Dar cera; pulir cera

dar cera

Seguro que recuerda esa expresión de la película Karate Kid, de John G. Aviidsen y protagonizada por Ralph Macchio en el papel de Daniel Larusso, cuando a Daniel le enseña el arte-deporte del kárate su vecino Miyagi (Pat Morita). En los primeros compases el aprendiz no entiende qué es lo que le está pidiendo que haga su maestro; no comprende cómo es que no le enseña a pelear y a batirse con otros desde el primer momento en que decide enseñarle. Es más le pide insistentemente que ejecute lo que sus palabras dicen: dar cera; pulir cera. Daniel no sabe que lo que está haciendo su maestro es la base de lo que pretende conseguir con él: que llegue a ser un gran campeón y que sepa enfrentarse con los peligros de la vida que está representado por los matones que simbolizan el miedo al más fuerte, a la dificultad de triunfar en medio de multitud de “razones” que se empeñan en decirnos que no vamos a ser capaces de salir adelante.

En estos días estoy terminando mi tarea, siempre interesante y estimulante, de formar y capacitar a un grupo de personas para que puedan llegar a ser dueños de su propio destino como profesionales y/o emprendedores – empresarios y sacar adelante lo mejor de sus capacidades en beneficio de lo que mejor son capaces de hacer. Este grupo de futuros profesionales están aprendiendo (ya casi las han aprendido) estas herramientas básicas de gestión en un certificado de profesionalidad impartido en base a las especiales características de cada uno de ellos. Todo el mérito de sus éxitos, que serán muchos, se deberá a ellos mismos y, en mi caso, lo que habré aportado serán ideas, modos de hacer, actitudes, pequeñas provocaciones, enseñanzas, experiencias y motivación, mucha motivación y que todo ello combina lo que se pretende aportar: Formación para alcanzar los objetivos que cada uno esté dispuesto a conseguir con lucha y esfuerzo.

Con la formación de largo recorrido, muchas veces, sucede lo que hemos visto en Karate Kid, que los primeros compases de quien aprende son difíciles de asimilar, de entender o de aceptar. Los miedos, las zonas de confort, la repetición de “lo de siempre” y las resistencias al cambio nos impiden prescindir de los viejos conocimientos, paso indispensable para que las nuevas ideas se asienten allí donde antes permanecía lo que no era capaz de funcionar.

Como formador, desde hace más de 25 años, he visto, sentido y conocido a muchas personas que han escuchado mis torpes palabras, ideas, sugerencias e indicaciones y he de decir que este grupo de alumnos con el que ahora termino me han hecho sentir un poco mejor como persona, como formador y como profesional que trata de conseguir que otros mejoren y superen lo que uno mismo puede llegar a ser. En toda actividad formativa es igualmente importante la calidad del formador (no soy quien para valorarme) y la del formado, ambos han de ir de la mano para que el resultado del trabajo de ambos sea el que todos queremos.

Desde aquí quiero expresar mi agradecimiento a todos ellos. Feliz trayecto hasta el logro de vuestros objetivos.  Buen viaje. Muchas gracias.

lamadriddiario@gmail.com

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