo) puede ser que no haya una disponible si todos los que nos vamos a infectar (que seremos muchos) lo hacemos a la vez, en el rango de 2 o 3 semanas.
    Así que mejor cuidarnos, para no ser vectores de la enfermedad y muerte de seres queridos más débiles. No es miedo. Si extremamos las medidas, y nos contaminamos en, digamos 2 o 3 meses, no colapsaran los servicios de salud y cuidados intensivos. Y todos aquellos más débiles que tengan la desgracia de padecer el contagio en su forma más agresiva podrán beneficiarse de los sistemas de salud para ayudarles en su lucha.
    Piénsalo, y si está de acuerdo, difundelo. Un abrazo

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    1. Es cierto que estando en donde estamos, ante la más mínima duda, debemos quedarnos en casa, aislarnos y ser muy cuidadosos con nuestra higiene, aunque sólo sea con solidaridad con los demás y con los más desfavorecidos. Ni una brizna de duda en eso. Lo que sí dudo es en el modo en que todo se ha ido de las manos, en todos los sentidos.
      Humanamente me siento obligado por compromiso social y por solidaridad pero eso no impide mi sentido crítico en pensar qué es lo que nos ha llevado hasta donde estamos y esa era, en definitiva, mi reflexión.
      Aprovecho, cómo no, para agradecer, muy de veras, tus palabras y reflexiones.
      Muchas gracias

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