El Rey de la baraja

El Rey

A estas alturas de partido y habiendo sido plenamente consciente de todo el reinado del cabeza de nuestra Real familia manifiesto mi firme adhesión a la persona que más ha influido en el destino de nuestra casa común que es España. Don Juan Carlos, primero de España y segundo de sí mismo, ha sido un excelente rey, perfectamente adecuado a los tiempos que le ha tocado vivir y un ejemplo en el que invito a todos a mirarse para, cotejando el resultado, poder medir su valía.

Es fácil, demasiado fácil juzgarle por sus supuestos devaneos, por la caza de elefantes o por sus yernos. Si hablamos de eso también debemos recordar su valentía al liderar la transición de un país, que en parte gracias a él pasó del blanco y negro al color o su determinación democrática en los momentos más críticos de nuestro rumbo como nación librepensada, por no hablar de todos los negocios que ha sabido representar y lograr para nuestras empresas patrias. Si alguien pretende recordar en su persona lo mediocre es que no quiere o no sabe ver la historia de España de los últimos cuarenta años. ¿Alguien considera que diez presidentes de república habrían hecho mejor papel que nuestro monarca recién abdicado? Tomemos la media de nuestros políticos en estos mismos años y pensemos en cuál habría sido la alternativa.

También se puede achacar a la monarquía el gran coste de su existencia. Creo que tocamos a poco más de un euro por español y año, cifra aproximada al coste del papel de envoltura del chocolate del loro (aunque para muchos es el chocolate del oro); no nos cuesta tantos “reales”. Cualquier otro tipo de institución representativa del Estado tendría un coste similar, con la única diferencia de que cada cuatro años podríamos echar al candidato que no supo llegar a la altura real.

En estos días lo que veo es que en estos casi cuarenta años hemos amortizado (no hay más que ver su acelerado envejecimiento) un buen Rey que ha sido capaz de jugar la partida de su reinado con una baraja de cuatro reyes, uno para cada momento y situación.

Hemos tenido un rey de espadas que en los idus de febrero supo parar una guerra de sables que nos habría retrotraído en el tiempo a épocas que nunca debemos volver a permitirnos. Fue firme y cortante cuando las circunstancias lo requirieron. También ha sido rey de dar abasto con todas las tareas que su cargo (no deja de ser un desempeño como otro cualquiera, a cada uno nos toca el nuestro) le han exigido: ceremonias, duelos, recepciones, premios, actos militares, actos de gobierno, etc. Cómo no, hemos tenido un rey de copas, de relación social, también de disfrute para él (¿o es que pensamos que por el hecho de ser Rey no es persona que deba divertirse y tener momentos de ocio, reales, pero de ocio?). Uno de los rasgos más destacables de su carácter es el de ser campechano y es cierto que ha sido capaz de ponerse a la altura de cualquier tipo de circunstancia, ciudadano, cargo o dignatario. Finalmente y no menos importante, ha sido rey de oros representando los intereses de las empresas y el trabajo español, sobre todo en el mundo árabe, próspero y reluciente como los chorros del oro.

Tan sólo puedo y quiero desear larga vida al que ha sido nuestro rey, recibir con esperanza e ilusión al futuro regidor y, respetando las opiniones de todos, con algunos arreglos de chapa y pintura en la realeza, ojalá que Felipe VI nos depare otros cuarenta años de paz y prosperidad.

lamadriddiario@gmail.com

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